12 de agosto de 2011

Auschwitz

A eso de las 4:30 el revisor escupió algo parecido a “osviz” y desapareció por donde había venido. 20 minutos después pisamos una estación bastante antigua, con el suelo lleno de helechos de hierva y con un frío que cada poco se hacía más intenso.

Ya a cubierto dentro del pequeño recinto, ni una palabra de inglés y unas taquillas para dejar las mochilas que sólo aceptaban zlotys la moneda polaca. Primero nos fuimos a la ventanilla y preguntamos por la reserva hacia Praga para era misma noche. Ni una palabra de inglés y por lo que entendimos no podía hacernos la reserva. Desde Auschwitz parece que sólo se pueden hacer reservas de trenes reginales. Bueno, pues después de nuestras visitas nos iríamos a Cracóvia ya que desde allí seguro que podemos ir a Praga directamente. Eso sería más tarde.
Necesitábamos moneda y una señora del quiosco no aceptaba euros así que salí de la estación y crucé la rotonda que hay nada más salir, unos pocos metros calle “abajo” (por decir algo), encontré un cajero y pude sacar efectivo.

Ya con la moneda local la señora sí me pudo cambiar y por 10zl dejamos el equipaje.

Liberados vimos un mapa de la zona y ubicamos el museo de Auschwitz en la parte suroeste de la ciudad, a unos 30 minutos andando. Los buses salen cada quince o veinte minutos algunos, hora otros....
Como teníamos tiempo decidimos caminar y ver si encontrábamos algo para almorzar. Todo cerrado. Absolutamente todo cerrado con el cartelito de que hasta las 8 de la mañana nada.

El sitio es un pueblo, pero pueblo pueblo, con grandes sectores de campo, casitas pequeñas y...hacía fresco, un fresco que cada vez hacía que nos alegráramos de haber pillado ropa de manga larga del equipaje para pasar el día. Incluso cuando sale el sol (que estaba algo nublado), se nota, vale que eran las 5 y pico de la mañana, pero durante el resto del día pudimos confirmar que si el día está nublado, hace un frío de cojones aunque sea agosto, así que mejor ir con algo de ropa.

A 30 minutos encontramos un cartel que indicaba “Auschwitz Museum”. Llegar es fácil, tan sólo salir de la estación, caminas hacia la derecha y la primera carretera que baja la sigues recto (también se puede ir por la segunda). Por el primer camino llegas a un cartel que te indica a la derecha la entrada y por la segunda opción llegas directamente. Nosotros fuimos por la primera por si encontrábamos algún maldito lugar, pero no hubo suerte, todo cerrado.

Entrada principal. En varios idiomas (español incluido) informa que el acceso a partir de las 10 de la mañana es obligatorio con guía contratado, no dice nada de que se puede entrar antes de forma gratuita.
Dimos unas vueltas por el recinto ya que quedaba tiempo y pudimos ver desde su lado oeste un muro con parte de alambrada y la parte superior de algún barracón, de momento, lo poco que podíamos ver desde allí estaba tremendamente bien conservado, tan jodidamente real que parecía estar viendo una peli. Llegamos hasta una torreta de esas típicas de vigía que quedaba fuera del complejo y poco después un pequeño altar con flores y una foto del papa polaco quedaba a pies de una valla desde la que se ve un monumento a las víctimas.

A las 8 en punto abrieron puertas y nos metimos. Al entrar a mano derecha hay un restaurante tipo self service en el que tomar un café o comer algo y nada más entrar tienen unas máquinas de café (se agradecen bastante con el frío). Nada de euros, moneda local.

Pasamos algunas salas y llegamos a una en donde se hace una proyección sobre el holocausto pero mira por donde del 1 al 31 de agosto no se hacía.
Giramos a mano izquierda y nos encontramos en un área grande, de tierra, con alguna zona ajardinada y un mapa del complejo que indica el número de los barracones, letras indicando zonas específicas y un lema llamando al respeto por lo que aquí sucedió.

Dos pasos más hacia delante, giramos la vista a la derecha y allí estaba la puerta con el lema “El trabajo hace libres” (Arbeit macht frei), esa que hemos visto en infinidad de pelis y documentales...huelga decir que mientras caminas te viene a la mente lo sumamente acojonado que debería estar aquella gente. Si ya viendo el panorama de lejos no es muy alegre, por las fotos que a ambos lados se ven de gente caminando a través del mismo sitio en el que estábamos ya ni te cuento. A ambos lados, cercas de alambradas intactas que forman los pasillos llenos de barro y cantos rodados por las que pasaban los prisioneros. El efecto de las alambradas es aterrador, a mi personalmente más que la imagen de los barracones, las alambradas electrificadas me parecen de un panorama muy sórdido y de puro miedo, con esas columnas de piedra inclinadas, el farol típico de alumbrado...todo muy como en las pelis, exactamente como en las pelis, acojonante. La idea de que si te paras a pensar no hace tanto de todo aquello, te amartillea continuamente.
Pasada la puerta puedes caminar libremente por el complejo. No todos los barracones están abiertos al público, pero la gran mayoría son accesibles y cada uno muestra un aspecto del horror.

Los barracones por fuera están exactamente igual que los que aparecen en las fotografías, por dentro se han adecuado para poder visitarlos pero las habitaciones algunas son exhibiciones con información, fotografías, etc y otras están cerradas y muestran tal y como estaban las estancias. Estas son las más acojonantes, pues puedes ver desde las letrinas hasta habitaciones con mobiliario tal y como se lo encontraron al liberar el campo. Pasando por estancias en las que han agolpado toneladas de objetos personales de los prisioneros, se pueden ver gafas, palanganas, cepillos, botas, ropas...

En casi todos los barracones, mientras caminas por las estancias tienes colgados cuadros con el nombre, la identificación y la fecha de ingreso y muerte. Muchos no duraban ni meses. Al principio el efecto choca, conforme avanzas en la visita reparas en la cantidad de gente que allí murió, puedes incluso consultar fichas personales...

Llegamos a la zona de los fatídicos bloques 10 y 11. En los que habían cámaras de aislamiento, celdas de castigo, se utilizaba el 10 para experimentos médicos....y un muro entre estos dos bloques que servía para fusilamientos. Ofrendas florales y un sitio en el que todavía se pueden ver los palos desde los que colgaban por las manos a los infelices mientras eran sometidos a torturas o esperaban su turno para meterles el balazo. Las fotos que acompañan el recorrido son, pues muy jodidas...
Estos dos bloques son un canto a la ida de olla, si ya en otros bloques te informan de que aquí morían por hambre, por esto o por otro, en estos ya te muestran habitaciones desde las que los mataban por inyecciones letales o simplemente salas desde las que se cambiaban antes de ser fusilados y ya ni salían de allí...las paredes manchadas, camillas raídas, picas sucias...de peli de susto, de susto de las de verdad.

Las celdas en la parte inferior muestran un pequeño recorrido desde la que se puede ver algunas en las que morían por asfixia, otras por hambre...otras en las que en 1 metro cuadrado metían a cuatro personas...puertas y mirillas desde la que se veía el recluso desde fuera están intactas. En fin.

Nos pateamos todos los barracones visitables, entre fotografías del horror, grabaciones de audio (algunas simulan el sonido de los raíles del tren...), video...luego puedes caminar por dentro de los cercos de alambrada mientras pasas por los carteles típicos de prohibido el paso en alemán. 

