Alejandro González de Iñárritu vuelve a sacudir al público y crítica con un proyecto alejado de su anterior obra, Birdman, pero que lanza otro órdago, a su manera, en forma de pulso técnico y sensorial.
Si Birdman era presentada como un falso plano secuencia de 2 horas de duración, The Revenant apuesta por introducir al espectador en todo un tour de force rodado casi en su totalidad con luz natural.
Dejando ya de lado sus fanfarronerías técnicas, es el momento de saber si la nueva propuesta del director mexicano cumple además las expectativas, si Di Caprio vuelve a regalarnos un buen papel y si la historia tiene los suficientes alicientes como para formar algo sólido e interesante para las audiencias.
The Revenant nos sitúa a principios del siglo XIX, donde un grupo de tramperos son asaltados por nativos y deben huir a través de la montaña guiados por Hug Glass, un explorador al que acompaña su hijo mestizo.
La obra surge como adaptación de la novela de Michael Punke y tras varios retrasos y cambios de equipo, esto último nada halagüeño en la mayoría de casos, Iñárritu se hizo a los mandos para intentar llevar a buen puerto una historia que si bien no es que sea un derroche de originalidad en cuanto a su planteamiento, consigue sorprender, retorcernos en el asiento y mantenernos con los ojos pegados en la pantalla.
The Revenant podría considerarse como una survival movie bajo un entorno bello y a la vez hostil, en el que se añade cierto misticismo propio de esas culturas chamánicas olvidadas que atormentan la voluntad del hombre dividido por sus orígenes y en el que se nos muestra la mezquindad del ser humano desde distintos prismas.
Bajo todo ese enfoque, encontramos la figura del protagonista principal, alma del asunto y verdadero motor para que el engranaje funcione, y de nuevo hay que decir que Leonardo Di Caprio vuelve una vez más a estar enorme ante la pantalla, en un papel muy exigente, por momentos electrizante gracias a ese entorno frío y helado al que acompaña con una gélida mirada, de dureza y sufrimiento, odio, comprensión, venganza y redención.
Por su parte, Tom Hardy como némesis ofrece esa figura odiosa, casi cercana al animal de rapiña que representa la parte más oscura del ser humano que no ha conseguido superar su tormento interior y que se ve vencido ante sus voluntades más primarias, pero sin dejar de lado una tremenda capacidad por la supervivencia.
Todo un tour de force como comentaba bajo la simple premisa de la venganza, en lo que aparentemente es la clásica historia search and destroy pero en la que se esconde todo un lienzo de sensaciones, de desgarradores (nunca mejor dicho) momentos que quedan grabados en la retina, de tremenda belleza visual, y de una de las más jodidas actuaciones de Di Caprio, el resultado es sencillamente magistral y por momentos agotador.
Un saludo.
1 de febrero de 2016
29 de enero de 2016
Creed
Creed resucita de nuevo la figura de Rocky Balboa, en una nueva entrega del carismático boxeador de Philadelphia esta vez bajo la dirección de Ryan Coogler, que realiza un notable trabajo sobre la franquicia.
La historia se centra en la figura de Adonis Johnson, hijo del mítico Apollo Creed y gran amigo de Balboa, que cayó muerto en el ring ante He-Man y cuyo padre jamás pudo conocer ya que nació justo después del fatal desenlace.
El muchacho vive una vida paralela entre la oficina, un trabajo estable, y los rings alternativos donde saca ese gen de luchador ocultando su pasado para ganarse por sus propios méritos el reconocimiento.
Con este interesante, que no exento de clichés, caldo de cultivo se presenta una nueva historia sobre el boxeador italoamericano más famoso del celuloide, pero esta vez Balboa ya definitivamente pasa el testigo y únicamente aparece como figura conocedora del oficio, desde el pesar de los años, estancado en otra época pero con un olfato afilado y ese sentido del deber para cumplir con esas acciones, por pequeñas que sean, y sentirse realizado tanto con los vivos como con los amigos ya fallecidos.
Una vez pasado el trámite de aceptar la figura de Adonis como el hijo de Creed y comenzar su entrenamiento es donde la cinta ofrece esas pequeñas perlas en forma de secuencias entrañables en las que Rocky muestra todo su conocimiento, a su ritmo, con seguridad y sobre un montón de ruido en forma de Hip Hop y luces de neón, donde se funde el pasado y el presente y donde podemos ver otra de las mejores versiones del personaje interpretado por Sylvester Stallone, que sencillamente llena la pantalla cada vez que aparece, esta vez no tanto por volumen, pero sí por carisma y potencia emotiva.
Pero no se olvida de la evolución de Creed, en una lucha interna algo más predecible pero de igual forma interesante que conjuga ese universo de prisa, ansia y fama que envuelve al mundo del deporte y el entertainment con ese tormentoso pasado y pelea interna por aceptar esas letras que forman su legado y del que el chaval no hace más que poner barreras hasta creer ser merecedor de ellas.
El análisis de Creed debe también, como es lógico dada la temática, profundizar en las peleas, y en esta ocasión no iba a ser menos.
Aunque escuetas, la calidad de las mismas es enorme, con un manejo de la cámara fantástico, unos planos brutales, feroces, en los que el punto de vista subjetivo se acerca poco a poco hasta que prácticamente sentimos los golpes, el agotamiento, y se aleja para tomar aire y volver de nuevo a la batalla en un balanceo fantástico que mete de lleno en la acción al espectador y lo hace sufrir junto a los protagonistas.
Definitivamente, el nivel alcanzado en este aspecto en la saga lo hace muy, muy destacable.
