14 de octubre de 2015

Film Symphony Orquestra

A pesar de que no suelo meterme en críticas musicales, no he podido resistirme a realizar una entrada sobre el concierto del pasado 12 de octubre en l'Auditori de Barcelona, a cargo de la Film Symphony Orquestra, un proyecto que pretende acercar la música del cine al gran público a través de una orquesta sinfónica compuesta por más de 75 músicos.



No domino la crítica musical, pero desde luego sí que me considero capaz de percibir, de entender y respetar un arte que se nos muestra como un regalo para los sentidos. En cierta medida, hay que reconocer, me ayuda un poco su relación con el mundo del celuloide.

Embutido en el traje que popularizó Keanu Reeves en la famosa trilogía de los Wachowski, Matrix, el director musical Constantino Martínez-Orts comenzó el show con el opening de Universal Pictures, como si de un Ectasy of Gold de Metallica se tratase, para dar paso al potente tema de Misión Imposible, donde la banda pudo mostrar cierto músculo y donde los ojos comenzaban a abrirse como platos, los acordes comenzaban a golpear los sentidos y las emociones comenzaban a aflorar.

Lo que precedió fueron cerca de dos horas y media de puro amor por el cine, de sacrificio, de coordinación, de belleza, en una orgía de sensaciones que te apalean desde las entrañas, recordando ese momento en el que veías por vez primera los Goonies hace tantísimo tiempo, o cuando vimos allá por el 93 una cabeza de dinosaurio moverse ante nosotros de una forma que jamás habríamos imaginado, mientras las emociones se disparaban en lo que aparentemente eran unas notas sin importancia, pero que quedarían grabadas en nuestra memoria y pasarían a la historia.

La complejidad, la cantidad de capas que puede llegar a tener una melodía que debe contar una historia, transmitir sensaciones, son algunas de las conclusiones a los que uno llega en muy pocos minutos, incluso tiene cabida cierta crítica a la hora de comparar temas como el de Doctor Zhivago, donde sencillamente la historia va de la mano de la música en una montaña rusa de emociones, hasta los Vengadores, donde prima la sencillez de un tema pegadizo, pero que queda retratado, muy a pesar del bueno de Alan Silvestri, ante monumentos como el de ET de John Williams o el citado de Maurice Jarre.


Comentar que el tema que me sorprendió debido a su complejidad fue el de Matrix, de Don Davis,  cuya velocidad, variedad y cambios de ritmo resulta endiablado.
En ese tema vi a alguno sufrir de lo lindo pasando páginas como un descosido, percibiéndose la exigencia de un tema que debía convivir en minoría, sin desentonar, junto al resto de piezas de la trilogía, cuyos géneros van desde el Techno al Metal.

Con los ojos vidriosos, debo reconocerlo, pasaron ante mi temas como el de Star Trek, Memorias de África o El bosque. Una maratón de recuerdos, de épica continua, hasta que llegó la hora de los bises, que se materializaron en la mítica pieza de Superman, de Regreso al futuro y, como colofón, Star Wars, donde el público, totalmente entregado, explotó en ovación y posterior aplauso unánime en una noche difícil de olvidar.

Un saludo.

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