Finalmente llegamos a la zona de las cámaras de gas e incineración. Una enorme chimenea deja a su falda un edificio oscuro, con una puerta como de búnker en su parte trasera y de madera en su principal. Un monolito negro pide respeto por la gente que sufrió en este lugar.
La primera sala es en la que gasearon con el Zyklon B a las primeras "cobayas" humanas para luego directamente usar las cámaras de Birkenau a gran escala. La siguiente tiene hornos para incinerar. La estancia no da mal rollo, da lo que viene después. Tocar esas paredes y pensar en el miedo, la impotencia, buf. El lugar tiene las marcas en las paredes y un pequeño monumento al fondo de la habitación.

Visto el museo. El respeto y la crudeza con lo que lo muestran es asombroso. Si se está pensando en estancias con música lastimera para que todo Dios vaya por el lugar como si fuera un entierro, se está equivocado. El lugar es un templo del silencio, del horror mismo que no necesita de efectos para que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad se haga a la idea de lo que allí sucedió. El clima frío e incluso de lluvia en pleno agosto, no hizo más que potenciar el efecto que nos causó. Un sitio que hay ver y como dicen, no olvidar.

En la misma puerta del museo, un bus cada 15 minutos lleva al segundo complejo, Birkaneu, o Auschwitz 2. Un campo de exterminio en el que llegaban a patadas y eran conducidos a las cámaras de gas o para experimentos médicos.

Llegamos en el bus y nos dejó justo a las puertas de la llama “Puerta de la muerte”, que atraviesa todo el complejo y que llega hasta los dos enormes hornos crematorios, totalmente derruidos tras la liberación y que se pueden visitar para ver los restos de las chimeneas, la salas donde apilaban los cadáveres...

El sitio es enorme, y da mucha más sensación de campo de concentración que Auschwitz 1 por así decirlo, ya que son hectáreas y hectáreas rodeadas por alambradas, con aquella vía del tren que atraviesa su centro.
Visitamos las ruinas de los hornos y un monumento por las víctimas. Nos sentamos a contemplar el final de la vía y la visión lejana de la puerta principal. Lo dicho, como estar en una peli de miedo.

Pudimos entrar en un par de barracones que se conservan perfectamente dentro de lo que cabe. El sitio es oscuro y la sensación de humedad, frío...si ahora es tremenda entonces ni te cuento. Como siempre, las fotos te comparan el antes y el después. Para verlo.

Y finalmente pusimos fin a nuestra visita. Hay muchísima información en internet, datos, números, nombres, pelis...verlo ha sido una experiencia sensorial muy potente, por mucho que se lea o se vean pelis, estar en un lugar así, tocar sus paredes, las vías, las alambradas, los barracones, estancias...supera toda ficción posible, lamentablemente con la realidad. Que no se repita.

Nos fuimos hacia la estación en bus (cualquier parada en la que ponga PKP lleva a la misma). 2Slz.
Pillamos billete a Cracóvia y un señor muy amable nos indicó el andén (aunque tu veas un 1 o 2, pregunta, que en Europa la gente es muy rara y tienen costumbres extrañas).
Nos metimos en el tren y conocimos a unos chavales de Albacete que estaban haciendo su interrail. Unos tíos muy majos con los que intercambiamos información ya que estaban haciendo su ruta a la inversa a la nuestra.

Ya en Cracovia fuimos a reservar los billetes a la estación pero no quedaban literas con lo que tendremos que viajar toda la noche sentados. Oh yeah, como mola. Es lo que hay. Reserva de los asientos 7e los dos.

Teníamos algunas horas, la visita a Auschwitz nos había llevado medio día (menos mal que fuimos a las 8, a partir de las 10 llegan hordas de gente, con lo que, por lo menos durante 2 horas se puede ver el lugar prácticamente solos). Eran sobre las 16h y caímos en que no comíamos nada desde la noche anterior (es lo que tiene estar de vacaciones).
La estación pasa por un centro comercial antes de llegar a la calle, así que buscamos un sitio y vimos un japo que tenía buena pinta, así que pedimos delicias orientales.
Es en general bastante barato, 4slz es un euro en estos momentos, y se hace fácil encontrar platos por 3, 4 o 6 euros bastante decentes. Suponemos que en un centro comercial será más caro, más tarde, paseando por el centro, vimos que hay un poco de todo, pero van por ahí los tiros en zonas turísticas.

Ya comidos pillamos un mapa en un puesto de información y nos dirigimos al centro de la ciudad, a pocos pasos. El sitio tiene buena pinta, un poco fresco para estas alturas del verano, pero bastante animado y con una plaza central enorme, llena de gente, con grupos musicales, algunos con marionetas...visita relámpago que nos dejó buena impresión.

Ya en el tren, como latas en sardinas, nos dirigimos a Praga, siguiente destino. A ver qué tal.

Un saludo!

11 de agosto de 2011

Finishing Buda

Dejamos la habitación casi a las 10 de la mañana para apurar el sueño, ducharnos, etc. Por la noche viajaremos en tren y al día siguiente también, con lo que estaremos guarrunos hasta llegar a nuestro próximo destino hotelero.

En el hostel ya no estaba Amelie, en su lugar había un tipo con cara de haber salido de Prison Break, que hablaba muy deprisa y que no se le entendía una mierda. Como no le entendía le hablé en perfecto castellano para ver si así me ayudaba un poco con mi precario nivel inglés-húngaro. Funcionó, vocalizó y nos entendimos. Al próximo le hablo en catalán, a ver si así nos hace un descuento.

Nos guardaron las mochilas y nos fuimos a visitar el mercado. Budapest está muy bien comunicada por tranvías, autobuses y metro. El ticket que nos sacamos sirve para cualquiera de estos transportes, así que abusamos de ellos cuanto pudimos para salvar determinadas distancias, sobre todo en las horas de más calor.

El mercado se encuentra justo al pie del puente Szabadsag (el verde, vamos) y parece más una estación de tren que un mercado, en cuanto a forma. Por dentro está lleno de paradas en su planta principal, en su planta baja se vende el pescado y en la superior ropa y restaurantes donde comer y picar a precios bastante asequibles. Gulash, salchichas, etc. Mucho plato húngaro, Paprika por un tubo (venden la salsa en tubos) y pastas con una crema por encima que son una bomba de calorías.

El mercado es bonito, curioso de ver, pero se repite bastante en cuanto a puestos, se puede decir que vistos unos pocos vistos todos. En casi todos venden lo mismo. El sitio, está limpio como una patena, eso si, de los más limpios que hemos visto. Curioso.
Había también una exposición de setas, tanto comestibles como venenosas.

Ya fuera del mercado nos fuimos en tranvía hasta la isla Margarita, nos bajamos en la parada que está cerca del puente amarillo. Hay cuatro, el verde, el blanco, el de piedra y el amarillo, los nombres imposibles salvo el que se llama Isabel en honor a Sisí, que es el blanco y el “central” por así decirlo.
A mitad de puente, una carretera a medio asfaltar nos llevó por un paseo hasta la isla que es un enorme pulmón para Budapest en forma de parque con fuentes, extensas zonas de césped donde la gente se tumba y toma el sol, corre, etc.

Nada más entrar en el parque una enorme fuente soltaba chorros de agua al son del himno de Hungría con lo que daba bastante subidón (aunque nos sudan los himnos, pero es chulo). El parque es un lugar muy tranquilo y se agradece el paseo por sus tranquilas arboledas, piscinas públicas y algún que otro restaurante con aromáticas comidas.

Volvimos con las pilas cargadas después de estar tirados un rato por el césped y nos fuimos hacia el Castillo de Buda, para subir por el tren cremallera que dejamos el otro día. Pero antes nos fuimos a comer a un garito en el que pedimos unas setas enormes (pero enormes) rebozadas con salsa y unos macarrones con espinacas. Por cierto que en algunos sitios, en la factura te clavan un servicio extra bien por guiri o bien por sentarte en la terraza en lugar de en el interior. El caso es que va de los 100 a los 400 y pico florines. Lo hemos visto únicamente en los sitios paracomer, cuando te tomas algo no. Pues no se deja propina, a tomar viento.