Una vez pasado los aspectos técnicos, las actuaciones, la trama...lo que queda es la nostalgia, esa figura que planea y nos acompaña durante el metraje, que nos hace recordar momentos pasados, como ya sucediera en la anterior Rocky, donde se juega con el drama para darle un cariz entrañable, a base, por ejemplo, de unos pocos acordes que recuerdan la mítica melodía de Bill Conti, o alguna secuencia que actualiza las clásicas, o la utilización fantástica de la figura de Apollo, que parece observarlo todo desde la lejanía.
Los más fríos pueden decir perfectamente que es un nuevo intento de exprimir la gallina de los huevos de oro, que es un drama sencillo, previsible y una excusa para Stallone de meter de nuevo a uno de sus personajes estrella en escena.
Es respetable, pero yo he visto ciertamente cariño en algunas secuencias, he visto nostalgia, una reinvención incluso sonora que osa fusionar el hip hop con las partituras originales, y un retrato correcto y respetable del mundo del boxeo, por no mencionar las fantásticas luchas, una fotografía cuidada y un ritmo bastante acertado.
De seguir así, con gusto seguiremos volviendo a Philadelphia cada pocos años hasta que Rocky quiera.
Un saludo.
La historia se centra en la figura de Adonis Johnson, hijo del mítico Apollo Creed y gran amigo de Balboa, que cayó muerto en el ring ante He-Man y cuyo padre jamás pudo conocer ya que nació justo después del fatal desenlace.
El muchacho vive una vida paralela entre la oficina, un trabajo estable, y los rings alternativos donde saca ese gen de luchador ocultando su pasado para ganarse por sus propios méritos el reconocimiento.
Con este interesante, que no exento de clichés, caldo de cultivo se presenta una nueva historia sobre el boxeador italoamericano más famoso del celuloide, pero esta vez Balboa ya definitivamente pasa el testigo y únicamente aparece como figura conocedora del oficio, desde el pesar de los años, estancado en otra época pero con un olfato afilado y ese sentido del deber para cumplir con esas acciones, por pequeñas que sean, y sentirse realizado tanto con los vivos como con los amigos ya fallecidos.
Una vez pasado el trámite de aceptar la figura de Adonis como el hijo de Creed y comenzar su entrenamiento es donde la cinta ofrece esas pequeñas perlas en forma de secuencias entrañables en las que Rocky muestra todo su conocimiento, a su ritmo, con seguridad y sobre un montón de ruido en forma de Hip Hop y luces de neón, donde se funde el pasado y el presente y donde podemos ver otra de las mejores versiones del personaje interpretado por Sylvester Stallone, que sencillamente llena la pantalla cada vez que aparece, esta vez no tanto por volumen, pero sí por carisma y potencia emotiva.
Pero no se olvida de la evolución de Creed, en una lucha interna algo más predecible pero de igual forma interesante que conjuga ese universo de prisa, ansia y fama que envuelve al mundo del deporte y el entertainment con ese tormentoso pasado y pelea interna por aceptar esas letras que forman su legado y del que el chaval no hace más que poner barreras hasta creer ser merecedor de ellas.
El análisis de Creed debe también, como es lógico dada la temática, profundizar en las peleas, y en esta ocasión no iba a ser menos.
Aunque escuetas, la calidad de las mismas es enorme, con un manejo de la cámara fantástico, unos planos brutales, feroces, en los que el punto de vista subjetivo se acerca poco a poco hasta que prácticamente sentimos los golpes, el agotamiento, y se aleja para tomar aire y volver de nuevo a la batalla en un balanceo fantástico que mete de lleno en la acción al espectador y lo hace sufrir junto a los protagonistas.
Definitivamente, el nivel alcanzado en este aspecto en la saga lo hace muy, muy destacable.
Una vez pasado los aspectos técnicos, las actuaciones, la trama...lo que queda es la nostalgia, esa figura que planea y nos acompaña durante el metraje, que nos hace recordar momentos pasados, como ya sucediera en la anterior Rocky, donde se juega con el drama para darle un cariz entrañable, a base, por ejemplo, de unos pocos acordes que recuerdan la mítica melodía de Bill Conti, o alguna secuencia que actualiza las clásicas, o la utilización fantástica de la figura de Apollo, que parece observarlo todo desde la lejanía.
Los más fríos pueden decir perfectamente que es un nuevo intento de exprimir la gallina de los huevos de oro, que es un drama sencillo, previsible y una excusa para Stallone de meter de nuevo a uno de sus personajes estrella en escena.
Es respetable, pero yo he visto ciertamente cariño en algunas secuencias, he visto nostalgia, una reinvención incluso sonora que osa fusionar el hip hop con las partituras originales, y un retrato correcto y respetable del mundo del boxeo, por no mencionar las fantásticas luchas, una fotografía cuidada y un ritmo bastante acertado.
De seguir así, con gusto seguiremos volviendo a Philadelphia cada pocos años hasta que Rocky quiera.
Un saludo.
21 de enero de 2016
The Martian
No sé si Andy Weir, un programador informático que un buen día decidió auto publicarse su propia novela de ciencia ficción, era consciente de lo que se le venía encima en cuestión de dos años, pues en este tiempo, su obra fue fichada por una editorial, los derechos fueron vendidos para su adaptación cinematográfica y ahora Ridley Scott la presenta como una fiel y solvente cinta que gustará a los amantes del survival y del siempre atrayente planeta rojo.
Matt Damon interpreta al astronauta Mark Watney, biólogo y miembro de una expedición encargada de realizar investigaciones en Marte. Una tormenta pondrá en peligro la misión con lo que su capitana decide abortarla y regresar, pero el bueno de Mark sufrirá un accidente y será dado por muerto, mientras el resto de la tripulación emprende el retorno a casa.
