30 de noviembre de 2015

El corredor del laberinto : Las pruebas

Continuación directa de la cinta de Wes Ball basada en la novela distópica de James Dashner.

Una vez superado el laberinto, el grupo de chavales se encuentra en un mundo post apocalíptico en el que deben sobrevivir.


Debo decir que la primera parte no me disgustó, es más, diría que me resultó un entretenimiento superior a los dos productos con los que compite de forma directa en esta moda de distopía teenager, Los juegos del hambre y Divergente.

Cierto es que bebe de los mismos problemas, esa sensación de tragedia para dummies, esos protagonistas tan encorsetados de cara a la galería, ese perfil tan lleno de clichés, ese guión tan insultantemente lineal y esos dramas torpes que no hacen sino ralentizar el ritmo de lo que a fin de cuentas pretende ser un maldito blockbuster. Dejemos la profundidad y el mensaje para otras obras más sesudas o vayan con todo a dar la estocada con algo rompedor, pero aquí ni lo uno ni lo otro.

De todas formas, una vez superado el trauma, como digo, aquella primera parte tenía ese aire de aventura y misterio con ciertas reminiscencias a la obra de William Golding, El señor de las moscas, cosa de agradecer aunque acababa resultando bastante más kumbayá y con mucha menos mala leche que las "aventuras" de Ralph y compañía.
En esta segunda parte se intenta mantener cierto suspense a base dosificar una historia que poco a poco va revelando sus aparentemente inocentes cartas, así como a introducir una serie de personajes que juegan con esa dualidad entre el bien y el mal.
Todo ello aderezado con paisajes apocalípticos muy del estilo Buronson-Hara y su First of the North Star con los inevitables habitantes a caballo entre Mad Max y Resident Evil, la que es más mala que el resto que son muy malas, la del desierto.

Cierta variedad de situaciones, entretiene lo justo sin llegar a hacerse demasiado pesada (para ver una vez, no más), un par de escenas con alguna fotografía interesante, algunos bichos que resultan un cruce entre los infectados de las cintas tipo 28 días y los clickers (o chasqueadores) de The Last of Us y un par de escenas que pretenden resultar duras o emotivas pero que no consiguen llenarnos porque, sobre todo en su parte final, resultan torpes, diluidas y predecibles, en parte porque los personajes secundarios han quedado muy desdibujados.

El cierre de la trilogía no resulta muy seductor, pero con algún giro y golpe en la mesa quizás pueda ser recordada con cariño.

Un saludo.

3 de noviembre de 2015

La sal de la Tierra

Una impactante fotografía en blanco y negro de las minas de oro de Sierra Pelada, Brasil, sirve como pistoletazo de salida de este documental sobre la vida y obra del fotógrafo brasileño Sebastiâo Salgado. 
Una captura sobrecogedora, hipnótica, narrada ya desde la experiencia que aportan los años, tras un viaje estremecedor por los rincones más inimaginables de nuestro planeta.


Wim Wenders y el propio hijo de Salgado, Juliano Ribeiro, dan forma a esta odisea que pretende recoger la historia de un hombre que llegó a la profesión de la fotografía de forma casual, nada innato, a través de una cámara destinada a su pareja en un viaje cualquiera.

A partir de este punto, volcará sus esfuerzos en dar a conocer al mundo una serie de reportajes que reflejarán desde la idiosincrasia del ser humano a través de actos históricos hasta los más impresionantes paisajes, en una etapa más crepuscular en busca de la belleza fruto del daño provocado en aquellos primeros años donde sus fotografías inmortalizaron momentos que quebrantarían la voluntad del más fuerte de los mortales.

Es en esa primera etapa, que abarca desde los años 70 hasta bien entrado el año 2000, donde descendería a verdaderos infiernos, retratando la hambruna, la guerra y la mezquindad del ser humano, sobre todo en el continente africano, y donde el corazón del espectador queda en un puño mientras el impacto visual de esas tomas en blanco y negro dan forma a una vida cuya "última" etapa no tiene más remedio que intentar cobijarse en su tierra, en sus raíces, para escapar de esas pesadillas.


Un viaje emocional del que el espectador, a pesar de no ser un entendido en la fotografía, es muy difícil que escape, entre otros motivos porque la narración se encarga de contarnos la historia que hay detrás de esa imagen estática, cuya figura nos mira fijamente a través de unos ojos anodinos en los que la vida se escapa. Tras unos segundos se nos explica su destino, y el silencio da paso a la reflexión y en ocasiones a una montaña rusa de emociones.

Es evidente que por mi afición a la fotografía, la cinta me ha cautivado, pero dejando de lado mi admiración por la calidad del trabajo de este hombre, es preciso destacar que la historia es fascinante, con un montaje cojonudo, con un ritmo que marca la intensidad de los momentos en su justa medida, un viaje rico en matices y situaciones, cuyo resultado es sencillamente brutal y toda una experiencia que recomiendo encarecidamente tanto para los que busquen inspiración, imágenes brutales (algunas son verdaderamente muy duras) o simplemente una historia humana digna de conocer.

Muy recomendable.

Un saludo.