22 de julio de 2016

Stranger Things

Los hermanos Duffer han agarrado muchísimas referencias del cine ochentero para dar forma a esta pequeña joyita en forma de 8 episodios que Netflix suma desde ya a la lista de sus éxitos.

Will Byers, un chaval de un pueblo de Indiana desaparece en extrañas circunstancias una noche de 1983 tras una velada de Dungeons&Dragons con sus colegas.


Tras los primeros minutos, aquellos que crecimos con cintas como los Goonies, ET y en general toda peli que ambientaba su historia en el típico pueblo americano, con sus puritanas costumbres, el baile de fin de curso y demás clichés, percibiremos que esto va a ir de rememorar esas sensaciones y de arrancarnos de la memoria esos momentos en los que todo se reducía a una pequeña aventura con los únicos recursos del ingenio, la amistad, el valor y una bicicleta.

Pero Stranger Things pronto ofrece algunas novedades y elementos que enriquecen lo que aparentemente es un mero refrito de las cintas comentadas.
Sigue siendo un refrito, al fin y al cabo, pero lo que en cintas como los Goonies se quedaban en "simple" aventura, aquí añade cierto toque de terror y thriller, ofreciendo momentos cercanos a esa sensación que nos recorrió a todos cuando Ripley avanzaba por los pasillos llenos de viscosidad Alien. Incluso flirtea con referencias más cercanas al anime o al mundo del videojuego como AkiraSilent Hill.

La trama se divide por un lado en las aventuras de los chavales, con un importante componente sobrenatural, pero no olvida el drama y la investigación adulta, mientras continua añadiendo elementos que enriquecen este universo clásico, con múltiples referencias a la cultura pulp, a obras como Star Wars, a cintas como La Cosa, Posesión Infernal...

Todo un festival de guiños bordados, principalmente, por la actuación de unos chavales en la onda de lo mostrado por JJ Abrams en su Super 8 pero con un resultado, bajo mi punto de vista, más redondo y con un ritmo más acertado.
Destacar también una factura técnica a la altura, teniendo especial cuidado en una ambientación fantástica y una banda sonora cojonuda, utilizando desde sintetizadores (qué bien hubiera quedado un tema de Perturbator en algún momento de acción..) hasta clásicos de Bowie.

Su primera temporada puede verse con la sensación de continuidad pero quedando perfectamente cerrada, aunque ya se ha anunciado su renovación por una segunda tanda de episodios.
Un soplo de aire fresco que viene a completar el cada vez más titánico y competido mundo de las series, y a engrosar esa lista de títulos imprescindibles de Netflix.

Un saludo.