Supervivencia, humor y ciertas dosis de acción son los elementos que nos acompañarán en esta aventura que resucita el concepto de Robinson Crusoe en un ambiente "algo" más hostil, apoyada por un muy buen ritmo y un director que no se aleja demasiado del manual que Weir le facilitó para poder hacer un producto muy disfrutable y con pocos peros, salvo que determinados aspectos puedan parecernos poco realistas o no nos convenza demasiado la actitud de un protagonista que en ocasiones parece no tomarse muy en serio la gravedad de su situación. Pero como comentaba hace poco en una conversación sobre la cinta, bajo mi punto de vista si dicho personaje, con la preparación que se le presupone para misiones de ese tipo, sabe que va a morir, lo único que cabe es seguir adelante y probar suerte, y con humor todo pasa mejor.
En cualquier caso, pocos no esbozarán una sonrisa ante determinadas situaciones, o se interesarán por esas "pequeñas" lecciones de ciencia para dummies, o no se emocionarán con alguna que otra fantasmada, muy bien plasmada, eso sí, y con continuas referencias a nuestra cultura contemporánea, menos que en el libro en el que se basa, pero igualmente agradecidas, mientras las canciones de la capitana Lewis atormentan a algunos y hacen las delicias de otros.
Un saludo.
Matt Damon interpreta al astronauta Mark Watney, biólogo y miembro de una expedición encargada de realizar investigaciones en Marte. Una tormenta pondrá en peligro la misión con lo que su capitana decide abortarla y regresar, pero el bueno de Mark sufrirá un accidente y será dado por muerto, mientras el resto de la tripulación emprende el retorno a casa.
Supervivencia, humor y ciertas dosis de acción son los elementos que nos acompañarán en esta aventura que resucita el concepto de Robinson Crusoe en un ambiente "algo" más hostil, apoyada por un muy buen ritmo y un director que no se aleja demasiado del manual que Weir le facilitó para poder hacer un producto muy disfrutable y con pocos peros, salvo que determinados aspectos puedan parecernos poco realistas o no nos convenza demasiado la actitud de un protagonista que en ocasiones parece no tomarse muy en serio la gravedad de su situación. Pero como comentaba hace poco en una conversación sobre la cinta, bajo mi punto de vista si dicho personaje, con la preparación que se le presupone para misiones de ese tipo, sabe que va a morir, lo único que cabe es seguir adelante y probar suerte, y con humor todo pasa mejor.
En cualquier caso, pocos no esbozarán una sonrisa ante determinadas situaciones, o se interesarán por esas "pequeñas" lecciones de ciencia para dummies, o no se emocionarán con alguna que otra fantasmada, muy bien plasmada, eso sí, y con continuas referencias a nuestra cultura contemporánea, menos que en el libro en el que se basa, pero igualmente agradecidas, mientras las canciones de la capitana Lewis atormentan a algunos y hacen las delicias de otros.
Un saludo.
9 de enero de 2016
Maggie
De nuevo asistimos a esa suerte de cine fusión en la que el director intenta recoger una temática cuya exclusiva tiene a buen recaudo productos como The Walking Dead para adentrarse en el arriesgado mercado del largometraje de terror con tintes dramáticos.
Henry Hobson pretende ralentizar el manido proceso de conversión zombi para profundizar en gran medida en esas relaciones personales que se suelen perder por el camino en este tipo de producciones, ahondando en esos aspectos que suelen atravesar fugazmente la pantalla mediante escenas climáticas y que dan paso a escenas de acción que no suelen dejar demasiado tiempo para la reflexión, entre otras cosas porque su esencia suele ser otra.
La cinta nos sitúa en un escenario post apocalíptico en el que la plaga zombi, catalogada ya como enfermedad, está controlada y cuyos protocolos de actuación están claros por parte de la población de cara a sobrevivir y continuar con sus vidas.
Es entonces cuando Maggie, la hija de un granjero, sufre una mordedura.
Dejando a un lado que este tipo de historia pueda atraer más o menos, sin duda ver a Schwarzenegger embutido en un drama y ver de qué es capaz el mítico T-800 es uno de los alicientes para los que crecimos con el bueno de Arnold y sus didácticas pelis.
Y debo decir que el tipo cumple, no es que haga un papel de aquellos que erizan la piel, pero se contiene y transmite lo suficiente como para funcionar en su rol, salvando incluso cierta frialdad por parte de Maggie, cuya oportunidad para presentar una de esas relaciones que brillan, bajo mi punto de vista, ha perdido.
El que espere grandes dosis de acción, probablemente se sentirá defraudado, puesto que esta historia se codea más con esa visión gris y atormentada de pelis como The Road, sin descuidar algunos momentos de tensión bien llevados y que consiguen enlazar de forma más que correcta el drama personal para dotarla de cierto ritmo, siempre pausado, enfocado más en mostrar la temática Z como si de una enfermedad terminal se tratase.
El principal problema que le veo a Maggie es que en su extremo cuidado por no caer en ciertos clichés, en no caer en el pozo de una cinta de zombis más, acaba siendo un buen producto con un acabado correcto y sin demasiadas fisuras, ciertamente comprometido en mostrar ese drama olvidado en este tipo de licencias., pero no arriesga. No consigue llegar al clímax de la relación padre-hija ni tampoco resulta demasiado impactante en cuanto a lo que podría haber mostrado de ese desagradable proceso, con lo que tenemos un drama anti climático, un terror no demasiado destacable y un thriller tímido.
Un saludo.
8 de enero de 2016
The Hateful Eight
La octava película de Tarantino regresa al género del western pero sin dejar de lado ese estilo tan particular del director de Tennesse, con sus característicos diálogos, sus gamberradas, violencia y humor negro.
