31 de diciembre de 2017

Feliç 2018!

Decía un proverbio chino que "si el problema tiene solución para qué preocuparse y si no la tiene para qué preocuparse", me encanta esta puta frase, la uso bastante junto a "antes de negar con la cabeza asegúrate de que la llevas", de Truman Capote, aunque le pega más a Chuck Norris y "en el caos busca la simplicidad y en la discordia la armonía", del eterno Bruce Lee.

Todas ellas son bastante aplicables para el año que hemos pasado, que menudo año, sobre todo para los que vivimos al norte del muro...
Aquí han llovido hostias como panes, hemos condecorado a Ferreras y a la Pastor como hijos adoptivos de Cataluña y hasta hemos tenido un ataque terrorista.

Oigan, a mí todo esto me viene grande, yo no soy político, ni un William Wallace, ni quiero serlo...pero si sé que cuando mi madre me daba un guantazo era porque se habían acabado las opciones discutibles, y eso siempre es un fracaso.

A todo esto, ha sido un año laboralmente agotador, a pesar de por fin tener vacaciones tras 2 años, pero al no salir fuera salvo un par o tres de escapadas (grande la Provenza! y MUY cara Ginebra!!) sigo sin asilvestrarme en verano como desearía...pero ya llegará ya...

En cuanto a cine y series, diré Twin Peaks y Star Wars VIII, nada más que añadir Su Señoría.

Pórtense bien, y disfruten a tope de este 2018.



Un saludo.

16 de diciembre de 2017

Star Wars Los Últimos Jedi

33 minutos es el maravilloso primer capítulo (tras los 2 pilotos) de Battlestar Galactica 2003, aquel en el que Adama sufre el asedio de los cylons sobre su flota y que lleva al límite su capacidad táctica para evitar la aniquilación del último bastión humano.


Los Últimos Jedi recuerdan en parte este asedio, ya que la Primera Orden asfixia poco a poco a nuestra querida Flota Rebelde mientras en un punto remoto de una galaxia muy muy lejana se intenta convencer a la única persona que puede devolver el equilibrio al universo.

Rian Johnson toma el relevo de JJ Abrams tras la magnífica El Despertar de la Fuerza para darnos toda una bofetada a las seguidores de la saga poniendo patas arriba el universo conocido, "rompiendo" ciertas reglas y presentando su particular visión de la Fuerza, una visión que puede resultar todo un shock como cuando un crío descubre ciertas revelaciones que siempre había creído como reales.

Por ponernos en situación, la historia continua con Rey, que finalmente ha encontrado a Luke Skywalker tras su incesante búsqueda en el episodio anterior y cuya meta es que se una a la lucha rebelde para acabar con la Primera Orden.

Únicamente son necesarios unos minutos para saber que esto no va a ir como esperábamos, si bien es evidente que el mítico Skywalker no estaba oculto precisamente para que lo encontraran, la mística sobre objetos de culto y las historias legendarias que se creían ciertas son en cierta medida barridas de un plumazo para dar paso a nuevos misterios, dudas y obliga al espectador a poner los pies en la tierra para que entienda que no todo el monte es orégano.

Pero Johnson va más allá y se permite introducir elementos que se comunican con nuestra realidad, como el comercio de armas o el maltrato animal mientras nos muestra elementos que probablemente cobrarán protagonismo en un futuro, como esa parte del Casino, que puede descolocar a más de uno (a mí me resultó un poco floja) pero que como se ve al finalizar la cinta, tenía más importancia de lo que nos imaginábamos. De nuevo el director jugando con el espectador.


En cuanto a los personajes, Kylo Ren se quita la máscara (nunca mejor dicho) en este episodio para mostrar un registro más acorde con la naturaleza de este capítulo, mientras se forja una lucha titánica en su interior y que deja a Rey y al público con dudas hasta su clímax final, en el que de nuevo sorprende.
Mark Hamill como Luke nos regala probablemente su mejor actuación en la saga, cuya presencia es un arma de doble filo, pues cuando la acción se sitúa en otra parte del universo tu mente pide el regreso a la isla.
De igual forma Carrie Fisher ofrece un registro crepuscular, sabio, con alguna escena que también romperá los esquemas a más de uno, y con la épica inevitable en otros.

El abanico de seres que pululan van desde Laura Dern a Benicio del Toro, ambos a un muy buen nivel, que se complementan con el resto de personajes ya afianzados en la saga y que funcionan a la perfección, con un John Boyega como Finn más centrado en un carácter aventurero y cuya curva junto a Oscar Isaac es quizás la más predecible, aunque no deja de ser más que correcta y necesaria para determinados acontecimientos.

La factura técnica está fuera de toda duda, con unos efectos especiales de impacto, una fotografía que en ocasiones deja lienzos y una banda sonora que va como un tiro, aunque quizás con demasiadas partituras.

El episodio uve palo palo palo no dejará indiferente, ya se escuchan voces opinando que no es Star Wars, que es otra manera de estirar la saga, que no aprovecha sus personajes o que rompe quizás demasiado con su naturaleza.
Para mí es una apuesta arriesgada que revitaliza la saga, que nos educa en otro episodio de la fuerza que quizás no esperábamos y que ofrece la suficiente profundidad como para pensar sobre ella, digerirla y que cada uno encuentre su camino.

Un saludo.


13 de noviembre de 2017

A Ghost Story

Hemos visto a lo largo de la historia del cine infinidad de posibilidades a la hora de retratar ese universo sobrenatural que se supone nos rodea, lleno de espíritus, energía, almas en pena, cuentas pendientes y fantasmas errantes.


Un accidente de tráfico trunca la vida de una pareja cualquiera, él fallece, pero en lugar de atravesar el famoso túnel blanco, decide quedarse y regresar a casa.

David Lowery realiza un experimento contemplativo en el que pone a prueba nuestra resistencia a la hora de soportar kilos de dramatismo en forma de escenas cotidianas en las que se nos muestra cómo sobreviven nuestros seres queridos una vez hemos muerto mientras son observados desde ese plano sobrenatural sin poder hacer nada salvo algún poltergeist.

Sin grandes alardes técnicos, de hecho el atrezzo no puede ser más básico y clásico, una sábana con dos agujeros, se las arregla para construir una nueva forma de ver el ciclo "vital" que parecen soportar las almas que quedan atrapadas en nuestra dimensión, pasando distintas etapas y viendo cómo invaden ese lugar al que parecemos quedar arraigados una vez morimos y donde pequeños detalles que quedaron pendientes o vínculos con nuestros seres queridos se convierten en pura obsesión y la única razón de ser y existir en dicho universo.