Ya comidos subimos en el tren cremallera por 800 florines cada uno. La bajada cuesta 1600 pero lo vimos excesivo e inútil, pues la bajada se hace por unas escaleras justo al lado del tren cremallera que, subirlas vale que es un poco palo, pero de bajada...

El tren bien, muy cortito y te ahorra las escaleras (el que vaya al Moon Hill en Yangshuo, China...boh! Eso si eran escaleras) pero poco más, las vistas chulas se aprecian desde la parte alta.

Paseamos por el castillo y cuando nos hartamos de ver a guiris tirando fotos haciendo el mongo regresamos a Pest para tomar unos cafés y descansar un ratillo antes de pillar las mochilas.

La estación de Budapest es un poco caos...no está muy bien indicado lo de los billetes “internacionales” y los marcadores te indican la hora y el destino del tren pero no el número (?¿?¿). Por no decir de que los andenes se dividen en del 1-6 a la izquierda y del 9-13 en la otra. El  nuestro era el número 7. Buscad buscad....En el andén del medio, pero bah, para qué poner número si es obvio.

Budapest nos ha gustado muchísimo, es un cambio radical en cuanto a sitios en los que hemos estado hasta ahora. Su gente puede ser algo borde, algunas calles tienen pinta chunga (sobre todo por la noche) y se nota que llevan 20 años de democracia. Pero esto la hace especial y con un toque diferente. Es un sitio para fliparlo en contrastes y para probar cosas nuevas. Mención especial a sus maravillas en forma de paisajes en el Danubio (la primera vez uno se queda de piedra) y sus edificaciones. Tres días muy intensos.

Ya en el tren, nos marchamos  a Auschwitz para visitarla en 1 día y salir por la noche hacia Praga. Ya veremos como sale el asunto en cuanto a trenes.

Un saludo!

10 de agosto de 2011

Castillos, bastiones y baños termales


El día completo en Budapest lo íbamos a utilizar en visitar la parte de Buda, esto es el castillo y la Ciudadela. También nos acercaríamos al Parlamento y si nos quedaba tiempo a unos baños termales muy famosos que están en el hotel Szt. Gellert.

Después de almorzar bajamos por la calle Rakoczi hasta que llegamos a la parte del puente que vimos la noche anterior. La oscuridad que vimos entonces dejó paso a unas verdes montañas desde las que una imponente fortaleza dominaba el horizonte.

Cruzamos el Danubio mientras lo flipábamos con las vistas del Parlamento a lo lejos, de los otros puentes igual o más impresionantes que el Erzsébet por el que cruzamos y de los edificios que forman la ribera de Danubio, de postal.

Ya en Buda, caminamos dirección al castillo y pasamos por un tren cremallera (tipo, Montserrat) que subía hasta la parte alta, pero decidimos dejarlo para por la tarde ya que entonces la luz del atardecer sería más propicia para las vistas.

Nos tomamos un vermut en un garito de un tipo muy salado que nos estuvo aconsejando sitios para ver (casi todos los teníamos ya escritos, pero el tío estaba tan animado que lo dejamos hacer), luego seguimos y llegamos hasta el llamado Bastión de Pescadores. Una especie de mirador de piedra blanca, con esquinas en forma de columnas como las de los castillos típicos de Rumanía y Transilvania (tipo Drácula, vamos) y con arcos que permiten contemplar toda la extensión de Budapest. Las vistas increíbles y el lugar bastante bonito. Además, músicos amenizan el lugar con lo que el ambiente es cojonudo.

Junto al Bastión, se encuentra la iglesia de Matías, una extraña edificación que parece no seguir un orden en cuento a su estructura. Más tarde leímos que cada X tiempo, se le fue añadiendo partes y cada una de ellas a lo loco. El sitio merece la pena y sobre todo por la noche, luce increíble.

Estábamos a tiro del Parlamento, por lo que decidimos cruzar el puente Széchenyi y visitarlo. Antes de llegar nos entró un poco de hambre y nos metimos en un bar muy familiar en el que nos hicieron la comida delante nuestro, rollo como si te metieras en una casa.

Después de comer llegamos al Parlamento y comenzó a llover, pero no nos impidió visitarlo y fliparlo bastante con la enormidad del sitio. Además, una mujer amenizaba la estancia con unos cánticos así como de Ópera. Al principio pensamos que estaba un poco ida, pero no, la tía estaba realmente cantando ante la bandera de Hungría, con lo que sería algún tipo de acto o algo. De friqui.

Pillamos el metro y volvimos a la zona de la Ciudadela para irnos a pegar un chapuzón a unos baños termales muy famosos en Budapest, los del hotel Szt Geller. Pasada la Ciudadela, justo al llegar al puente Szabadsag (madre de Dios), ya se ve el hotel, muy imponente y con aire de ser caro de cojones.
Para entrar no hace falta ser del hotel, simplemente haces cola justo en la calle que sube antes de llegar a la puerta principal y pillas los tickets. Ibamos a pillar el de 1 hora pero nos dijo no se qué de que no le quedaban (?¿?) y que sólo podía darnos mínimo de 2 horas. Pues bueno. A partir de las 17h el precio de acceso es más barato. De esto nos enteramos en la cola, no sabemos si es cierto o no.

Te dan una especie de reloj pulsera que nos pusimos y tras pasar un vestíbulo que parecía más un palacio que otra cosa (columnas enormes, techos acristalados...increíblemente bonito), llegamos a una máquina en la que mostrando el reloj te daba acceso.

Llegamos a los vestuarios y nos encontramos con un laberinto de puertas por todos lados. Vimos que habían unas máquinas en la pared con el dibujo del reloj, así que acercamos el aparato del demonio y la pantalla nos indicó un 35. Por el culo...

Pues esa era nuestra “taquilla”, deducimos. Llegamos a la puerta y esta se abrió mostrando el reloj de marras, quizás hasta sirva para tirar rayos láser, lo estudiaré.

Nos pusimos el bañador y salimos a la zona de baño.

La piscina es una puñetera obra de arte. Es como una especie de baño romano, rodeada de columnas de mármol marrón, que suben hasta una segunda planta desde la que hay unas balconeras en las que la gente charla o se sienta a descansar en butacas. El techo acristalado y en la piscina, leones vomitan agua a chorro sobre unos asientos sumergidos en las aguas medicinales (eso dicen, que llevan más propiedades que un iogurt de los caros).

Nos metimos en el agua y un tipo nos dijo que teníamos que llevar gorro para el pelo. Coño, había leído que no hacía falta, pues ahora si. Vuelta a las taquillas, pilla pasta y ve a un puesto en el que te venden los gorritos por 100 florines. Coño sólo teníamos un billete de 10000 el tipo nos lo regaló. Boh! Perfecto.

Dejamos el billete y ahora si, al agua. Perfecta. Ni muy fría ni muy caliente. Relax total y encima donde el chorro te puedes sentar. Eli y servidor en el puto cielo.

Luego arrastramos nuestro culo hasta otra piscina en el fondo en el que el agua está a 36ºc, el contrasto es cojonudo y se te adormecen partes del cuerpo (algunas, no todas, eh?).

Aquí había más gente, pero el ir y venir de personas hacen que siempre tengas tu sitio y se esté bastante tranquilo.

Paseamos un poco por el recinto y nos fuimos a la parte superior, en la que hay otra piscina al aire libre que da a la falda de la montaña con lo que el efecto de acantilado sobre nuestras cabezas era brutal. Pero como estaba bastante nublado y hacía viento no nos quedamos mucho rato por ahí.