Un caza recompensas llamado John "The Hangman" Ruth se dirige a un pueblo llamado Red Rock para entregar a la forajida Daisy Dormegue, pero un temporal le obligará a detenerse en una posada junto a un variopinto grupo.
Rodada en formato 70mm, la cinta pretende ofrecer toda una experiencia visual para disfrutar en la gran pantalla, o por lo menos las adaptadas, en todo un mensaje de amor por el séptimo arte y lanzando un pulso al imperio digital, aunque prácticamente vaya a ser estrenada en su totalidad en este formato y pocas salas ofrecen la posibilidad de disfrutarla como se debe.
La sala Phenomena Experience en Barcelona es una de ellas.
La fotografía de Robert Richardson luce fantástica en unos primerísimos planos muy potentes junto a unos paisajes gélidos, en los que los personajes se arrastran mientras se dirigen al núcleo de la cinta, que no es otro que la "Mercería de Minnie", donde se desarrolla el meollo y donde el western flirtea con el resto de géneros que se dan cita, desde el thriller hasta el gore, pasando por la comedia. Aquí cabe todo, porque Tarantino utiliza como nadie la narrativa y su potencia visual para ofrecer al espectador esa bizarra mezcla.
Dividida en 5 actos, Los Odiosos Ocho se podría considerar como la versión western de Reservoir Dogs, en otro contexto evidentemente pero jugando con esos elementos más cercanos al thriller, con diálogos mucho más prolongados, un rompecabezas algo más complejo y con mucho más músculo visual.
Y aunque el resultado es mucho más maduro en todos los sentidos que aquella, ciertamente se aprecia un excesivo metraje debido precisamente a esos diálogos que hacen a su vez de macguffin, pero que en lugar de ofrecer algún estímulo, aunque sea visual, nos mantiene atentos a un, en ocasiones, pedante relato que no lleva a ninguna parte, y esto una vez finalizado el viaje es más evidente de lo que debiera.
Pero tiene tantos buenos momentos, sobre todo en su segundo acto, que el sabor que deja finalmente es muy bueno, y justifica esos momentos en exceso alargados, gracias a esa mezcolanza de géneros, a las fantásticas actuaciones, en especial Samuel L. Jackson y Jennifer Jason Leigh, a ese humor que provoca la carcajada canalla, a esa música de Morricone (repescada de otros proyectos), y alguna que otra escena que sencillamente es una maravilla, como la del piano.
Tarantino ha vuelto a ofrecer un producto muy suyo, alejándose mucho del universo "violent pop" de otras obras como Kill Bill, de la absurda complejidad que forma ese micro universo llamado Pulp Fiction y del cachondo y sui géneris retrato histórico sobre el nazismo o de los años previos a la Guerra de Secesión, pero sin olvidar sus raíces, su humor y su particular forma de retratar ciertos aspectos raciales y personajes que tienden a escapar de lo políticamente correcto o de la figura pre establecida en la época en que se encuentran.
Un saludo.
31 de diciembre de 2015
Feliz 2016!
2015 ha sido una especie de Tour de Force en el que tan solo ha faltado una invasión alienígena (todavía no ha acabado esto) para completar un añito bastante exigente, en todos los aspectos.
Nuestras familias y amigos saben de nuestras "aventuras", así que de entre todos los "eventos" me remito tan solo al fantástico viaje a Estados Unidos este verano, visitando zonas como Nueva York, Nueva Orleans, Carolina del Norte y Virginia, en un nuevo intento por nuestra parte de salirnos un poco de las rutas más conocidas. Otra experiencia más que metemos en la mochila.
En cuanto a la fotografía, sigo practicando, aprendiendo, buscando mi estilo y haciendo algún que otro reportaje "amateur" del que recibo muy buen feeling, con algunas felicitaciones que, de verdad, me han llegado al alma.
Me hace muy feliz el saber que he conseguido tocar la fibra con mi trabajo.
"Progressa adequadament", se diría.
Este 2016 se presenta movido, muy movido, más de lo que alguno se cree, así que espero sobre todo que la salud acompañe, que se tenga trabajo (digno a poder ser), que se contamine menos (hagan el favor de reciclar), que no se abandonen mascotas en vacaciones, que nuestros amigos más íntimos sigan brillando como solo ellos saben hacerlo, que a DiCaprio le den el Oscar, que el chiquillo lo merece, que disfruten de las cosas por muy pequeñas que sean, que fomenten la educación, el civismo, el amor, la música, los libros, los juegos arcade, el vino y que viva Star Wars.
Take it All - Ruelle
22 de diciembre de 2015
Fargo T2
De nuevo el universo de los hermanos Coen aterriza (nunca mejor dicho) en nuestras pantallas en forma de 10 episodios que pretenden igualar o incluso superar la fantástica primera temporada que se marcaron de la mano de Billy Bob Thornton y Martin Freeman en FX, bajo la dirección de Noah Hawley.
Los acontecimientos nos sitúan a finales de los años 70, Minnesota, en la pequeña localidad de Luverne, donde un accidente pondrá en marcha esa maquinaria tan característica de humor negro, sangre y personajes estrambóticos.
Siguiendo unas pautas parecidas a la anterior temporada, la historia se desencadena sin prisa pero sin pausa, sacando del letargo inducido en una sociedad puritana a unos habitantes cuyo destino se convierte en algo impredecible y a la vez vibrante, ya que la aleatoriedad de los acontecimientos son una de las grandes bazas de esta sangrienta historia.