La cinta, de corte muy, pero muy pausado, explora de forma interesante esta nueva visión del más allá construyendo primero unas bases emotivas sobre la pareja protagonista para que nos acompañe ese sentimiento de melancolía y nos toque la fibra con ese nexo roto por la desgracia y en la que prima la impotencia, el dolor y el tiempo.
Llegados a cierto punto, va más allá y realiza un atrevido "salto" para darle una dimensión algo más cuántica y compleja en la que se ofrece al debate más sesudo.

A Ghost Story es una original propuesta,  con una fotografía muy destacable por cierto, a la que quizás hay que abordar en un estado de ánimo más bien óptimo y a la que probablemente no guste si no se buscan ciertas sensaciones o puntos de vista diferentes.

Un saludo.

18 de octubre de 2017

Colossal

Colossal nos cuenta la historia de Gloria, una neoyorkina interpretada por Anne Hathaway que pierde su trabajo y novio y decide volver a su ciudad natal.
Allí se reencontrará con amigos de la infancia y con la noticia de que un gigantesto Kaiju (una suerte de Godzilla) siembra el pánico en Korea.


El cántabro desarrolla una relación algo looser entre Gloria y su amigo de la infancia Oscar mientras introduce esa situación excepcional al otro lado del mundo. Poco a poco los lazos entre ambos se estrecharán entre movidas auto destructivas hasta llegar a cierta revelación que desencadenará en el origen de este universo.

Vigalondo presenta un trabajo más comedido en su parte inicial que sus últimas creaciones, construyendo una base sólida y alejada de experimentos algo pajilleros como Open Windows o comedias a medio gas como Extraterrestre, a pesar Raúl Cimas.
No llega al nivel de satisfacción de los Cronocrímenes, pero sin duda Colossal parece volver un poco por esos derroteros, ofreciendo un resultado más que correcto con una idea bien plasmada junto a una buena dosis de efectos especiales muy bien resueltos.

Una vez llegados a su parte final, con alguna épica reminiscencia inspirada en productos como Godzilla o Pacific Rim, el sabor que deja es bueno, pero con cierta sensación de excesivo metraje y con una parte central algo cansina debido a la utilización de clichés que provocan gatillazo antes del buen clímax final.

En cualquier caso, Colossal es una interesante propuesta bien hilvanada, que proyecta problemas muy humanos a través del túnel de la fantasía.

Un saludo.

16 de octubre de 2017

Blade Runner 2049

El clásico neo noir dirigido por Ridley Scott en 1982 resurge de sus cenizas de la mano de uno de los directores más versátiles y mejor valorados en nuestros días, Denis Villeneuve, autor de obras como Priosioneros, Arrival o Incendies.


Han pasado 30 años desde que finalizó la historia del Blade Runner Rick Deckard, interpretado por el prolífico Harrison Ford, mientras huía con Rachel tras asistir a una de las escenas más emotivas y míticas de la historia del cine, aquella en la que un replicante se apagaba lentamente recitando melancólicas frases sobre recuerdos que iban a perderse como lágrimas en la lluvia.

Como si el espectador hubiese estado sumido en un sueño, la historia continua pasados todos estos años y nos presenta un mundo en formato gran angular en comparativa con su precuela, masificado y con esa neblina fría y gris, incluidos los característicos y gigantescos neones publicitarios bajo pequeñas reminiscencias que recuerdan a nuestro mundo.
En él siguen pululando mercaderes, buscavidas, borrachos, furcias y personajes de todo tipo que prolongan la ambientación de la cinta de Scott como si el tiempo no se hubiese detenido en este peculiar y distópico universo.

Tras una pequeña introducción sobre fondo negro en el que se nos relatan algunos acontecimientos destacables sucedidos durante este periodo, la escena inicial ya nos marca el terreno y define el tono general que nos acompañará durante los casi 170 minutazos que dura.
Es en este preciso momento en el que asistimos a una de las primeras novedades, los replicantes han sido perfeccionados por una nueva corporación que asumió el control del legado de la compañía Tyrell hasta tal nivel, que incluso sirven para cazar a otros de su “especie”.
Este hecho abrirá la puerta a una nueva dimensión filosófica en el universo de la obra de Phillip K. Dick que servirá para reconducir la historia y para justificar el retorno a esta decadente Los Ángeles de 2049.


Ryan Gosling es el encargado de llevar el peso del detective K, un replicante acondicionado para servir a la ley que se topa con un modelo antiguo en busca y captura que debe ser retirado.
A partir de este momento, comenzará a tejerse un puzzle en el que poco a poco se irán descubriendo pesquisas que llevarán al espectador a desgranar este ejercicio de filosofía humano-droide, en un plano evolutivo que va más allá de lo descubierto en la anterior cinta.

De este modo, la secuela recupera el tono de su predecesora, investigaciones con aire noir, las femme fatale, los contrabandistas de información y la acción seca y contundente, pero añade un estilo narrativo mejor hilvanado y reposado, resultando una historia bastante accesible pero a la vez rica en matices.
A todo ello se le suma su fantástica ambientación, respetando de forma casi insultante a la original e incluso evolucionando, con unos escenarios que a pesar de cierta repetición en alguna que otra ocasión, justificados en cierta medida por su carácter de cine noir, resultan abrumadores, enormes, desoladores, bellos, con un complejo minimalista y sobrio que no hace sino destacar esos pequeños detalles tan retros pero a la vez funcionales, como esas pantallas de escáner que son capaces de ver un número de serie microscópico pero que parecen sacadas de la época del Commodore.

Por otro lado, Villeneuve es consciente del peso que supone ofrecer al público unos personajes a la altura del clásico como el mítico Rutger Hauer, sin olvidar a Ford.
Para ello, decidió contar con Golsing, que sencillamente resulta ideal para el papel de Blade Runner. Implacable, frío, pero con ese punto de humanidad que no se le presupone pero que se le espera.
Junto a él, Ana de Armas como Joi acaba por regalarnos una de las relaciones digitales más emotivas de los últimos tiempos, ayudando de manera muy destacable en las distintas evoluciones del personaje de Gosling.
O Luv, una femme fatale replicante a la orden de la corporación Wallace que no puede retener las lágrimas cada vez que su core le obliga a realizar una acción que probablemente choca con su cautiva alma.
Todos ellos funcionan a la perfección y combinan de forma casi simbiótica con un universo decadente en el que se vislumbran destellos de moralidad y brutalidad por partes iguales.



En cuanto a su banda sonora, en esta ocasión no tenemos a Vangelis, pero cabe destacar que Zimmer y Benjamin Wallfisch han realizado un trabajo fantástico, sin llegar a ser tan épico como la original pero funcionando a la perfección y resultando atronador en alguna escena, como en esos vuelos sobre Los Angeles.

Todos estos detalles la convierten bajo mi punto de vista en una de las mejores y más dignas secuelas jamás rodadas, no exenta de fallos, pero creo que las virtudes eclipsan de manera destacable estos aspectos negativos.