El sitio es una puta maravilla, y salimos como que flotando del sitio. No sabemos si las aguas medicinales tendrán algún efecto en nosotros, lo que no tiene arreglo...pero el sitio es altamente recomendable. Budapest, mola.
Por cierto, hemos leído auténticas barbaridades sobre el sitio. Que si las duchas están que se caen, los baños, la instalación, el personal...hombre, las duchas no es que sean último modelo, pero hemos visto cosas mucho peores, pero mucho. Perfectamente utilizables. El personal...la recepcionista bien, las señoras que te indican por si tienes algún problema en los vestidores, etc. algo ariscas, pero suponemos que estarán hasta la coronilla de que la gente les pregunte una y otra vez lo mismo. En nuestro caso preguntamos por donde caían los servicios y no tuvimos problema. Los baños simplemente están cojonudos....es nuestra opinión. Quizás tuvimos “suerte”.

Por cierto, las toallas si no las llevas las tienes que alquilar, pero hay una zona de secadores en las que nos metimos y nos secamos enteritos (bueno, el bañador lógicamente no). Son secadores que puedes regular la altura con lo que puedes secarte el cabello, regularlo para la cintura y para ....todo.

Volvimos al hotel, dejamos los bañadores y nos fuimos a cenar a un lugar cercano ya que queríamos (ejem) hacer algunas fotos del Danubio por la noche con el trípode, y para no ir muy cargados buscamos algo cerca del hotel. Encontramos un pu-restaurante con buenos precios y ahí mismo nos metimos. El sitio muy bien y la cena, bebidas y cafés incluidos subió a 17e, lo dicho, Budapest mola. Y eso que la comida del medio día fueron ni 11 o 12e.

Paseando (un paseo nuestro es una forma de hablar) llegamos hasta el Danubio, pero hacía un viento como si todos los Dioses del Olimpo se hubieran enterado que íbamos a hacer fotos nocturnas. Imposible, supongo que con mortero podría fijar el aparato, pero no era plan, así que desistimos y nos volvimos al hotel para descansar. Mañana terminaremos de ver cuatro cosillas que nos quedan y por la noche viajaremos hacia un lugar especial y, creemos, piedra angular de nuestro viaje. Auschwitz.

Un saludo!


9 de agosto de 2011

Budapest

Si en este viaje pillamos jetlag será por el cambio de contrastes entre países. Madre del amor hermoso, a quién se lo ocurriría esta locura...


El viaje hasta Budapest fue tranquilo y con muy poca gente en los vagones. Había una zona para crios en las que un revisor con un poco de malas pulgas metió un dvd “princo edition” con dibujillos Disney para los peques. Qué mal suenan los dibujos en alemán, pero mal mal.


Pero más raro suena el húngaro, eso de que es lengua fino-ugrias debe ser una broma, porque es una mezcla de alemán, ruso y qué se yo que echa para atrás. En fin.



Ya en Kaleti pu, la estación principal pudimos apreciar que el sitio estaba un poco desgastado, en consonancia con algunos barrios que más tarde veríamos. Este sitio mola, es de esos en los que se respira cierto aire decrépito y lo distancia de lo impoluto visto por ejemplo en Viena.
Nos fuimos directamente hacia el hotel, en la parada de la línea 1 (hay 3) Astoria del metro. Antes, nos sacamos un bono de tres días para viajar de forma ilimitada por la red de transportes por 16e los dos. Muy barato en nuestra opinión.



Picamos en uno de esos portones que parecen medio en ruinas y un tipo (o tipa, no sabría decir) preguntó algo del “booking” (reserva). Subimos y el sitio parecía sacado de una peli de susto. Escaleras muy antiguas, alumbrado inexistente...bueno bueno bueno, esto se pone interesante.
Nos atendió la prima hermana rubia de Amelie, igual de flipada (conste que me mola la peli) y con muy poca sangre. Más tarde entendimos que los húngaros suelen ser así.
Nos comentó que nuestra habitación estaba en otro edifico (ya habíamos leído algo al hacer la reserva, no nos sorprendió), así que la seguimos.



Por cierto, el pasaporte de Eli se ha quedado en Viena, lo dejamos como depósito y los muy mamones no nos lo entregaron al hacer el check-out (ni nosotros nos acordamos de pedirlo). En principio no es grave viajando por Europa. Les enviamos un mail para que nos lo envíen a España. Esto viene a que en los hostels, cuando te piden que dejes una identificación como depósito, puedes darle el carnet de la biblioteca. A no ser que sea un sitio con “estudios”, pasan de todo y lo cogen. La prima de Amelie lo miro y lo aceptó. Ale, te quedas con el carnet del gimnasio.



El sitio al que nos llevó estaba algo mejor que el edificio “principal” y la habitación, a pesar de ser una compartida, nos dio una privada de matrimonio por el mismo precio. Ok por Amelie. Ojito para entrar a la habitación, son necesarias 4 llaves. La de la portería, la de la verja que da a la planta del hostel. La del Hostel y la de nuestra habitación. No sabemos si alegrarnos por la seguridad o salir pitando del país.



De momento nos quedamos, que esto es muy divertido.



Como eran cerca de las 3 de la tarde y hacía bastante calor (aquí vuelve a apretar la calor por el día), nos comimos una burguer rápida y fuimos a pillar la reserva a la estación para el siguiente destino. Allí tuvimos que esperar casi una hora en la sala de billetes internacionales (ojo, que hay venda de billetes de Hungría y los otros). La chica que nos atendió era la personita más borde que te puedes tirar a la cara. Le preguntamos por el precio de la reserva de literas y directamente nos sacó el de compartimento de 6. Seguimos preguntando por el precio y nos entregó el billete. Le preguntamos por otra reserva que queríamos hacer y directamente nos cerró la portezuela. Siguiente. Acojonante. Me dieron ganas de decirle un “volveré” y hacerle un alunizaje.



En fin, tenemos lo que buscábamos. Así que no le dimos más vueltas y nos fuimos a pasear por el barrio judío, al norte de la parada de Astoria.



El lugar es como Barcelona, nos recuerda bastante algunas zonas de la Diagonal y algunas de sus calles. Pero si te fijas en los detalles ves que todo está algo derruido, como desgastado, viejo. Tiene su encanto, pero también es cierto que por la zona se ve a mucho indigente.



Decidimos acercarnos al castillo de Vajdahunyad, en la parada de metro de Hosok Tere. El metro por cierto es un espectáculo. Son vagones muy pequeños, bastante antiguos, con sistema de audio que no es mono, es lo que salía por el altavoz del Spectrum, la iluminación es...como decirlo, triste. En algunos vagones nos hemos encontrado con más luz, pero en la mayoría la verdad es que el contraste con el colorido de por ejemplo Viena, es chocante. Eso sumado al silencio sepulcral al entrar al vagón. Nosotros que entramos siempre en tropel...de pandereta, somos del país de la pandereta.
Pero lo más es el aviso de que se van a cerrar las puertas. Suena un zumbido como si estuvieran electrocutando a alguien y un fluorescente emite luces rojas a intervalos. Es de lo mejor, impagable. En la linea amarilla además suena una musiquita a lo super mario bros al llegar a la estación. Pero esto qué es?
El castillo es acojonante. Al parecer es una réplica de uno que hay en Transilvania, con lo que se puede hacer uno a la idea de como es el bicho. De estilo gótico, con esas torres acabadas en punto rollo Drácula. Alrededor del mismo hay un lago donde la gente va en barca y en el que han colocado elementos “decorativos” como coches flotando o casas a medio hundir. Estos húngaros son la leche.