Mientras estos personajes viven las extraordinarias situaciones que los sacan de su vida cotidiana, una serie de elementos oscuros, acostumbrados a la vida del hampa, se entremezclan en la historia para aportar ese toque canalla y animal, de reacciones primarias y ferocidad propias de una época pasada, cuando las cosas se arreglaban a base de cañonazo y unidad familiar en el más puro estilo mafioso.
Es en esta mezcla tan interesante, donde los diálogos, la acción, el drama y el humor catapultan a la serie hacia el podio de las más grandes, sin olvidar una factura técnica tan jodidamente bien cuidada (a ver quién es el guap@ que se mete con su filtro "Instagram"), como esa facilidad de poner el título inicial siempre en el mejor lugar y en el mejor momento, o esos planos múltiples, ese enfoque desde el punto de vista más acertado....o esa tremendísima banda sonora, que de nuevo nos descubre y redescubre temas fantásticos, sin olvidar la sinfonía de Jeff Russo, que de nuevo ofrece esa extraña y mágica solemnidad.
Lo tenía difícil, pero parece que Fargo ha encontrado el camino acertado para ofrecer, mediante saltos generacionales cuya conexión es otro de los puntazos de la serie, temporada tras temporada, su dosis de calidad y sorpresas, permitiéndose incluso aportar elementos para retratar cambios sociales, crepusculares incluso en algunos aspectos, de la idiosincrasia americana.
Al final de la primera temporada se esperaba con ganas su segunda, ahora se espera con cierta ansiedad la tercera.
Un saludo.
Los acontecimientos nos sitúan a finales de los años 70, Minnesota, en la pequeña localidad de Luverne, donde un accidente pondrá en marcha esa maquinaria tan característica de humor negro, sangre y personajes estrambóticos.
Siguiendo unas pautas parecidas a la anterior temporada, la historia se desencadena sin prisa pero sin pausa, sacando del letargo inducido en una sociedad puritana a unos habitantes cuyo destino se convierte en algo impredecible y a la vez vibrante, ya que la aleatoriedad de los acontecimientos son una de las grandes bazas de esta sangrienta historia.
Mientras estos personajes viven las extraordinarias situaciones que los sacan de su vida cotidiana, una serie de elementos oscuros, acostumbrados a la vida del hampa, se entremezclan en la historia para aportar ese toque canalla y animal, de reacciones primarias y ferocidad propias de una época pasada, cuando las cosas se arreglaban a base de cañonazo y unidad familiar en el más puro estilo mafioso.
Es en esta mezcla tan interesante, donde los diálogos, la acción, el drama y el humor catapultan a la serie hacia el podio de las más grandes, sin olvidar una factura técnica tan jodidamente bien cuidada (a ver quién es el guap@ que se mete con su filtro "Instagram"), como esa facilidad de poner el título inicial siempre en el mejor lugar y en el mejor momento, o esos planos múltiples, ese enfoque desde el punto de vista más acertado....o esa tremendísima banda sonora, que de nuevo nos descubre y redescubre temas fantásticos, sin olvidar la sinfonía de Jeff Russo, que de nuevo ofrece esa extraña y mágica solemnidad.
Lo tenía difícil, pero parece que Fargo ha encontrado el camino acertado para ofrecer, mediante saltos generacionales cuya conexión es otro de los puntazos de la serie, temporada tras temporada, su dosis de calidad y sorpresas, permitiéndose incluso aportar elementos para retratar cambios sociales, crepusculares incluso en algunos aspectos, de la idiosincrasia americana.
Al final de la primera temporada se esperaba con ganas su segunda, ahora se espera con cierta ansiedad la tercera.
Un saludo.
18 de diciembre de 2015
Star Wars - Episodio VII. El despertar de la Fuerza
Son tantas las secuencias, los momentos épicos y el culto que se les profesa a las cintas clásicas de Star Wars, que probablemente ese nivel de exigencia jamás sea alcanzado por mucha trilogía nueva que llegue a estrenarse para los que mamamos desde muy pequeños las aventuras de Luke y compañía.
Es muy complicado transmitir esa sensación que puede provocar ciertas escenas debido a una conexión emocional fraguada durante tantos años.
Es muy complicado transmitir esa sensación que puede provocar ciertas escenas debido a una conexión emocional fraguada durante tantos años.
Así que para los fans más acérrimos, a la pregunta de si está a la altura del universo Star Wars, la respuesta es rotundamente sí. Y como producto de entretenimiento para el espectador no familiarizado con este mundillo, cumple de sobras con su cometido.
Ha pasado tiempo desde la batalla de Endor, donde se puso fin al régimen opresor que controlaba la galaxia.
En un universo con evidentes signos de desgaste, una nueva fuerza militar, aprovechando los resquicios de ese imperio, pretende hacerse con el poder de nuevo.
En un universo con evidentes signos de desgaste, una nueva fuerza militar, aprovechando los resquicios de ese imperio, pretende hacerse con el poder de nuevo.
Con un inicio made in JJ Abrams, pero sin llegar al nivel de epicidad del reboot de Star Trek 11, este nuevo episodio mima con tacto al fiel seguidor de la saga mientras introduce poco a poco elementos clásicos para conformar una historia cuyo esqueleto es prácticamente una condensación de los episodios IV, V y VI.
Esa estructura se ve potenciada con un muy buen ritmo, unos toques de humor acertados y por algunos momentos que son un regalo para el fan, con algún giro que dejará tocado a más de uno.
Abrams introduce además una serie de personajes nuevos cuyo eje central más llamativo se representa en forma del caballero oscuro de turno, como ya sucedía en parte en los "nuevos" episodios, cuya intención, además de darle a la saga una figura lo más cercana al villano por excelencia, es la de potenciar un elemento que siempre ha funcionado tremendamente bien, la del misterio alrededor de esos personajes, sus tragedias personales y dotarles de un futuro incierto lleno de aventuras, miedo, dudas, esperanza y esa débil línea que separa la luz de la oscuridad.