Un saludo.

29 de septiembre de 2017

Green Room

La "Green Room" es la habitación donde los artistas esperan, se relajan o se establecen antes, durante y en ocasiones después de alguna actuación.

Esta sala será el epicentro de esta violenta historia que involucra a un grupo de chavales cuyo bolo musical en un garito de neonazis se complica más de la cuenta.


Jeremy Saulnier, tras la muy recomendable (y violenta) Blue Ruin, prueba suerte en el género del thriller de terror en el que un grupo de músicos deberá sobrevivir tras ser testigos de un asesinato.
Un reparto interesante, encabezados por el tristemente y recién fallecido Anton Yelchin y por Patrick Stewart, serán los encargados de conducir esta historia de violencia y tensión.

Tras ser reconocida en Sitges y escuchar comentarios muy positivos, debo reconocer que me esperaba algo más rompedor, y sinceramente, la cinta es correcta, pero no pasa de ahí.
Sencillamente porque no vemos nada que no hayamos visto antes, la historia no da de sí demasiado y, a pesar de estar rodada de forma bastante inteligente, no deja de ser un buen entretenimiento con cierta tensión pero cuya historia no llega a ser ni demasiado sórdida ni potente, quedando todo relegado a una serie de matones, unos tipos parapetados y algún que otro agujero de guión que no ayuda precisamente a que el resultado supere el aprobado.

Pequeño paso hacia atrás de Saulnier cuyo trabajo en Blue Ruin me pareció mucho más profundo, directo y sorprendente, aunque por lo menos sigue pareciéndome un buen director, quizás las expectativas estaban demasiado altas..

Un saludo.

Black Sails

Reconozco que el mundo de los piratas siempre me ha atraído, quizás la vertiente más onírica, porque la realidad histórica fue según los registros bastante más oscura y macabra de lo que lo pintan esos retratos tan amables, como en ocasiones sucede en esas cintas de samuráis o geishas donde todo se presenta como si de un cuento se tratase.

Ese mundo de pillaje, de aventuras, de forajidos y batallas navales, quizás emparentado con el propio western (en secano, claro), es un caldo de cultivo de historias que han ido forjando al fin y al cabo la idiosincrasia del ser humano, creando en ocasiones leyendas que perduran hasta nuestros días y maneras de quebrantar la ley de las formas más impunes.


Desde Robert Louis Stevenson, pasando por Tim Powers o Joseph Conrad, son muchos los escritores que han plasmado las aventuras y desventuras de personajes como John Silver o Chandagnac, siendo posteriormente adaptados a la pantalla en infinidad de versiones y por multitud de actores, desde Errol Flynn hasta Johnny Deep.
La última incursión en el cine del mundillo pirata nos vino de la mano de la exitosa saga Piratas del Caribe, aunque personalmente, creo que la última gran cinta de aventuras sobre la temática, en su vertiente más pura, fue La isla de las cabezas cortadas, toda una declaración de intenciones que lamentablemente fue un fracaso en taquilla.

En el mundo seriéfilo, han existido algunas incursiones, aunque en los últimos tiempos es cuando más han proliferado, como Crossbones de John Malkovich o Neverland, pero ha sido Black Sails la que ha aguantado el tirón hasta la actual tercera temporada, en la que se ha anunciado su final en la cuarta, cerrando, previsiblemente, la historia de forma satisfactoria sin estirar más de la cuenta este prólogo de lo que vendría a relatarse más tarde la obra de Stevenson, La Isla del Tesoro.

Black Sails arranca en Nassau, una suerte de puerto pirata donde no impera la ley después de que el mundo declarara a los piratas "hostis humani generis" (enemigos de toda la humanidad) tras sus continuos saqueos al comercio marítimo de la zona.
En esta pequeña ciudad se comercia con los botines obtenidos y se trafica información, cuya figura más visible es Eleanor Guthrie, hija del Gobernador y que se ha granjeado todo un emporio.

Así comienza este prólogo de lo que contará años más tarde la conocida obra literaria, entre personajes que irán forjando su historia y leyenda, mientras las tramas nos muestran desde ese día a día pirata hasta los motivos personales que empujan a estas personas a convertirse en parias de la sociedad, en alguna ocasión justificada y en otra debido sencillamente a la codicia más primaria del ser humano.
Es en esta profundidad de los personajes donde la serie creada por Jonathan E. Steinberg y Robert Levine brilla en conjunción con unas escenas de acción brillantemente ejecutadas que nos enseñan además algunos aspectos históricos que conectan con nuestros días a la hora de mostrar ese mundo corrupto que se ampara en ciertas leyes de dudosa justificación, dando forma a esa sociedad repudiada, esa familia que podría emparentarse con Yakuzas, Triadas, Camorra e incluso las bandas o clanes urbanos más contemporáneos.


Visualmente, Black Sails consigue un acabo fantástico para un producto destinado a la pequeña pantalla.
La puesta en escena es muy ambiciosa y la utilización de determinados espacios y localizaciones consiguen trasladarnos a esos peligroso mares caribeños de la edad dorada de la piratería, con un aspecto más amable de lo que realmente era pero respetando determinadas costumbres y mostrando cierta barbarie que suele pasar en ocasiones desapercibida en otros productos más comerciales.

Pero no todo reluce durante sus tres primeras temporadas, en ocasiones alguna trama se hace, en mi opinión, algo densa, como por ejemplo la trágica historia de Anne Bonny, y puede que algunos capítulos condensen demasiada paja dialéctica, pero por fortuna sabe remontar a tiempo y en la mayoría de episodios tenemos situaciones frenéticas o elementos lo suficientemente interesantes como para no perder el hilo y desengancharse.

El reparto de la serie, encabezado por Toby Stephens como James Flint, funciona a la perfección, con personajes como Charles Vane, Eleanor Guthrie, Jack Rackham o John Silver que tienen un magnetismo fantástico y que consiguen transmitir de forma notable desde la fiereza de Vane a la perspicacia de Rackham.

Black Sails contará con una cuarta y última temporada que cerrará el círculo y conectará, en principio, con la historia de Stevenson y por ende con los personajes de ficción en los que se basa.
Perfectamente podía haber terminado en su tercera, pero no está de más conocer algunos entresijos que acabarán por darle forma a esos personajes tan míticos como John Silver o el capitán Flint.

Por cierto, magnífico opening con el tema de Bear McCreary.

Un saludo.

Life

Life se suma a la extensa lista de títulos que rinden homenaje de una forma u otra a títulos míticos como Alien o La Cosa.

