24 de agosto de 2013

Cu Chi tunnels


El día anterior preguntamos en recepción por cuánto salía la salida a los túneles. Nos dijeron que 20 dólares por cabeza y que estaríamos de vuelta sobre las 2-3 del medio día.
Por supuesto le preguntamos por la visita de rigor a algún sitio para comprar cosas y fueron sinceros comentando que se realizaría una parada de unos 20 minutos en un taller de arte gráfico con fines benéficos.
Mientras paseamos por el centro, preguntamos en alguna agencia y todas más o menos tenían el mismo tour, algunas algo más barato pero con visitas quizás menos constructivas. También estudiamos la posibilidad de contratar un conductor pero haciendo cuentas salía algo peor, así que tragamos de nuevo y dejamos que otros nos hicieran el trabajo sucio. No le dimos muchas vueltas, no obstante, no deja de ser un sitio muy de “guiri”.

Nos tocó un grupo de australianos muy salados ellos y un guía que cumplió su función, informar, ser amable, servicial y de vez en cuando algún chistecillo, aunque éste pedía más colaboración del personal con alguna pregunta al aire que el que tuvimos en Bangkok.
Parece que ahora el formato de guía es rollo monologuista. En fin.

La visita fue la programada, 20 minutos en un garito donde se trabajaban cuadros, figuras y demás elementos de decoración. La verdad es que al ver a esa gente trabajando allí en esos talleres un poco ruinosos no me dio muy buen rollo, a pesar de que un enorme sello de la fundación (rollo la Once aquí) se supone que financiaba el lugar y ofrecía una oportunidad laboral a aquella gente, el sitio pues parecía un poco esos típicos almacenes donde un montón de asiáticos se agolpan detrás de las máquinas de coser en talleres ilegales. Ojo, que la mayoría de los sitios que se ven por las calles donde trabajan resultan parecidos, así que quizás eso sea lo normal...pero creo que la línea que separa cierta explotación de lo que es oportunidad laboral estaba ahí ahí...

Y llegamos a Cu Chi, en total el trayecto ronda la hora, pero es más por el horrible tráfico de Ho Chi Minh que por la distancia en sí. Allí nuestro guía nos fue acompañando por las distintas secciones del lugar, de nuevo en mitad de una selva, rodeados por árboles, bambú y caminos que se perdían por todos lados. La verdad es que el sitio respeta bastante el entorno y no tienes sensación de que aquello sea muy artificial, dentro de lo que cabe, ya que también tienen muñequitos representando escenas que resultan algo ridículos. Casi tan casposo como un vídeo que te muestran al principio, del año catapum y donde te hacen un resumen como si de un NODO se tratase.

La visita continuó con las distintas trampas que el vietcong utilizaba para cazar al enemigo, todas ellas de una brutalidad bastante potente, no se iban con hostias los amigos.
Siguiendo la ruta, vimos zonas donde todavía estaba el cráter de impactos de bombas, algún tanque derribado y las famosas trampillas donde se metían para esconderse y sorprender a los malos. Eli y yo nos metimos, por supuesto.


A continuación llegamos a una zona donde puedes disparar munición real de distintas armas, en función de su potencia te cobran más o menos, lo normal es tirar con una Ak47 y te soplan 1 dólar por bala, con un mínimo de 10.
No es que me apasione disparar ninguna arma, pero ya que estábamos pillé a un chinito y le ofrecí tirar a medias esas 10 balas.
Así que nos fuimos a la zona de tiro e hicimos el paripé de pegar 5 tiros cada uno (hay que ponerse cascos antes de entrar, porque te deja sordo el pepino).

Finalmente llegamos a la famosa zona de los túneles, donde te dan la posibilidad de recorrer un circuito de 50 metros en total bajo tierra con posibilidad, eso sí, de salirse cada X metros y agrandados un poco para el turisteo.

La verdad es que la experiencia es una pasada, aunque de 20 únicamente acabamos 5 el recorrido y ciertamente hay un par de sectores donde los nervios pueden traicionarte, ya que hay que bajar un par de niveles y uno de los pasos se ha poner uno a rastras, ya que en cuclillas no es posible pasar. Los últimos metros son durillos ya que además se reduce un poco el tamaño del túnel. Resulta increible como ellos salen frescos, claro que el mamón no iba con una mochila llena de objetivos, una cámara en la mano y encima le sacábamos dos cabezas.

Tras reponernos con un té y patata hervida servida junto a azúcar y especias pusimos punto y final a la visita, regresando en bus a la ciudad.

Aunque pueda parecer una atracción muy de turista, y lo es, creo personalmente que es entretenida y merece la pena dejarse medio día en visitarla. Los detalles de su historia resultan de fácil acceso en cualquier web e incluso se pueden ver fotos de las trampas, de los túneles, etc.
Pero las dos o tres actividades en las que te dejan interactuar son muy curiosas y divertidas, con lo que al final lo que te llevas es una experiencia que probablemente no realices en ningún otro lugar, además de experimentar en tus propias carnes un poco lo que aquello supuso. Así que personalmente yo recomiendo dejarse caer por allí.

Ya en Ho Chi Minh, directamente continuamos con nuestra ruta donde la dejamos el día anterior, por la zona de la Ópera, donde se agolpan edificios de estilo colonial, jardines y tiendas más pijeras. Por cierto, Steve Jobs no debió haber visitado nunca esta ciudad, porque yo creo que se habría querellado hasta con el gato. En cada calle es posible ver hasta 4 o 5 tiendas con el logo de Apple, algunas incluso con el logotipo aquél que sustituía el mordisco por el perfil de Jobs cuando pereció. De friki. Logos de manzanas doradas, rojas, de neón...de 4 a 5 tiendas en TODAS las calles, brutal.

Para terminar el día, nos acercamos al rascacielos más alto de la ciudad, el Financial Tower, en el que por 200.000 dongs puedes visitar la planta 49 y disfrutar de panorámicas de toda la ciudad. Así que subimos y vimos el atardecer desde el lugar. Las vistas fantásticas, pero los cristales estaban un poco guarrunos, con lo que con los últimos rayos de luz las fotos salían con el filtro de “Cuéntame”.
Ya que estábamos nos tomamos una birra en el bar que queda justo una planta por encima, subiendo unas escales desde la misma 49. Unos 100.000 dongs, carísima, pero claro, en un sitio así tampoco vas a esperar 2x1. El desembolso nos sirvió para ver anochecer y disfrutar del espectáculo de luces sobre la ciudad.

Ho Chi Minh definitivamente nos ha encantado, tiene un toque caótico algo más acusado que el visto en Bangkok (y ya es decir), aquí notas que la gente no está al 100% acostumbrada al turismo y hay cierta inocencia en el trato que la hace entrañable. Trato que es tremendamente educado en cualquier establecimiento en el que te metas, por cierto, con lo que inevitablemente uno sale encantado de cualquier lugar que visite.

Mañana volaremos a Hanoi para por la tarde pillar un tren nocturno que nos llevará a Sapa, seguimos para Bingo.


Un saludo!

4 comentarios:

  1. Disparar con una AK... Diste en el blanco alguna vez???

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  2. Disparar con una AK... Diste en el blanco alguna vez???

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  3. Por supuesto, dije, voy a darle a aquél trozo de tierra, y le di. De las botellas es que pasaba...

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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