El director presenta una nueva historia que encaja perfectamente, reiniciando los engranajes y ofreciendo un tentador abanico de posibilidades, si a esto le añadimos que todavía quedan 2 cintas por estrenar para poder retorcer la historia y dar rienda suelta a esos característicos cliffhangers, el resultado se traduce en ganas de más, de mucho más.
Mucha acción, droides, momentos emotivos, una fotografía muy agradecida, como esos destructores enterrados en el desierto, toques de humor unido a cierta humanización de sus personajes, en especial a las tropas de asalto e incluso el villano principal, sin olvidar esas melodías tan características que nos pondrán tiernos cuando deben.
No debe relajarse el bueno de JJ, no obstante, pues se percibe también ciertas dudas a la hora de arriesgar, centrándose en una historia que en ocasiones va demasiado en paralelo con las clásicas, aunque esto no sea necesariamente un error.
Así que sí, la leyenda sale bastante revitalizada con esta nueva y digna entrega que formará un tándem fantástico con la trilogía clásica.
Un saludo.
30 de noviembre de 2015
El corredor del laberinto : Las pruebas
Continuación directa de la cinta de Wes Ball basada en la novela distópica de James Dashner.
Una vez superado el laberinto, el grupo de chavales se encuentra en un mundo post apocalíptico en el que deben sobrevivir.
Debo decir que la primera parte no me disgustó, es más, diría que me resultó un entretenimiento superior a los dos productos con los que compite de forma directa en esta moda de distopía teenager, Los juegos del hambre y Divergente.
Cierto es que bebe de los mismos problemas, esa sensación de tragedia para dummies, esos protagonistas tan encorsetados de cara a la galería, ese perfil tan lleno de clichés, ese guión tan insultantemente lineal y esos dramas torpes que no hacen sino ralentizar el ritmo de lo que a fin de cuentas pretende ser un maldito blockbuster. Dejemos la profundidad y el mensaje para otras obras más sesudas o vayan con todo a dar la estocada con algo rompedor, pero aquí ni lo uno ni lo otro.
De todas formas, una vez superado el trauma, como digo, aquella primera parte tenía ese aire de aventura y misterio con ciertas reminiscencias a la obra de William Golding, El señor de las moscas, cosa de agradecer aunque acababa resultando bastante más kumbayá y con mucha menos mala leche que las "aventuras" de Ralph y compañía.
En esta segunda parte se intenta mantener cierto suspense a base dosificar una historia que poco a poco va revelando sus aparentemente inocentes cartas, así como a introducir una serie de personajes que juegan con esa dualidad entre el bien y el mal.
Todo ello aderezado con paisajes apocalípticos muy del estilo Buronson-Hara y su First of the North Star con los inevitables habitantes a caballo entre Mad Max y Resident Evil, la que es más mala que el resto que son muy malas, la del desierto.
Cierta variedad de situaciones, entretiene lo justo sin llegar a hacerse demasiado pesada (para ver una vez, no más), un par de escenas con alguna fotografía interesante, algunos bichos que resultan un cruce entre los infectados de las cintas tipo 28 días y los clickers (o chasqueadores) de The Last of Us y un par de escenas que pretenden resultar duras o emotivas pero que no consiguen llenarnos porque, sobre todo en su parte final, resultan torpes, diluidas y predecibles, en parte porque los personajes secundarios han quedado muy desdibujados.
El cierre de la trilogía no resulta muy seductor, pero con algún giro y golpe en la mesa quizás pueda ser recordada con cariño.
Un saludo.
Una vez superado el laberinto, el grupo de chavales se encuentra en un mundo post apocalíptico en el que deben sobrevivir.
Debo decir que la primera parte no me disgustó, es más, diría que me resultó un entretenimiento superior a los dos productos con los que compite de forma directa en esta moda de distopía teenager, Los juegos del hambre y Divergente.
Cierto es que bebe de los mismos problemas, esa sensación de tragedia para dummies, esos protagonistas tan encorsetados de cara a la galería, ese perfil tan lleno de clichés, ese guión tan insultantemente lineal y esos dramas torpes que no hacen sino ralentizar el ritmo de lo que a fin de cuentas pretende ser un maldito blockbuster. Dejemos la profundidad y el mensaje para otras obras más sesudas o vayan con todo a dar la estocada con algo rompedor, pero aquí ni lo uno ni lo otro.
De todas formas, una vez superado el trauma, como digo, aquella primera parte tenía ese aire de aventura y misterio con ciertas reminiscencias a la obra de William Golding, El señor de las moscas, cosa de agradecer aunque acababa resultando bastante más kumbayá y con mucha menos mala leche que las "aventuras" de Ralph y compañía.
En esta segunda parte se intenta mantener cierto suspense a base dosificar una historia que poco a poco va revelando sus aparentemente inocentes cartas, así como a introducir una serie de personajes que juegan con esa dualidad entre el bien y el mal.
Todo ello aderezado con paisajes apocalípticos muy del estilo Buronson-Hara y su First of the North Star con los inevitables habitantes a caballo entre Mad Max y Resident Evil, la que es más mala que el resto que son muy malas, la del desierto.
Cierta variedad de situaciones, entretiene lo justo sin llegar a hacerse demasiado pesada (para ver una vez, no más), un par de escenas con alguna fotografía interesante, algunos bichos que resultan un cruce entre los infectados de las cintas tipo 28 días y los clickers (o chasqueadores) de The Last of Us y un par de escenas que pretenden resultar duras o emotivas pero que no consiguen llenarnos porque, sobre todo en su parte final, resultan torpes, diluidas y predecibles, en parte porque los personajes secundarios han quedado muy desdibujados.