Todo está rodeado de un parque muy guapo y de la plaza de los héroes, una suerte de plaza a lo Tiananmen pero más pequeña y con dos edificios de las artes a ambos lados. Patrimonio de la Humanidad el conjunto, ahí es nada.



Esta zona es muy chula y a pesar de que la guía no mencionaba el sitio, merece la pena. Volvimos al centro de Pest (mañana iremos a la zona de Buda) y buscando un sitio para comer estuvimos mirando precios. La verdad es que es un sitio bastante barato. Comer por la calle un kebab de esos te puede costar entre 2 y 3 euros. Un refresco 1 o 2 y un plato de pasta o algo más elaborado rondan los 6-7 u 8 euros. Hay sitios más exclusivos pero en general los precios están bastante bien.



Pasamos por un sitio que tenía muy buena pinta. El café Longe y vimos que cocinaban platos típicos de hungría desde 4 euros. Así que nos metimos y pedimos un (ya pondré los platos, que no recuerdo el nombre) que estaban que te cagas. La cena 20 euros. El sitio, un lugar decorado de madera, con música jazz de fondo...de friki.



Ibamos a retirarnos, pero la temperatura noctura era tan buena que caminamos hasta llegar al Danubio. Madre de Dios.



La zona del Danubio es impresionante. Los puentes que cruzan la zona de Buda a Pest están iluminados y al fondo se aprecia la Ciudadela (la parte más alta) y a la derecha el Castillo de Buda. Todo iluminado y recortado en la noche. Con la luna cubierta por nubes. Nos quedamos de piedra. Otro de los sitios más bonitos que hemos visto.
La actividad en esta zona no tiene nada que ver con la zona norte. Aquí hay gente mil, comercios a porrillo, luces de neón, música, animación...es un sitio hiper turístico, lo saben y lo explotan. Pero además es precioso.



Por hoy nos retiramos, mañana visitaremos la zona de Buda y veremos esa maravilla de zona con su luz diurna y si es posible crepuscular.



Un saludo!

8 de agosto de 2011

Palacios, emperatrices y laberintos

Almorzamos en un bar que se encontraba nada más volver la esquina del hostel. Hoy visitaríamos el complejo palaciego de Schönbrunn, famoso entre otras cosas por ser la residencia de la famosa Sisí.

Tras un transbordo de metro, llegamos cerca de la entrada principal, hasta los topes de autobuses y turistas mil. Aquello parecía como las batallas de William Wallace, con los clanes y sus estandartes.

Tras abordarnos unas cuantas veces para que les echáramos fotos los dos o tres japos de rigor y la pareja de turno. Llegamos a la entrada principal en donde te ofrecen el pack de entradas. Los hay de varios tipos, unos ofrecen entrada al palacio a medias, otros completo, otros con el completo más jardines...en fin, para todos los gustos y en función de lo que se quiera visitar. A nosotros nos hacía gracia visitar el complejo, los jardines y un laberinto cercano, con lo que la entrada de 16e por persona ya nos valía. La más barata es de 10e (pero sólo entra la visita al palacio “a medias”) y la más cara 40e que incluye hasta una degustación de cocina vienesa. Este último es un pase para varios días.

Tras pillarlo, y como el palacio no abría hasta las 12h nos fuimos a ver los jardines privados. Estos son sencillos, pero tienen unos corredores ajardinados muy bonitos y tranquilos por los que pasear. Decimos sencillos porque los “públicos” que son los que rodean el complejo son enormes, hiper cuidados y muy animados. Estos, se encuentran en la parte este de la entrada principal y se encuentran custodiados por estatuas de la mitología griega, terminando las mismas en una enorme fuente con Neptuno dando caña ahí. Menuda iban a liar los atléticos aquí.

Detrás de la misma, se eleva una colina adaptada para que la gente suba a la parte alta en el que se encuentra La Glorieta, una edificación convertida en bar en su parte baja y desde la que se puede subir a su parte alta para disfrutar de unas vistas privilegiadas de Viena. Este panoramio entraba en la entrada que pillamos, sino es de pago.

Volvimos hacia el Palacio para empezar la visita. Ya dentro te dan unas audio guías táctiles disponibles en 12 idiomas y que mientras tú vas caminando por las estancias, pulsando el dígito de la habitación te cuentan la historia del lugar.

La verdad es que estar en la estancia en la que Mozzart tocó por primera vez ante el emperador austríaco tiene su qué, así como ver las habitaciones privadas de Franz Joseph (Francisco José para los amigos) o Sisí y completar la historia con anécdotas pues resulta interesante. El Palacio además es una puta obra de arte, las habitaciones más nos gustaron fueron las salas asiáticas, aunque en general impresiona bastante lo bien conservado que se encuentra el lugar.

En cuanto a historia, dejando a un lado el tema “rosa” de la vida de Sisí, lo de siempre, un emperador tiene hijos que casa con este para que entre países no haya mal rollo...revoluciones, guillotinas...como casi siempre pasa en cualquier país, da igual que sea China, India, Japón o Austria. El poder y el ser humano tienen un lado muy oscuro. Como en Game of Thrones, pero sin dragones.

Ya fuera de palacio, nos fuimos a visitar el laberinto. Muy chulo y didáctico, entre otras cosas porque hay una zona para los críos con experiencias sensoriales. Huelga decir que Eli comenzó a deborar ideas para aplicarlas con los peques en la guarde. Si es que lo lleva en la sangre.

Decidimos volver al hostel para descansar un ratillo y planificar el resto de la tarde. De camino nos pillamos un par de generosas porciones de pizza y dos refrescos por 7e. Sinceramente, y vistos los precios de menús y demás, creemos que Viena no es cara. Se pueden comer platos desde 5-6e y no importa si el lugar tiene pinta de ser caro, porque los precios están más o menos igual en casi todos los sitios.

Sobre las 17h nos piramos para visitar la famosa ópera de Viena y terminar de callejear por el centro.

La ópera se encuentra nada más salir de la estación Karlsplatz, basta seguir los carteles en donde indica “Oper” por el metro. El edifico, comparado con otros que hemos visto en esta ciudad no es muy impresionante, pero en el metro te ponen música clásica que te acompaña hasta que sales a la calle con lo que da un efecto de euforia muy potente. Incluso lo grabamos en video, muy grande.

La mala noticia era que no podríamos visitarla por dentro, las visitas son cada hora de 10 de la mañana a 16h, así que llegamos tarde por poco, pero no podría ser, cawuentó lo que se menea.

Así que durante el resto de la tarde pateamos por las calles que rodean la Catedral de Viena y nos encontramos con unos espectáculos musicales fantásticos al aire libre, ideales para resarcirnos por lo de la ópera. Pasear por Viena escuchando gente tocando música clásica e incluso piezas de Metálica es tremendo, nos quedamos embobados en más de una ocasión. Además, hay un gran respeto por los artistas callejeros y la gente anima bastante. Es una experiencia muy grande.

Nos sentamos también a tomar algo en el café central, un garito de estilo clásico que lleva en funcionamiento desde principios de 1900 y que es un buen ejemplo de lo que comentamos sobre los precios. Sentarte en un lugar que parece más un palacio que un bar, con un tipo tocando el piano en directo y con un servicio del copón pues hace pensar que te van a clavar un puñal de la hostia. Pues no, un Kaiser Spritz (el vermut italiano de Venecia) y un capuccino nos costó 6e, prácticamente lo mismo que tomártelo en el bar de al lado del hostel. Con esto no decimos que sea barato, pero es para hacerse una idea de que en Viena está bastante equilibrado el tema de precios en cualquier lugar y en comparación con otros sitios de Europa (lo que llevamos visto), no es excesivamente caro.