Daniel Espinosa, director sueco de origen chileno presenta un survival horror ambientado en el espacio, concretamente en la Estación Espacial Internacional, donde un grupo de científicos reciben unas muestras del suelo marciano con lo que aparentemente parece ser la primera forma de vida descubierta fuera de nuestro planeta.


Lo que en un principio parece ser el descubrimiento del siglo, pronto degenerará en una pesadilla como la vivida en los pasillos de la Nostromo.

El siempre solvente Jake Gillenhaal encabeza un interesante reparto en el que tenemos desde el risueño Deadpool hasta el solemne Hiroyuki Sanada, un buen grupo que lamentablemente deja la sensación de estar algo desaprovechado.
Y es que a pesar de los buenos momentos iniciales y de cierta tensión bien llevada, el regusto final es de otra monster movie, con alguna que otra idea interesante pero que queda muy dispersa sin llegar a destacar más allá de alguna conversación trivial referente al momento en el que se pueda encontrar vida extraterrestre y cómo afrontar dicha situación.

El problema degenera en una propuesta poco arriesgada que la va dejando cada vez mas expuesta por culpa de los clichés y de un guión no muy acertado, con lo que al final, a pesar de tener un cierre curioso, provoca cierta indiferencia.

No es Life una mala cinta, sin duda existen aberraciones mucho peores, pero podía haber ofrecido mucho más de todo, empezando por la gestión del alien, muy buena en su comienzo, pero casi de vergüenza ajena en algunos momentos, pasando por un uso de ese reparto mucho más potente e inspirado.

Un saludo.


2 de septiembre de 2017

Narcos

Aunque su uso se remonta al Antiguo Egipto, el primer gran conflicto internacional sobre el comercio de sustancias tóxicas arrancó con la Guerra del Opio, en la que Inglaterra se las vio con China por la distribución (y legalización) de la preciada sustancia.
Fue la propia China la que introdujo el opio en México, a partir de entonces, y debido a las bonanzas del clima para cultivar la planta, desencadenó en lo que hoy en día genera miles de millones de dólares por todo el mundo y ha provocado infinidad de muertes.

Narcos retrata este mundo del hampa y se centra en sus dos primeras temporadas en el ascenso al poder de uno de los cabecillas del cartel mexicano más famoso de todos los tiempos, Pablo Emilio Escobar Gaviria, en su Colombia natal allá por los años 80.


Esta suerte de biopic, narrado desde el punto de vista de un miembro de la DEA, arranca ofreciendo una visión desde los dos bandos. Por un lado está la realidad colombiana, en la que estos grupos de maleantes pretenden forrarse amparados por la creencia de sentirse los Robin Hood del pueblo, ofreciéndoles seguridad (o plomo) e incluso llegando a flirtear con la política mediante promesas de mejoras sociales, todo ello construido con dinero manchado de sangre.
En el otro bando tenemos la lucha desde distintos puntos de vista y situaciones que mantienen las fuerzas del orden por, en ocasiones atrapar, y en otras aprovecharse de la situación.

Estas facciones enriquecerán el universo de Narcos para ofrecernos desde intrigas políticas hasta los entresijos internos de estas organizaciones criminales, amparado en el marco histórico, pues la ficción se fusiona con la realidad con las debidas licencias televisivas.

Una vorágine de poder, brutalidad e impunidad en el que el miedo, enmascarado bajo una falsa protección por parte de estos delincuentes, se hace latente desde el Parlamento hasta la calle más sórdida de la Medellín de los 80, en la que la "paz" pende siempre de un hilo y va en concordancia de si se deja "trabajar" a los narcos o no mediante el puro chantaje.

Interesantísimo retrato de una época en la llama muchísimo la atención la serie de argucias utilizadas para saltarse el peso de la ley así como esa inocente y desbordada burocracia que provoca que el criminal vaya siempre un paso por delante, sin olvidar la profundidad a la que somete a sus personajes.

Uno de los biopics más brillantes llevados a la "pequeña" pantalla, con un inconmensurable Wagner Riveiro caracterizando de forma brutal a Escobar, y con una ambientación y factura técnica sobresaliente, aunque como comentaba antes, con ciertas licencias, algunas de ellas fuertemente criticadas por el descendiente del mismo narco, Juan Pablo Escobar, el cual ha desmitificado todo el glamour que Netflix impregna a la vida de Escobar indicando que ni de lejos vivían como cuentan, así como alguna que otra situación excesivamente ficticia.

Narcos cuenta ya con una segunda temporada, de nuevo en Netflix, que retrata la progresiva caída de "Don Pablo" ya envuelto de lleno en el narcoterrorismo y que continua a un altísimo nivel, mejorando incluso en algunos aspectos, sobre todo en cuanto a poderío visual.

Recientemente se ha comunicado que se espera una tercera y cuarta temporada, lo que degenerará ya no sólo en un biopic sobre Escobar, sino en un retrato completo del narcotráfico y sus distintas familias, así como su legado.

Un saludo.

7 de agosto de 2017

Dunkerque

Ambientada en 1940 en plena Segunda Guerra Mundial, el director de El caballero oscuro recrea un momento histórico sucedido en las playas de Dunkerque, Francia, durante la ocupación alemana del país galo.


Para más información, se puede recurrir a Wikipedia o páginas de historia donde se cuentan las vicisitudes de la contienda, y varias teorías que intentan arrojar cierta luz sobre los motivos que llevaron al ejército alemán a "permitir" lo ocurrido.

En esta ocasión, Nolan se aleja del cine fantástico para realizar un experimento sensorial más cercano al cine de Kubrick que al de los grandes Blockbusters, con un resultado desigual.

No hace mucho, el director comentaba que estuvo a punto de no utilizar guión para contar la historia, pues su idea principal es la de transmitir sensaciones a base de una sucesión de cañonazos en forma de frenesí audiovisual y no le acababa de ver el sentido a utilizar esas escuetas 76 páginas.
Esto se traduce en poco más de 100 minutos durante los cuales nos sentiremos desorientados, exhaustos, acobardados, furiosos...
Lo primero que llama la atención en este tipo de cintas bélicas es su duración, pero es que bajo mi punto de vista, soportar mucho más al ritmo que imprime el director y su compositor puede resultar hasta perjudicial.

Y aquí entramos en los puntos negros de la cinta, su experimento puede ser aplaudido por unos y sencillamente agobiante para otros.

Dunkerque no sigue un hilo argumental 100% lineal, en esta ocasión se emplean distintas elipsis para mostrar un suceso desde varios puntos de vista; un pequeño pesquero, un aviador, la infantería en tierra...todo ello levemente salpicado por alguna explicación fugaz de los mandos militares que nos ponen en situación.
A partir de aquí construye una serie de sucesos que reflejan las distintas emociones que sintieron los protagonistas, desde hundimientos, muertes, bombardeos, suicidios...