El cierre de la trilogía no resulta muy seductor, pero con algún giro y golpe en la mesa quizás pueda ser recordada con cariño.
Un saludo.
3 de noviembre de 2015
La sal de la Tierra
Una impactante fotografía en blanco y negro de las minas de oro de Sierra Pelada, Brasil, sirve como pistoletazo de salida de este documental sobre la vida y obra del fotógrafo brasileño Sebastiâo Salgado.
Una captura sobrecogedora, hipnótica, narrada ya desde la experiencia que aportan los años, tras un viaje estremecedor por los rincones más inimaginables de nuestro planeta.
Wim Wenders y el propio hijo de Salgado, Juliano Ribeiro, dan forma a esta odisea que pretende recoger la historia de un hombre que llegó a la profesión de la fotografía de forma casual, nada innato, a través de una cámara destinada a su pareja en un viaje cualquiera.
A partir de este punto, volcará sus esfuerzos en dar a conocer al mundo una serie de reportajes que reflejarán desde la idiosincrasia del ser humano a través de actos históricos hasta los más impresionantes paisajes, en una etapa más crepuscular en busca de la belleza fruto del daño provocado en aquellos primeros años donde sus fotografías inmortalizaron momentos que quebrantarían la voluntad del más fuerte de los mortales.
Es en esa primera etapa, que abarca desde los años 70 hasta bien entrado el año 2000, donde descendería a verdaderos infiernos, retratando la hambruna, la guerra y la mezquindad del ser humano, sobre todo en el continente africano, y donde el corazón del espectador queda en un puño mientras el impacto visual de esas tomas en blanco y negro dan forma a una vida cuya "última" etapa no tiene más remedio que intentar cobijarse en su tierra, en sus raíces, para escapar de esas pesadillas.
Un viaje emocional del que el espectador, a pesar de no ser un entendido en la fotografía, es muy difícil que escape, entre otros motivos porque la narración se encarga de contarnos la historia que hay detrás de esa imagen estática, cuya figura nos mira fijamente a través de unos ojos anodinos en los que la vida se escapa. Tras unos segundos se nos explica su destino, y el silencio da paso a la reflexión y en ocasiones a una montaña rusa de emociones.
Es evidente que por mi afición a la fotografía, la cinta me ha cautivado, pero dejando de lado mi admiración por la calidad del trabajo de este hombre, es preciso destacar que la historia es fascinante, con un montaje cojonudo, con un ritmo que marca la intensidad de los momentos en su justa medida, un viaje rico en matices y situaciones, cuyo resultado es sencillamente brutal y toda una experiencia que recomiendo encarecidamente tanto para los que busquen inspiración, imágenes brutales (algunas son verdaderamente muy duras) o simplemente una historia humana digna de conocer.
Muy recomendable.
Un saludo.
Una captura sobrecogedora, hipnótica, narrada ya desde la experiencia que aportan los años, tras un viaje estremecedor por los rincones más inimaginables de nuestro planeta.
Wim Wenders y el propio hijo de Salgado, Juliano Ribeiro, dan forma a esta odisea que pretende recoger la historia de un hombre que llegó a la profesión de la fotografía de forma casual, nada innato, a través de una cámara destinada a su pareja en un viaje cualquiera.
A partir de este punto, volcará sus esfuerzos en dar a conocer al mundo una serie de reportajes que reflejarán desde la idiosincrasia del ser humano a través de actos históricos hasta los más impresionantes paisajes, en una etapa más crepuscular en busca de la belleza fruto del daño provocado en aquellos primeros años donde sus fotografías inmortalizaron momentos que quebrantarían la voluntad del más fuerte de los mortales.
Es en esa primera etapa, que abarca desde los años 70 hasta bien entrado el año 2000, donde descendería a verdaderos infiernos, retratando la hambruna, la guerra y la mezquindad del ser humano, sobre todo en el continente africano, y donde el corazón del espectador queda en un puño mientras el impacto visual de esas tomas en blanco y negro dan forma a una vida cuya "última" etapa no tiene más remedio que intentar cobijarse en su tierra, en sus raíces, para escapar de esas pesadillas.
Un viaje emocional del que el espectador, a pesar de no ser un entendido en la fotografía, es muy difícil que escape, entre otros motivos porque la narración se encarga de contarnos la historia que hay detrás de esa imagen estática, cuya figura nos mira fijamente a través de unos ojos anodinos en los que la vida se escapa. Tras unos segundos se nos explica su destino, y el silencio da paso a la reflexión y en ocasiones a una montaña rusa de emociones.
Es evidente que por mi afición a la fotografía, la cinta me ha cautivado, pero dejando de lado mi admiración por la calidad del trabajo de este hombre, es preciso destacar que la historia es fascinante, con un montaje cojonudo, con un ritmo que marca la intensidad de los momentos en su justa medida, un viaje rico en matices y situaciones, cuyo resultado es sencillamente brutal y toda una experiencia que recomiendo encarecidamente tanto para los que busquen inspiración, imágenes brutales (algunas son verdaderamente muy duras) o simplemente una historia humana digna de conocer.
Muy recomendable.
Un saludo.
30 de octubre de 2015
27 de octubre de 2015
Del revés (Inside Out)
Pixar nos tiene ya acostumbrados a que cada vez que presenta una de sus obras remueve la consciencia y sacude el mundo de la animación.
