10 de febrero de 2016

Spotlight

Spotlight cuenta la historia de un grupo de reporteros del Boston Globe que desenmascaró el escándalo de abusos sexuales a menores en la archidiócesis de Boston, y que provocó una reacción en cadena destapando casos a nivel mundial.


Tom McCarthy se marca una cinta soberbia, con un ritmo potente pero sin perder el norte a la hora de retratar de la forma más realista posible el oficio del periodismo.
Aquí no veremos reuniones sórdidas en pasillos oscuros, ni sicarios contratados para quitar a la mosca cojonera de turno, o el joven becario al que extorsionan para extraer información. 
En su lugar tenemos un trabajo tenaz, real, sufrido, de listas infinitas, de cotejar datos, de utilizar las brechas y puntos flacos de las mismas leyes para sacar a la luz una historia muy turbia.

Para ello se asienta sobre unas interpretaciones muy sólidas, en especial Ruffalo, Keaton y un sorprendente Liev Schreiber. Sin estridencias, sin hacer uso de una banda sonora en exceso llamativa que simplemente acompaña las transiciones y dota de cierta tensión en algunos momentos.

Puede que a algunos les parezca demasiado real incluso, que esperen ese aire noir, esa fotografía de galería o esos personajes atormentados, pero para ser honestos con esta historia reciente, debía contarse como tal porque la fuerza de la misma y la capacidad de sus protagonistas para trasladar esa pasión era lo que realmente debía dejar marca en nuestras conciencias.

Lógicamente, la mayoría desconocemos lo que se cuece en una redacción, y tampoco tenemos manera de saber hasta qué punto o qué intereses habían detrás de la historia, de haberlos, pero lo que no se puede negar es del impacto en la sociedad, de la capacidad que se puede llegar a tener siendo tenaz sin olvidar el criterio.

Spotlight saca de los bajos fondos una historia que debía refrescarse, un hecho que debe hacernos meditar, que debería hacer mucho más críticos a los indiferentes y que funciona para conocer desde sus entrañas un oficio necesario que, por desgracia, cada vez se denigra más, ya sea por la poca moralidad o por la falta de rigor, como en tantos otros estamentos.

Un saludo.

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