Pero todo ello se muestra con un ritmo tremendamente cansino, repetitivo, machacón y ciertamente frío, quizás a propósito, pero que únicamente pide a gritos terminar para que el bueno de Hans Zimmer deje de acuchillar vinilos y de atormentarnos más con el sonido que con lo que vemos, porque lo que se ve, a pesar del horror que supuso, no sorprende ni transmite apenas nada sin ese martilleo sonoro.
Esto no quita, en cualquier caso, que el trabajo realizado en lo relativo a efectos sonoros sea sencillamente abrumador.

Y finalmente se llega a esos 15 últimos minutos donde converge la historia para mostrar alguna que (más que probable) licencia histórica mientras florece la poca emotividad que el director ha querido liberar para el espectador.

Un saludo.



18 de junio de 2017

Twin Peaks

"It is happening again" 
"Está sucediendo de nuevo"

Así avisaba el gigante interpretado por Carel Struycken al agente especial Cooper de que la tragedia se cernía de nuevo sobre Twin Peaks tras la muerte de Laura Palmer mediante una de aquellas visiones oníricas.
Es uno de los cientos de mensajes que la serie dejaba grabado en el subconsciente colectivo a principios de los 90. Pero había otro, uno al que la propia Palmer hacía referencia en un par de ocasiones si no recuerdo mal; "Volveremos a vernos en 25 años".

Han pasado esos 25 años y la serie vuelve con una tercera temporada dirigida íntegramente esta vez por David Lynch, de la que nadie sabe qué quiere contar ni hacia dónde quiere ir, más allá de querer cerrar la historia, entre otras cosas porque con el bueno de Lynch resulta imposible de discernir.


Para aquellos que no conozcan de qué va todo esto, Twin Peaks supuso toda una revolución en los 90, no sólo por la historia en sí que contaba, fuera de la linealidad a la que se tenía acostumbrado al espectador, sino que también resultaba tremendamente enigmática, perturbadora, onírica, cómica...
Jugó con las pesadillas de la audiencia en gran parte de sus episodios para ofrecer un producto único.

Aquella historia no estuvo exenta de problemas, por supuesto. Se conoce que Lynch fue obligado a contar quién mató a Laura Palmer en los comienzos de la segunda temporada en contra de su voluntad para posteriormente abandonar la serie a la suerte de otros directores/guionistas que no supieron levantar el vuelo.
No fue hasta los últimos episodios, con la vuelta de Lynch, que la historia volvió a mostrar elementos diferenciadores, pero ya era demasiado tarde y la audiencia no acompañó, provocando la cancelación de la misma.

A pesar de este final, el producto no quedó en el olvido ni mucho menos, entró en el Olimpo de las series de culto y marcó a toda una generación, con la consiguiente renovación de los estándares de la industria y con los beneficios culturales que aportan estos movimientos.

La primera temporada arrancaba con la muerte de una joven local llamada Laura Palmer.
La llegada de un agente del FBI da el pistoletazo de una investigación en la que hay más misterios de los que parecen, incluso algunos coquetearán con ciertos elementos sobrenaturales, principalmente los que suceden en las visiones del agente Cooper y en esa extraña habitación roja en la que un enano danzarín habla de forma extraña, entre otros cosas porque decían sus diálogos del revés y posteriormente eran reproducidos a la inversa. Cosas del inigualable Lynch.

Unos habitantes muy singulares, una banda sonora fantástica de la mano de Angelo Badalamenti y el talento del director de Montana hicieron el resto.


La segunda temporada arrancó un año después en la que por un lado quisieron exprimir la gallina de los huevos de oro y en la que el director tuvo presiones para contar el desenlace del asesinato.
Esto, tal y como comentaba antes, provocó fisuras en las relaciones y la serie cayó en picado, introduciendo tramas de muy poco interés, algunas queriendo seguir esa locura del sello de Lynch pero acabando en hilos que rozaban el ridículo, únicamente salvadas por la profundidad y empatía que habían conseguido algunos personajes y con los que la audiencia se sentía a gusto.
Se puede decir que la serie aguantaba de forma correcta durante los primeros 7 episodios y en los que conviene desaparecer hasta los últimos 6/7.

Tras 22 episodios de esta segunda tanda, la serie acabó, dejando un final con muchas posibilidades y tramas no cerradas o claras, entrando de lleno en un terreno sobrenatural donde se mezclaba desde conjunciones astrales hasta posesiones.
La semilla del amplio terreno que ofrece el mundo de los sueños estaba plantada, han pasado 25 años y tal y como vaticinó, Twin Peaks resurge de sus cenizas para intentar volver a impactar en el espectador.
Para mí el simple hecho de tener los huevazos de plantar un mensaje hace casi 3 décadas y cumplirlo es ya un logro, y vistos los 3 primeros episodios de la tercera temporada, se puede decir que tenemos Lynch para rato, porque la ida de olla es ya de proporciones bíblicas, con el añadido de recuperar esos personajes pasados tantos años con los que tenemos esa conexión especial y que añade ese componente entrañable.
Por cierto, una de las mayores alegrías es volver a ver al director ejerciendo de Gordon de nuevo, de los personajes con los que más me he reído en la pequeña pantalla sin duda. Y no ha perdido "fuerza" a pesar de llevar sonotone.


Antes de cerrar este especial sobre la serie, recomendar encarecidamente volver a ver esas dos primeras temporadas antes de abarcar la tercera, o como mínimo leer algún especial para ir preparado.
Si ya de por sí es algo complejo el universo creado, es prácticamente imposible entender nada sin tener reciente los acontecimientos que sucedieron por aquel entonces.

Un saludo.

16 de mayo de 2017

Alien Covenant

Ridley Scott continua con su cruzada por expandir todavía más si cabe el universo de la saga Alien, en una nueva entrega que es continuación directa de Prometheus, estrenada en 2012.


Si ya en su día aquella generó todo un movimiento de amor-odio, algo así como Batman v Superman, esta es de esperar que provoque bilis en cantidades industriales, dado que vuelve por sus fueros en algunos aspectos.

De nuevo tenemos una suerte de expedición que busca colonizar un lejano planeta transportando miles de embriones y colonos para repoblar el nuevo hogar.
En su camino, la nave Covenant se desviará de su trayectoria para interceptar una señal aparentemente humana en un planeta cuyos requisitos para albergar vida son incluso mejores que el de su destino final.

Esto será el pistoletazo inicial para que el bueno de Scott se recree un poquito más en los inicios del xenomorfo y de cómo llegó a convertirse en ese "perfecto" organismo.