Entre paseo y paseo nos encontramos un garito japo cerca de la ópera de Viena que tenía buenos precios. Apetecía atracón de sushi, así que nos metimos y pedimos Maki Bento y Tempura roll.
Nos pusimos muy cerdos. Cada menú eran 7e, bastante barato para la cantidad de makis, sushi, carne en teriyaki, salmón y mandangas que nos pusieron. Incluso nos sirvieron un cuenco de sopa de miso que estaba que te cagas.

Rodamos hasta el metro y llegamos al hostel. Mañana a eso de las 9:45 pillaremos el tren hacia Budapest.

No es de extrañar que Viena sea lugar de peregrinaje para amantes de la historia, el arte y la música. Es un lugar sumamente rico en cuanto a patrimonio cultural y ofrece multitud de opciones para que el viajero experimente entre sus múltiples opciones.
Nos ha parecido un lugar muy abierto y su gente, a pesar del rudo acento, bastante amable a pesar del susto inicial. Por compararla con alguna ciudad, es como si Barcelona y Madrid se unificaran para mostrar lo mejor de cada una, pero más completa a nivel organizativo y por supuesto, con una renta media per cápita de 40.000 dólares anuales.

Un saludo!


7 de agosto de 2011

Viena

Los compartimentos del tren para 6 personas eran más bien justos, algo viejunos, pero limpios. Nos tocó con una pareja austríaca y un par de chinitas. Gente maja, no problem.

Viajar en tren litera ya se sabe, ahora te despiertas, ahora calor, ahora ponen el aire frío...en fin. Dentro de lo que cabe, bien, pudimos dormir incluso.

A eso de las 6 de la mañana, las chinitas y la pareja ya se habían bajado en sus respectivas paradas, con lo que tuvimos el habitáculo para nosotros solos el resto del trayecto.

Vimos amanecer a través de la ventana y como la niebla envuelve los campos y montañas que rodean Viena. Es espectacular el paisaje que ofrece. Ya lo indicaban en alguna guía que los alrededores de Viena eran muy bonitos de visitar, damos fe. Los paisajes son increíbles. Campos enormes verdes, casitas que parecen de juguete, lagos...

Almorzamos sobre las 7 (incluido en el billete) y poco después llegamos a la estación de Westbahnof (salut), anunciado por un tipo que parecía gustarse hablando alemán.

El clima es fresco, mucho más que el sofocante calor de Italia. La verdad es que se agradece el cambio. Resulta curioso acostarse en un país con una gente tan animada como la italiana y despertarse en un sitio totalmente distinto. Más tranquilo, serio...curioso.

Dejamos para por la tarde la reserva del billete de tren para el siguiente destino, decidimos ir directamente al hotel y dejar las mochilas para comenzar a visitar el lugar. El hotel se encontraba a poca distancia, el Strawberry youth hostel, a apenas tres calles al sur de la estación.

Llegamos, hicimos el checking y como hasta las dos no podíamos disponer de la habitación, dejamos el equipaje y nos fuimos directamente a visitar la zona.

Nos hicimos con un mapa y pillamos un bono de dos días para viajar de forma ilimitada por la red de transportes de Viena. Por 20e los dos.

El sistema de metro es muy simple, validas el billete una vez y ya puedes pasar cuantas veces quieras. Incluso no tienen barreras en el metro, tu pasas y listo. Igual para salir.

Las calles están impolutas. El tráfico es extraño. Tienen mucha prisa al conducir, si te ven en el paso de peatones, ellos aceleran para intentar pasar. Luego pegan unos acelerones considerables al salir...la impresión es de que tienen prisa. Hay que ir con ojo, hay mucho cruce y vías de tranvía exterior.

Los edificios son verdaderos monumentos. Algunos tienen unos detalles muy bestias y en ocasiones nos recordaron a ciertas zonas de Madrid o Barcelona, pero en general con mucha más cantidad de edificios clásicos, parques y avenidas muy anchas....y algo más limpio.

La red de metro es muy parecida a la de Barna..de hecho no tienen muchas líneas, con lo que es fácil orientarse en el mapa.

Decidimos ir directamente al centro de Viena, a la parada de StephanPlatzs (aquí todo es Platz) y nada más salir nos encontramos con la Catedral de Viena. Es bastante impresionante, pero estaba tapada en gran parte por rehabilitación (menudo viaje de obras llevamos). A pesar de todo, la parte superior del edificio y el característico campanario que se eleva la hostia y media son perfectamente visibles.

Callejeamos por el barrio en el que vivió Mozzart (nos encontramos con grupos de guías a porrillo) y nos fuimos dirección este al Stadt Park. Un parque normalito con un río que estaba en las últimas.

Seguimos hacia el oeste y llegamos a una zona llamada el Naschmarkt, un colorido compendio de tiendas y chiringos de todo el mundo. Comida japonesa, española, francesa, italiana, hindú...además, es también mercado, con lo que pudimos ver cantidad de mercancías exóticas. El sitio no nos pareció nada caro para comer ya que eran casi las 12 y desde el desayuno de las 6 no habíamos comido nada.
Nos sentamos en un sitio de comida bio y nos metimos un par de sandwiches de pollo y queso fresco que estaban increíbles. Regamos con cerveza y yo pedí una especie de vermut con sabor a granadas. El papeo salió por 16e, bastante barato por el sitio y lo que nos comimos. Muy recomendable.

Ya con más fuerzas seguimos hacia la zona de Hofgarten. Un enorme complejo de palacios y museos que llega desde el casco antiguo del centro hasta el barrio de Mariahiff en donde nos encontrábamos en esos momentos.

El sitio es enorme, con jardines, fuentes y unas moles en forma de edificios que te dejan el cuello medio roto. Nos encontramos museos de historia, de ciencias...en cada uno había exposiciones varias con lo que sacarse un bono para visitarlos a un precio razonable no es mala idea, siempre que se disponga de bastante tiempo en Viena.

Seguimos adelante y llegamos a la zona del Parlamento. Nos habían recomendado visitarlo así que nos metimos y por 5e nos ofrecieron una guía del lugar para poder ver las estancias del palacio.

El sitio es una obra de arte, así cualquiera curra. En estancias que más tienen que ver con palacios que con edificios normales, nos enseñaron zonas de presentaciones, el parlamento donde se aprueban las leyes, etc. El sitio merece la pena, es una visita de menos de 1 hora, pero resulta interesante y vistosa.

Eran las 14 así que nos fuimos para hotel. Decidimos descansar un poco y a eso de las 18:30 nos fuimos tranquilamente para visitar el Danubio. Nos apetecía además visitarlo con la luz del atardecer. No fallamos.

Las vistas nada más bajar del metro son increíbles, el enorme río, dividido en dos grandes partes y atravesado por una isla en su mitad, se pierde en el horizonte por el norte rodeado de montañas y hacia el sur hasta donde alcanza la vista.

A ambos lados están construyendo un skyline de edificios, algunos ya levantados y que ofrecen al lugar un aire un poco de futurista pero sin dejar de lado la parte verde de sus parques.

Pasamos todo el puente y visitamos la plaza de México, en donde encontramos una iglesia con forma de castillo de Walt Disney. Curioso.

Ya en el Danubio de nuevo, nos sentamos a cenar en unas terrazas que daban al río mientras anochecía. La zona está llena de bares de música (muchos de ellos latinos) pero también pasada esa zona encuentras lugares tranquilos donde sentarte y contemplar la puesta.