Parece increíble que sepa reinventarse, pero esto es lo que vuelve a conseguir con un proyecto a priori "sencillo", tan simple como contar la historia de una familia que se muda de una ciudad a otra, pero el foco no estaba únicamente centrado en el drama familiar, sino que alguien pensó en retratar esa montaña rusa de emociones desde dentro, desde las propias emociones de la protagonista, convirtiendo un proyecto "simple" en algo, sencillamente, titánico.
Es cierto que en, por ejemplo, Toy Story, ya habíamos apreciado esa posible pérdida del eslabón que une la niñez con la adolescencia y a su vez con la edad adulta, mediante esos personajes que acompañan a los más pequeños de la casa en sus aventuras imaginarias y que ayudan a no perder esa chispa y vitalidad tan características, pero desde luego el enfoque en esta última cinta consigue enfatizar esos aspectos que allí quedaban ocultos, sin necesidad de cimentar la historia sobre baqueros, astronautas o Mr. Potatos, sino sencillamente mediante escenificaciones de su propio ser, como son la alegría, la ira, el asco, el miedo y la tristeza, amparados en el escenario más fascinante que pueda existir, nuestro cerebro, o el alma para los más bohemios.
Este escenario, se convierte en todo un caldo de cultivo donde tienen cabida infinidad de posibilidades, desde un prisma imaginario que los adultos son incapaces ya de recordar pero que en algún momento fue parte de su vida y cuya justificación que magníficamente retratada durante la historia.
Sin olvidar la trama, digamos "real", que sirve de hilo conductor y que regala algunos momentos sencillamente magistrales, a la altura de los mejores dramas. En especial el cierre, con una potencia emocional que traspasa la animación y casi se convierte en realidad.
Sin olvidar la trama, digamos "real", que sirve de hilo conductor y que regala algunos momentos sencillamente magistrales, a la altura de los mejores dramas. En especial el cierre, con una potencia emocional que traspasa la animación y casi se convierte en realidad.
Poco o nada malo se puede decir de ella, quizás a alguno le parezca demasiado simplista al reducir a un puñado de emociones la personalidad de un ser humano, o de presentar una familia ciertamente estereotipada, incluso alguno puede alarmarse por la imagen que se da sobre una ciudad como San Francisco, que parece perder por goleada frente a Minnesota por exigencias de guión, pero lo cierto es que también se puede alabar su capacidad para simplificar algo tan inabarcable como puede ser la mente humana durante un periodo de tiempo en el que se debe acostumbrar a un cambio importante que trastoca su hábitat, amistades y que le lleva a una dimensión de responsabilidades hasta entonces desconocidas.
Concentrar todo en una historia que fluya, entretenga y cierre de la forma en que lo hace, quizás deba ser suficiente para reconocer que es una verdadera obra maestra del cine animado.
Un saludo.
20 de octubre de 2015
La Cumbre Escarlata
Guillermo del Toro presenta una historia de terror gótico ambientada en el siglo XIX, bajo la influencia de los libros de Poe y el horror de Lovecraft.
Edith vive en Nueva York bajo la tutela de su respetado y adinerado padre, es una joven intelectual de tendencias bohemias que se verán potenciadas al conocer un enigmático lord inglés que pretende hacer negocios con su familia.
Del Toro consigue una ambientación y puesta en escena prácticamente intachable, una historia que se cuece lentamente, jugando de forma correcta con el espectador suministrándole poco a poco esa esencia de terror gótico, como si del universo de los estudios Hammer se tratase, en un mundo que poco a poco se vuelve decrépito y oscuro, mientras el horror intenta confundir nuestros sentidos apoyado en elementos más cercanos al cine contemporáneo en forma de espectros digitales.
Y aquí prácticamente acaban las bondades en esta nueva propuesta del director de Cronos o Pacific Rim.
En más de una ocasión, él mismo ha comentado que su trabajo se divide, por un lado, en los productos enfocados al Hollywood más comercial, y por otro en los de carácter más personal.
En el primer grupo entrarían los Hellboy o Pacific Rim, cinta que por cierto es un blockbuster con cara y ojos, y en el otro encontramos esas obras de un calado más emocional, original y probablemente más en esencia de autor, como El espinazo del Diablo, El laberinto del Fauno o Cronos.
En el primer grupo entrarían los Hellboy o Pacific Rim, cinta que por cierto es un blockbuster con cara y ojos, y en el otro encontramos esas obras de un calado más emocional, original y probablemente más en esencia de autor, como El espinazo del Diablo, El laberinto del Fauno o Cronos.
El problema de La Cumbre Escarlata es que parece jugar entre los dos mundos y consigue convencer en cierta medida hasta pasado su ecuador, pero se desmorona cuando pone la carne en el asador y debe justificar o darle forma a ese terror cimentado sobre un drama muy justo, casi anodino, de no ser por la correcta interpretación de sus protagonistas, en especial de Loki y su hermana Lucille, la solvente Jessica Chastain.
Es en ese momento en el que la ambientación sube enteros para resguardar las carencias de un guión que comienza a perder fuerza, mientras surgen los clichés y donde la cinta comienza a posicionarse peligrosamente en el lado más experimental, ese en el que se intenta dar un vuelco al terror clásico para acercarlo al contemporáneo, pero donde acaba por perder esa esencia conseguida hasta el momento, para acabar en un experimento algo fallido.
Es en ese momento en el que la ambientación sube enteros para resguardar las carencias de un guión que comienza a perder fuerza, mientras surgen los clichés y donde la cinta comienza a posicionarse peligrosamente en el lado más experimental, ese en el que se intenta dar un vuelco al terror clásico para acercarlo al contemporáneo, pero donde acaba por perder esa esencia conseguida hasta el momento, para acabar en un experimento algo fallido.
Un saludo.
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