Prometheus ahondó en algunos aspectos de Alien que a mí me parecieron interesantes, sobre todo gracias al buen papel de Fassbender como el androide David, además de con todas esas pequeñas referencias filosóficas sobre la creación y las cuestiones tales como el de "dónde venimos", etc.
Dejaba en el aire muchas preguntas (probablemente gracias al sello Lindelof) y resultaba entretenida, a pesar de los errores que tenía, sobre todo en cuanto a determinados momentos y situaciones que no estaban nada bien llevadas, a pesar de que la "cazurrería" humana viene de lejos impresa en la saga.
En cualquier caso, creo que funcionaba, además de tener una factura técnica cojonuda y una escena en el laboratorio acojonante.

En esta Covenant se vuelve a mostrar algo más sobre la historia, pero el resultado final es como si se tratara del episodio 5 de 10 de una serie, una travesía en la que además el director no se ha molestado en ser más fino con algunos detalles.
Es un escalón más en la megalomanía del universo droide que por momentos parece emparentado con Blade Runner, pero que se pierde en un discurso algo redundante del que ya teníamos constancia en Prometheus.

Técnicamente vuelve a ser muy potente, aunque las escenas de acción en ocasiones se pasan de vuelta, en especial en la parte final, en la que no sabemos si son personas o los Vengadores.

No se puede decir que sea una cinta pésima, incluso puede que sea el prólogo de una especie de Aliens el regreso que conecte finalmente con el octavo pasajero, pero desde luego tiene detalles que si bien en Prometheus quedaban más o menos bien cubiertos, en esta quedan expuestos por no arriesgar en casi nada, más allá de la sordidez y la brutalidad de alguna escena.

Un saludo.

5 de mayo de 2017

The Ecstasy of Gold


To Ricky

Fotografía: Fran Martínez
Localizaciones: Ponta Delgada (Azores - Portugal) - Estambul (Turquía) - Siem Reap (Camboya)

The Ecstasy of Gold - Ennio Morricone (BSO El bueno, el feo y el malo)

27 de marzo de 2017

Logan

Hugh Jackman se despide de Lobezno tras 6 cintas y algún cameo interpretando a uno de los personajes más emblemáticos de Marvel.


Parece que fue ayer, pero hace casi 18 años desde que vimos por primera vez en los cines aquella bestia atormentada que se unía a los X-Men de Bryan Singer y que se convirtió en una de las caracterizaciones del cómic más acertadas llevadas a la gran pantalla.
Esa mezcla de brutalidad desatada, humor ácido y mala leche formaban una combinación formidable junto al rostro de Jackman, sobre todo cuando llegaban esos momentos en los que la pura rabia emergía a través de las garras de adamantium para desgarrar todo bicho viviente que se pusiera delante cuando un compañero, ese amor imposible, su vida o la propia humanidad se encontraba en peligro.

Lobezno se ganó el podio a la fuerza y es por ello que su importancia creció hasta llegar a tener esta trilogía basada en su personaje, aunque no ha sido hasta esta última Logan, cuando por fin se le ha dado la historia que merecía.

Oculto en la frontera entre Estados Unidos y México, Logan cuida a un deteriorado Charles Xavier cuya inestabilidad mental debe ser controlada a base de fármacos.
Ambientada en un futuro nada halagüeño para los mutantes, estando éstos casi extintos y donde ya ni si quiera nacen, el último superviviente de los X-Men deberá salir de su letargo para atravesar el país y poner a salvo a una prometedora chiquilla.

James Mangold no descubre la rueda con esta tercera entrega del universo Wolverine.
Su latemotiv es bastante simple, su devenir es en cierta medida predecible, no resulta acertada en algunos planteamientos, es incluso torpe a la hora de contarnos ciertas partes, como ese "documental" grabado impunemente en un iphone...

Pero una vez superados estos ataques de toxicidad, el caso es que sin darnos cuenta llevamos la mitad de la cinta y estamos embelesados por todos los conceptos del universo mutante que trata de forma crepuscular, mientras la figura de Lobezno brilla cada vez más en su agotador viaje, luchando ya no sólo con esa vida de tormento de la que no puede escapar, ni quiere, porque todo cuanto amaba se ha ido, sino también contra un veneno que le consume inexorablemente.
Pero no sólo asistimos a la caída del anti-héroe, también tenemos los ecos de una época desaparecida, de un mundo en el que han ganado los humanos y donde una mente maravillosa se debate entre calmantes para poder controlarse y no acabar en genocidio.
Hablo del veterano Patrick Stewart, cuyo papel como el mítico profesor Xavier nos depara algunos de los momentos más emotivos, tristes e incluso humorísticos de la cinta, en lo que según él es su última aparición en el universo mutante.

Y finalmente llegamos al pequeño elemento que debe despertar a la bestia.
La jóven Dafne Keen (española-británica, por cierto) consigue comerse la pantalla y funciona a la perfección como tándem junto a StewartJackman, por lo menos mientras no dice "ni mu" (igual en VO mejora la cosa), regalándonos algunas escenas brutales y ciertos momentos que nos dejan el corazón en un puño.

Logan es sin duda la cinta que el personaje se merecía, no es ni mucho menos perfecta, y podemos hacer sangre en más de una ocasión, pero resulta valiente en muchos aspectos y lo suficientemente emotiva y épica como para dejar muy buen sabor de boca y cerrar de forma más que digna la trilogía de uno de los mutantes más queridos.

Un saludo.






16 de marzo de 2017

Alien

Corría un 25 de mayo de 1979, a pocos meses del nacimiento del que escribe, cuando llegaba a las salas estadounidenses "otra" historia de terror con la ciencia ficción como telón de fondo.
Contaba la historia de una tripulación que parecía toparse con un ente extraterrestre en el espacio profundo.

La leyenda detrás de la grabación del retoño del director Ridley Scott es en mayor o menor medida conocida en el mundo cinéfilo, pero gusta regresar a ella de vez en cuando para, además de chochear un poco, recordarnos y entender las vicisitudes que provocan que algo se pueda convertir en leyenda.


Scott es retratado en Alien como una suerte de tirano, les hacía repetir infinidad de veces las tomas, apenas trataba con los actores que lo perseguían continuamente esperando alguna indicación.
A Yaphet Kotto, el mítico Parker que pedía más equidad en los emolumentos junto a su compañero Brett, directamente lo evitaba para no tener que escuchar sus ideas sobre el personaje.
Jamás estaba conforme a las primeras de cambio con lo que se le ofrecía, un hater de los setenta en toda regla. 
Jerry Goldsmith, compositor de la banda sonora, acabó hasta el gorro de él cuando el director mandó a la basura todo su trabajo inicial. Como resultado, forzó al compositor a crear la banda sonora enigmática que todos conocemos, reconocida mundialmente y de postre unos créditos finales con un tema no compuesto por Goldsmith. Muerte y destrucción. 
A pesar de todo, esas 4 notas que se van apagando y titilan en el espacio creando la atmósfera alien quedaron grabadas en el adn del espectador.
El presupuesto inicial de 4 millones pasaron a casi 12, y aun así el director pedía más y tuvo que dejar en el tintero muchas escenas que hubieran cambiado por ejemplo algunas muertes, como la de Lambert, cuyo final original hubiera sido expulsada al espacio exterior por una fisura en el casco de la Nostromo mientras intentaban cazar a la criatura.
Hasta hubo cambios de actores ya en el rodaje, como el actor que interpretó finalmente a Kane, John Hurt, cuyo rol comenzó el británico John Finch hasta que un ataque de diabetes lo dejó fuera del proyecto.

