24 de febrero de 2016

Deadpool

Marvel sigue extendiendo su universo de entretenimiento explotando nuevas vías antes de que el agotamiento por parte de la audiencia acabe con la gallina de los huevos de oro, y tiene pinta de que la cosa va para largo.


Guardianes de la Galaxia ya presentó un grupo de cazarrecompensas que se alejaba del estereotipo de superhéroe clásico, o encorsetado en su rol de salvador y defensor del bien, como pueden ser Superman, Spiderman o grupos tipo Los 4 fantásticos, aunque estos últimos probablemente tarden bastante en volver a aparecer en pantalla, siendo un claro ejemplo de la facilidad que tienen para estrenar cintas de este tipo, con 3 (tres!) secuelas de algo que jamás ha llegado a funcionar.

Lobezno o Batman ya representan ese perfil de personaje sombrío, posicionados en el bien pero sin temor a saltarse las reglas. En menor medida Spiderman suele ser también un freelance chistoso pero sin perder el norte a la hora de discernir entre el bien y el mal.

Deadpool llega para dar un golpe en la mesa, sacar lo brutalidad de Lobezno, la lengua afilada de Spiderman, la sed de venganza de Batman y añade pinceladas de mucha mala leche a lo Kick-Ass (la primera) para presentar una nueva franquicia que funciona, no se corta y explota en pantalla con una personalidad arrolladora.

Hablar del argumento de DP es, bajo mi punto de vista, restarle al guión los pocos puntos sorpresivos en cuanto a trama, por lo que lo único que diremos es que la cinta es una mera carta de presentación en la que se nos cuenta el "nacimiento" de tan peculiar "superhéroe".

Correctamente estructurada, una buena banda sonora, con una historia contada a base de flashbacks, con la consiguiente facilidad a la hora de dosificar las sorpresas, y con un ritmo muy acertado, Deadpool funciona muy bien bajo una premisa muy simple pero efectiva, en las antípodas de lo que podría considerarse como algo original en cuanto a trama central, pero sí rompedor en cuanto a carisma, y es ahí donde brilla con luz propia, gracias a un Ryan Reynolds en estado de gracia al que le sienta a las mil maravillas el personaje, una suerte de hijo bastardo de Han Solo inflado a base de esteroides y con bastante peor lengua, con el que nos reímos en más de una ocasión gracias a no dejar títere con cabeza del universo Marvel contemporáneo e incluso de otras franquicias, ya sean de la casa o no, todo ello aderezado con unos efectos correctos y las típicas piruetas y coreografías CGI.

No hay que engañarse, aquí lo que manda es el señor Pool, el humor, el atizar a nuestra cultura pop, la brutalidad y el ensañamiento. La fórmula ha funcionado, así que para la siguiente deberá superarse y ser más incisivo todavía, y hacer algo original para justificar la retahíla de chistes, porque en caso contrario la cosa acabará por ser una Scary Movie a base de refritos o el típico 1 vs 1 de héroe (atípico, eso sí) contra villano.

Como muy bien dicen en los títulos de crédito iniciales, los putos amos son los guionistas, a demostrarlo.

Un saludo.

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