Nos metimos un plato de escapola típica vienesa con ensalada y pollo al gorgonzola regado con birra por 25e. Bastante bien teniendo en cuenta que estábamos a pie del Danubio, en unas mesitas al aire libre y con todo el espectáculo que ofrece el lugar. Fantástico.

Por hoy ya habíamos trotado bastante. Así que nos fuimos al hostel temprano para mañana abordar lo que quedaba. De camino pillamos la reserva para Budapest, nuestro siguiente destino, pero eso será dentro de dos días.

Un saludo!

6 de agosto de 2011

Adiós a la perla del Véneto


Después de almorzar caminamos hacia el norte de Cannoregio hacia una parada de Vaporetto que nos llevaría a Burano.

El sistema de transportes es bastante sencillo. Son lineas de colores como la del metro y los pases van, desde el billete sencillo hasta los bonos por horas, días, etc.

Puedes comprar el ticket en estancos, quioscos o en algunas terminales como la de la estación de Sta. Lucía. El precio es de 6e el billete sencillo, pasando por el bono diario de 16e. En nuestra opinión no es barato, y aunque lo ideal en Venecia es caminar, por trayectos tan cortos cobrar 6e es algo excesivo.

Pillamos el Vaporetto del a línea N (la amarilla) y nos paseamos entre islotes, el cementerio de Venecia, que es, como no podía ser de otra manera, otra isla. Tiene un pinta fantástica por cierto, pero no vimos actividad alguna (ejem) para poder visitarlo.

Llegamos a Burano. Una gran plaza da paso a una calle de comercios de turisteo. Al volver la primera calle nos topamos con un pueblo que parecía diseñado por Tim Burton.

Burano es un pequeño islote de pescadores, con sus canales venecianos y puentes de madera en su mayoría y edificios pequeñitos de colores. Lilas, verdes, rojos, azules, amarillos...una orgía de color a cada cual más bonito. Parece que Murano, isla más famosa que Burano en principio ha dejado escapar visitas en este lugar por lo que sabemos. Y damos fe, porque gente había. Pero como siempre, callejear te aleja bastante de la marabunta.

Tras pasear un ratillo vimos un super en el que nos metimos para comprar algo de pan, embutidos y hacer un picnic. Pudimos ver los precios que gastan los lugareños a la hora de hacer la compra. Por ejemplo, tres cervezas Moretti salen por poco más de 2e. En los bares alcanzan los 3e la copa y la botella 5e. Una entrañable señora muy italiana ella nos atendió a la hora de pagar los embutidos. Era la típica señora con acento cantarín y con un crío pegado a su lado que se empeñaba en meter las manos en la caja registradora mientras ella le impedía que cogiera los billetes con reproches muy italianos. De friqui el momento. Muy grande.

Por 16e nos llevamos queso, jamón cocido, jamón curado, olivas, ganchitos, agua y dos bolsas de paninis para hacer los bocatas.

Nos quedamos en una zona ajardinada en el extremo norte de la isla. Un sitio tranquilo no, lo siguiente. Silencio total, el mar de fondo, una torre a nuestras espaldas muy (pero muy) inclinada. Fantástico.

Como a los compis se les hacía tarde, volvimos a Venecia y finalmente nos despedimos en la estación de Santa Lucía. Nos lo hemos pasado muy bien estos dos días, creo que todos nos llevamos una muy buena experiencia de este lugar.

De nuevo solos ante el peligro, y como teníamos bastante tiempo, decidimos volver a la zona dell'Academia para tirar algunas fotos con luz crepuscular (decidimos es un decir, obligué a Eli, para qué engañarnos). Saciada mi petición friki del día. Volvimos a por las mochilas al hostel y nos fuimos para la estación. Probamos el último helado y granizado de italia y tras estar sentados en las escalinatas un rato y contemplar la vida veneciana por última vez, nos fuimos para nuestro tren litera.

Durante muchos años hemos escuchado muchas cosas sobre Venecia, que huele mal, que no es para tanto, que defrauda, que es maravillosa, que es muy cara, que es mágica, que es única...

Nuestra opinión es que es de esos lugares especiales. Por el mundo, muchas ciudades se jactan de ser, como ya hemos comentado, la Venecia de oriente, de poniente y de muchos entes. Pero si por algo se dice “la Venecia” es por que es única.

No podemos entender, como cualquier persona, cosa o animal no se estremezca al caminar por esos canales, atravesar esos puentes bañados por una luz radiante. Ver esos edificios medio derruidos en los que unas plantas perfectamente colocadas aguantan el tirón. Portales que dan directamente al agua, color turquesa y brillante por las tardes. Por la noche se convierte en una ciudad iluminada, tranquila, serena, de misterio como quien dice.
Tiene tantos detalles por sus calles que se hace difícil reparar en todos (imposible).

Cierto es, que por ejemplo, no tiene sentido pararse a hacer fotos cada vez que pasa uno un puente. Aunque den ganas. Más que nada porque el estilo es parecido, pero siempre hay algún detalle, algún toque de color o forma que llama la atención.

Nuestra opinión es que es un sitio único.

Ya en el tren, y contemplando la luna sobre la costa de Venecia, nos vamos a Viena.

Un saludo!

5 de agosto de 2011

Exploring Venecia


Quedamos sobre las 9:30 en la puerta del hotel y nos fuimos a almorzar a un bar pasando el puente que teníamos al este de nuestro hotel. Allí tomamos unos cafés mientras observamos el bullicio de un día cualquiera en la vida veneciana.

Barcos cargando frutas, verduras, pescado...puestos en las calles vendiéndolo...la vida en Venecia, turisteo a parte, es frenética y no se detiene. Tal y como nos comentó el caballero del bar el día anterior (bar llamado "sinnombre" por cierto), Venecia lo importa absolutamente todo. No tiene producción propia, con lo que viven exclusivamente del mercadeo.

Primero atravesaríamos Cannaregio, una zona en principio no muy turística. Luego pasaríamos por el famoso Ponte Rialto para pasear por San Polo. Finalmente, tomaríamos Dorsoduro para llegar a la plaza de San Marcos.

Cannaregio nos gustó más de lo que pensábamos. Es un lugar de mercadeo, con mucho bar pequeño, plazoletas y mucha actividad. Es la zona más residencial como quien dice. La pinta y los precios del material por lo que vimos más tarde es de lo más barato y con mejor calidad de lo que se puede encontrar.

Entre calle y calle, atravesamos los típicos puentes sobre los canales, nos encontramos con calles que daban directamente al agua....un laberinto, un precioso laberinto. Una de las cosas que hace que te pares de vez en cuando es la manera en la que inciden los rallos de luz sobre las callejuelas. En ocasiones sólo una parte de luz ilumina una zona del canal, el efecto de la luz sobre edificios erosionados e incluso algo inclinados, sobre las plantas que decoran gran parte de las ventanas y balcones...es de postal, sobrenatural. Con el paso de las horas, la luz cambia con lo que los canales parecen distintos, todo ello hace que se convierta aun más en un laberinto si no memorizas ciertas zonas. Lo único que puede “romper” el encanto es la saturación de turistas en algunos puntos, pero tampoco es difícil encontrar puntos solitarios. Sobre todo de noche.

Llegar de un punto a otro de Venecia es fácil si te orientas con los puntos importantes, pero dar un rodeo por una calle que no tiene salida o moverse de la ruta supone en ocasiones una vuelta enorme para intentar encontrar un puente que te lleve al lugar deseado. Pero esto es parte del encanto de esta ciudad.