Todas estas calamidades quizás fueron las que forjaron la grandeza de Alien, quizás sin estos sucesos, la cinta no hubiera sido lo que supuso en la historia del cine.

Volviendo a su estreno, cabe decir que el éxito de Star Wars propició la luz verde final del proyecto de Scott, aunque también es cierto que las bondades del título cada vez sonaban con más fuerza dentro del estudio, así como la insistencia del director en explicar que la cinta tendría un tono serio en lugar del producto de serie B que se pensaba sería.

La meticulosa planificación, los infinitos detalles y una criatura ideada por Giger, que mezclaba esa enfermiza fantasía biomecánica para presentar al mundo uno de los personajes más terroríficos que jamás han aparecido en pantalla, convirtieron a Alien en una de las producciones más dignas de estudio.


La nave

Nostromo, ese armatoste, ese "camión" espacial que transportaba 20 millones de toneladas de mena supuso para el espectador, como ya pasara con el Halcón Milenario, que no todo en el espacio es impoluto y se trata de naves con pasillos blancos e iluminados, no, aquí todo es funcional, es sucia en sus entrañas, es un lugar de trabajo más parecido a una mina pero con cierta entidad, en ocasiones parece que respira, como esa sala central con el cerebro de la nave, llamado MU/TH/UR ("mother" en inglés significa "madre") y que tan implacable y frío se muestra a la hora de contarle a Ripley que la tripulación es sacrificable, o en ese comienzo donde paseamos por estancias vacías hasta que llegamos a la sala donde duerme la tripulación y despierta tras un soplo de aire al abrir la escotilla.
A pesar de seguir unas directrices mucho más programadas que su homónimo HAL en 2001 Una Odisea del espacio, la vida que insufla a la Nostromo se hace latente y se convierte en una suerte de ente que mantiene al espectador en tensión, como si de un Gran Hermano invisible se tratara, como si con la bestia suelta no hubiera ya suficiente carga emocional.


La tripulación

Bautizada como "Alien el octavo pasajero" cabe decir que si se considera al extraterrestre como parte de la tripulación, se olvidaron del gato, que además resulta un pequeño elemento guía de cara a los distintos acontecimientos que desencadenan en su final y que incluso forma parte como elemento de suspense durante la breve búsqueda del xenomorfo, mientras pensaban que seguía midiendo medio palmo.
Pero dejando de lado al mítico felino, del que habían 4 versiones a cada cual más arisca según Weaver, la "fauna" que puebla la Nostromo estuvo meticulosamente escogida entre otros motivos para mostrarse atemporal.
Atemporal porque se buscó cierto aspecto que no desentonara en un futuro a medio-largo plazo, de ahí ese peinado militar de Lambert o Ash, así como de vestimentas algo anodinas pero funcionales, escapando en todo momento de dar pistas sobre décadas o estilismos contemporáneos.
En referencia a la vestimenta de la tripulación, cabe decir que los trajes espaciales, basados en diseños creados por el dibujante Moebius, y con cierto estilo samurai, siguen aguantando muy bien el paso del tiempo en pantalla, a pesar de que si se ven fotografías del rodaje, queda patente la buena labor de iluminación y puesta en escena para que el espectador no reparara demasiado en que eran tremendamente incómodos, rígidos y con algunos elementos como rodilleras que dejaban mucho que desear.
Como anécdota, para ensalzar la sensación de grandeza de la nave y exteriores de LV-426, Scott utilizó a sus hijos con trajes a medida.

Volviendo a la tripulación, lo que inicialmente no se pensó es en que Ripley fuese la heroína de la historia, incluso el rol de ésta iba a ser para Veronica Cartwright, Lambert en el film finalmente, y resultó uno de los movimientos clave de cara al éxito de la cinta, convirtiendo a Weaver en uno de los iconos de los 80.
La imagen de Ripley sosteniendo el lanzallamas pasaría directa a los anales de la historia del cine, potenciada hasta el infinito en Aliens el regreso, donde directamente se convirtió en la Pérez Reverte de la gran pantalla.

Regresando a las mazmorras del casting, resulta imperativo rescatar a ese par de curritos que son Parker y Bret, el prolífico Harry Dean Stanton, el tipo que actuaba en el film a base de monosílabos y que dejó muy claro antes de comenzar el rodaje que detestaba las cintas de ciencia ficción y monstruos. Un crack, que por cierto no era el único que repudiaba este tipo de cine.
Estos dos personajes comenzaron tratando un tema inesperado en una cinta de este tipo, pues cualquiera que trabajase en una maldita nave espacial, a ojos del espectador, no entraba el hecho de que se quejaran del sueldo, pero ahí estaban, primera contradicción y cierta empatía que dotaban al universo de cierta coña para amenizar algunas crisis.
Sin olvidar que su "codicia" solventaría en cierta medida posteriormente el dilema de la tripulación de si socorrer esa extraña señal del planetoide o no.

El papel de Veronica Cartwright, la oficial de vuelo, fue menguando hasta convertirse en la asustadiza Lambert (aunque le valió para ganar alguna nominación curiosamente), entre otras cosas por la falta de presupuesto, aunque ganó peso en la versión Director's Cut que Scott sacó para el 2003 y donde hostiaba a Weaver tras negarse esta última a abrir la compuerta principal cuando aparecieron con Kane acoplado al facehugger (abrazacaras por estos lares).
La de problemas que se hubieran evitado si esa puerta no se hubiera abierto...

