16 de diciembre de 2016

Rogue One

Mientras llega ese octavo episodio que continue las aventuras de Rey en su aparente camino hacia La Fuerza, Gareth Edwards nos presenta Rogue One, regresando momentáneamente a ciertos sucesos que ocurrieron justo antes de que viéramos aquel destructor imperial persiguiendo la nave "en misión diplomática" de Leia.


Disney pretende explotar a base de bien la franquicia que adquirió del bueno de Lucas sacando aproximadamente una cinta por año, intercalando los episodios "oficiales" con esta suerte de spin-offs que cuentan historias sobre el universo de Star Wars. Próximamente le tocará a Han Solo y puede que al cazarrecompensas Boba Fett.
En este caso le toca el turno a la legendaria arma definitiva del Imperio, la Estrella de la Muerte, y de cómo llegaron sus planos de diseño a las manos de la Alianza Rebelde.

Lo primero que hay que decir, es que esto no va de jedis, cualquiera que espere ver luchas de espadas y brujerías varias sith se dará de bruces con una historia diferente, que bebe del mismo universo, que ofrece referencias continuas además de múltiples guiños cada pocos minutos, pero que se desmarca de la temática midicloriana.

Rogue One es en esencia un drama bélico de ciencia ficción pero sin olvidar ese aire de aventuras de la saga.
Salvo algunas apariciones estelares, el conjunto de personajes es desconocido y la intención es forjar esa conexión con el espectador de cara a encumbrar la gesta realizada por los mismos y su importancia en la leyenda de Star Wars.
Felicity Jones interpreta a una convincente Jyn Erso, que ofrece esa mezcla de rebelde sin causa fruto de un drama paternal, sello característico familiar en la saga, junto a Diego Luna, un rebelde con reminiscencias de Han Solo que cumple sin llegar a destacar en exceso.

En mayor o menor medida es conocida la historia, y se puede uno imaginar cómo acaba todo, es por ello que hay que alabar el trabajo de Edwards para mantener el suspense, entretener y de paso tratar con mimo el material, para no dejar en mal lugar el recuerdo que tenemos de ciertos personajes. Porque no nos engañemos, ya no está Constantino Romero (aunque en versión original cuentan con Earl Jones) y aquella vieja trilogía con aquellas actuaciones tan portentosas y en estado de gracia, difícilmente volverán o podrán ser superadas, entre otras cosas porque están muy arraigadas en nuestro subconsciente y les debemos mucho, pero se agradecen los detalles y ciertas escenas, como el impactante final, que es sencillamente un regalo para los fans.

Una fotografía espectacular, una banda sonora interesante pero que quizás no aprovecha del todo el potencial disponible, además de que ciertos temas recuerdan quizás demasiado a la melodía de Anakyn y Padme y algunos detalles técnicos que a pesar de agradecerse, no conviene que se nos vaya de las manos, porque no, no cuela al 100%. Me refiero a los personajes humanos realizados con CGI, dos míticos en concreto, a excepción del robot K-2SO, un crack.

En definitiva, un buen entretenimiento, que expande el universo de Star Wars y al que los fans no van a poner demasiadas pegas.

Un saludo.

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