El papel de Dallas fue a parar a las manos de Tom Skerritt, aunque éste no lo aceptó hasta que Scott se puso al frente y el presupuesto aumentó.
Indudablemente el papel de Skerritt es el de líder, aunque también vemos como trata con desgana ciertos asuntos y cede continuamente las responsabilidades sin reparar demasiado en posibles consecuencias, un aspecto que resulta coherente con ese universo imperfecto donde nada es lo que parece.
Como curiosidad, Scott llegó a rodar cierto romance entre Ripley y Dallas, que finalmente quedó totalmente descartado de la historia por no venir a cuento, según las palabras de Scott, confundía al espectador y lo descentraba de lo que realmente importaba. Se pueden leer sus líneas de diálogo así como la escenificación en algún script.
Y aprovechando este inciso sobre el romance perdido entre estos dos personajes, cabe decir que la sexualidad está intrínsecamente ligada al universo de esta primera cinta de Alien.
La "violación" del Face-hugger a Kane, la asexualidad de Ash según Lambert en una conversación con Ripley en una escena inicialmente eliminada y añadida en el Director's Cut, incluso posteriormente se ha debatido sobre la manera en que éste ataca a Ripley con una revista de contenido sexual, mientras sinuosas gotas perlan la frente del androide, la "extraña" muerte de Lambert...todo esto no es casualidad, y estaba perfectamente ideado por parte de Scott, Giger y compañía.

Ash, el oficial médico que se revela como un androide y que supuso todo un giro en su momento, resulta ser clave de cara a la conspiración oculta, expandiendo la historia hacia una corporación llamada Weyland-Yutani que parece tener prioridad absoluta por hacerse con ese organismo y que plantea las dudas de si realmente conocían su hostilidad.
Interpretado por Ian Holm, conocido entre otros muchos trabajos por ser Bilbo Bolsón en la saga del Señor de los Anillos, nos regaló una de las escenas más espectaculares por aquel entonces, junto al revienta-pechos.

Y enlazando con la mítica escena, llegamos al incomparable John Hurt, que interpretó al infeliz Kane, ostentando el dudoso honor de ser el primero en probar las bondades del bicho así como de revelarnos esa extraña sensación de asfixia al despertar tras el primer ataque.

Curiosamente (o no) las muertes en la cinta se suceden en base a su popularidad, siendo Hurt el puto amo y Weaver la más desconocida en ese momento...



El bicho

Sin duda, uno de los mayores aciertos por parte de Scott fue hacerle caso al escritor Dan O'Bannon y conocer a ese extraño suizo que al parecer ideaba criaturas nunca vistas antes, y vaya que sí.

Hans Ruedi Giger, más conocido como H.R.Giger, fallecido en 2014, ideo a la mítica criatura siguiendo esos patrones tan suyos en los que se mezclaba la llamada biomecánica, entes vivos que parecían vivir en simbiosis con elementos mecánicos, así nació ese larguirucho ser, ese perfecto organismo, según Ash, al que no le afectaba la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad y del que todos tenemos terroríficamente grabada en la consciencia esa escena, ese ataque mientras abría la boca y los tendones se tensaban entre un líquido repulsivo.
Tendones que, por cierto, eran preservativos.

Su aparición fue escalonada y tremendamente dosificada, siendo uno de los elementos más llamativos, pues hasta bien pasada su primera mitad no tenemos el primer encuentro en el que se nos alerta de que es "muy grande".
A partir de aquí la amenaza planea oculta en los conductos de ventilación, es las oscuras y frías estancias de la Nostromo, donde la nave hace acto de presencia para volver a reivindicar su importancia en la historia, todo se convierte en una suerte de survival horror mientras el ciclo de vida del ente sigue su marcha, hasta llegar a ese final donde curiosamente, y según sus creadores, el bicho literalmente se estaba preparando para morir.
Sí amigos, cuando Ripley expulsa a la amenaza del Narciso, la cápsula de salvamento, el bicharraco estaba llegando a su fin de ciclo y ya no estaba para juergas.
En cualquier caso, yo tampoco habría podido dormir con semejante bestia de compañero, y no me refiero al gato.

Pero la historia de ese ser no acabó al finalizar la película.
A partir de ese momento el universo de la criatura continuó vivo y fue ramificándose debido al potencial del mismo, y aunque siempre ha estado envuelto en cierto halo de misterio, no ha sido hasta llegados a nuestros días cuando parece que su origen se presenta como precisamente uno de los mayores terrores a los que se enfrenta el ser humano, como el de un arma biológica.


El legado

Hace relativamente poco tuve una conversación sobre precisamente esta cinta, mientras comentaba que estaba escribiendo este pequeño "tributo". En ella la persona me confesaba que hasta hacía relativamente poco tiempo no había visto jamás ninguna de las cintas de Alien, y no hablamos de un milenial, no, alguien de mi quinta.

Cuando me encuentro con alguien que nunca ha visto esas cintas que para mí son míticas, involuntariamente realizo una suerte de escrutinio de las sensaciones que esa persona describe, esperando que la antigüedad y la falta de ciertos recursos más que evidentes no hagan mella en la valoración, sintiéndome esperanzado de que haya podido disfrutar esas sensaciones que a uno le invaden cada vez que regresa a la Nostromo o la Sulaco y le vienen a la mente infinitos recuerdos.
Lamentablemente no suele ser así, es imposible que una visualización acumule años de sensaciones, pero sí que dejó impactado a esta persona.
Pasó cierto terror, angustia, e incluso coincidimos en lo bien que aguanta el paso del tiempo una cinta estrenada a finales de los años 70.

Detrás de esta trivial conversación, se esconde un título que marcó a generaciones, que supuso incluso una evolución de los cánones del terror y la ciencia ficción, del sexismo en cuanto al protagonismo masculino en este tipo de cintas, aunque algunos años antes Carrie Fisher ya se libró un poco del papel de princesa clásica en Star Wars, Alien se desmarcaba de la space opera de aventuras para entrar en un terreno algo más serio.

Alien llevó el terror a otro nivel, abrazando la ciencia ficción y trasladando el miedo más allá de las estrellas, en un ambicioso proyecto que probablemente engendraría lo que hoy en día conocemos como el survival horror por excelencia y que serviría de inspiración para una nueva era en el mundo cinéfilo, explotando también los caminos del merchandising como ya hiciera la creación de George Lucas.
De ella surgieron otros títulos míticos como son La Cosa de John Carpenter o Depredador de John McTiernan, más orientada a la acción, pero probablemente uno de los ejemplos más claros de cinta atemporal y survival puro.

Se cuenta que Steven Spielberg supo que Tiburón se convertiría en todo un éxito al ver las exageradas reacciones del público en sus proyecciones previas al estreno. Scott lo supo al ver un acomodador del cine inconsciente.
Su estreno fue demoledor y el boca a boca funcionó a las mil maravillas, aunque la crítica no terminó de ensalzarla.
No supieron apreciar todos los detalles de su meticulosa creación, ni tampoco ver el potencial que ofrecía a las generaciones futuras, la fuente de inspiración, ni parte de sus numerosos mensajes ocultos, pues la seguían considerando como otra "cinta de monstruos"..


Así que ya saben, cuando vuelvan a ver Alien, recuerden que en el espacio nadie puede oír tus gritos.

Un saludo.

Dedicado a mi hermano Ismael, él tuvo la culpa de que me asomara a la Nostromo.