Entre gentío, músicos callejeros y esquelas varias (cuelgan las esquelas por los muros de Venecia, con datos del difunto, lugar de entierro, etc.) finalmente llegamos divisamos el ponte Rialto, el corazón de Venecia y lugar donde se agolpan turistas mil, gondoleros cantando a capela...un lugar un poco de locura pero donde se aprecia muy bien la esencia veneciana. El lugar de postal, el puente es más grande de lo que imaginamos y, a pesar de tener los comercios cerrados, el lugar es muy bonito.

Decidimos pillar unos bocatas en un bar cercano al Ponte dell'Academia y nos tiramos en un parquecillo muy cuco en donde más de uno se estaba pegando una siesta considerable. Mientras comíamos, en la iglesia cercana tenían “pinchado” coros y música eclesiástica con lo que el efecto era cojonudo.

Ya comidos y después de alguna que otra charla nos acercamos para que los compis pudieran reservar su billete de ferry para Croacia. Esta vez lo pillaron sin problemas.

Seguimos nuestro camino y pasamos por el Ponte dell'Academia, que ofrece en mi opinión de las mejores vistas de Venecia a nivel del Canal Grande. De fondo se aprecia el Dogana di Mare, algo de la plaza San Marco y el tráfico marítimo es de película.

Avanzamos caminando ya por la zona de San Marco y finalmente irrumpimos en la famosa plaza.

El lugar está masificado, como la mayoría de lugares de este tipo, eso no es sorpresa, el mayor problema que nos encontramos era que gran parte de la misma se encontraba tapada por obras de restauración, con lo que el efecto se redujo un poco. En cualquier caso, la fachada principal de San Marco es acojonante a nivel de detalle, de columnas de colores en sus entradas....hasta vimos una boda, en la que apreciamos que los venecianos no usan arroz, tiran burbujas de jabón, curioso.

El Palacio Ducal está justo al lado, flanqueado por la torre del Campanario (que también estaba en obras, pero que se puede apreciar sin problemas), se trata de un edificio gótico blanco a primera vista pero con toques rosados y bastante grande. La parte superior tanto del Palacio como de San Marco es un laberinto de puntas, cúpulas y estatuas. Merece la pena reparar en ellas así como en los “monigotes” que dan las campanadas en la Torre del Reloj de San Marcos.

El puente de los suspiros (por el que pasaban los que iban a ser ahorcados, de ahí el nombre) queda detrás, pero estaba prácticamente ocultado por las obras de rehabilitación. Una lástima.

Repartidos por la plaza, hay varios cafés en donde una banda de músicos tocan en directo para la clientela. Estar sentado en uno de esos bares, mientras escuchas música y de fondo San Marcos no tiene precio, bueno si, 15 euros un capuccino, pero decidimos que sentados en la Plaza el efecto era parecido.
La plaza da directamente al mar, y se puede apreciar en las columnas como el nivel del mismo a veces inunda el lugar. Por las marcas casi medio metro, esto suele suceder en los meses de febrero. En noviembre (la mejor época para visitarla según nos han contado), una niebla poco a poco va cubriendo las calles y le da un aire de misterio acojonante. Por fotos que hemos visto, de película.

Ya de camino hacia el norte, nos paramos en un bar a tomar algo fresco y vimos que casi todo el mundo en Venecia se toma lo que parece ser un bermout rosado que tiene muy buena pinta, decidimos señalarse a la jefa del bar la copa del cliente y pedirle “lo mismo”. El bicho se llama Spritz y es un combinado de vino blanco, bermout rosado y gas. Es barato, está que te cagas y lo ponen en casi todos los lugares. No son tontos los italianos no.

A partir de entonces el Splitz se convirtió en nuestra bebida oficial en Italia, lo puedes encontrar de distintos precios, pero lo razonable es que te lo sirvan por 1,5e en copa normal o si es 2,5e en un copón. Si no te ponen una enorme oliva y naranja acompañando al brebaje, el sitio es cutre.

El resto de la tarde nos perdimos ya por los canales, paseando por calles estrechísimas, con los últimos rallos de luz acariciando esquinas, canales...como mola Venecia.

La ruta degeneró un poco ya que cada poco paramos a tomar un Splitz, con lo que al final pillamos una medio turca considerable. Por el Ponte Rialto encontramos el sitio definitivo para tomar las copas, el della Alba, un garito en el que sirven el mejor Splitz que hemos probado en Venecia, al mejor precio y además pinchan buena música. Sus paredes están decoradas con inscripciones de la gente, nosotros dejamos la nuestra.

Cenamos en una pizzería no muy lejana a Rialto, callejeamos un poco y dimos con ella Pizza Jazz Club y, como se puede imaginar, el sitio estaba ambientado haciendo honor a su nombre. Incluso teníamos al lado un piano que no pude evitar abrir y alguna nota se escapó, como me gustaría saber tocar piano.

Nuestro hostel cierra a la 1 de la madrugada, y aunque la temperatura por la noche es muy agradable, tampoco era plan de quedarnos tirados por alguna plaza. Así que volvimos hacia el hostel. Mañana salimos en tren hacia Viena a eso de las 21h. Nuestros compis se irán al medio día, pero todavía podremos visitar Burano, una pequeña isla que nos han recomendado. Así que mañana pillaremos el Vaporetto y nos daremos una vuelta por las islas colindantes antes de poner punto y final a nuestra estancia en Venecia.

Un saludo!

4 de agosto de 2011

Venecia


Venecia

La idea era pillar el tren de las 9:30 para llegar sobre las 11:30 a Venecia, pero pecamos un poco de novatos con el interrail y cuando llegamos a la estación central de Florencia nos encontramos con que no había sitio para esa hora....y menos mal que fuimos relativamente temprano, porque encontramos para el de las 11:30 con llegada a las 13:30. Menos es nada.

El interrail funciona de la siguiente manera;

Si quieres ir a un lugar pongamos de Florencia a Venecia en tren regional no vale nada pillar el billete, pero digamos que puede tardar unas 5 horas y tienes que hacer transbordo en dos sitios. Si quieres viajar en linea rápida, tarda dos horas, sin transbordos, con sitio reservado, pero has de pagar una cantidad.

Una vez has hecho una cosa o la otra, marcas en el billete de interrail el día utilizado. Si viajas a partir de las 19h y llegas a tu destino después de las 4:00 de la mañana el día a indicar es el del día de llegada, para que cuente como un día de viaje.

Esta es la piedra angular del interrail. Resumiendo, un billete de Florencia a Venecia cuesta 50e, con interrail te sale por 10e en linea directa. En tren regional gratis.

No es que veamos mal el plan interrail, pero creemos que podría ser bastante más completo si las reservas no fueran tan caras para depende qué trayectos...quizás algo unificado como el Japan Rail Pass de Japón no estaría mal en Europa. Un interrrail global pass para toda Europa de 10 días no tiene sentido ya que en trenes regionales apenas vas a poder hacer dos o tres países (como mucho). Vas a tener que reservar fijo, por lo que te deja una sensación extraña. Apreciación personal.

Nos subimos en el tren y dejamos atrás Florencia. Ciudad que nos ha encantado. Es un paraíso para perderse por sus calles. Su riqueza cultural es demasiado grande como para condensarlo en dos días y sus interminables colas para acceder a sus museos invitan a, o bien visitarla en periodos menos turísticos, o bien ir con mucho tiempo. En cualquier caso, para visitar lo “standar” como hemos hecho nosotros, con dos días tienes. Y no es poco.

El tren de linea rápida es bastante cómodo, no como en Japón, pero bastante resultón. Entre cabezada y cabezada llegamos a la penúltima parada del viaje y cuando quedaban unos minutos para llegar al destino, el mar comenzó a deborar el paisaje y esporádicos postes comenzaban a dibujar la costa veneciana.

De lejos ya se puede apreciar parte de sus fachadas y embarcaderos típicos. Pero es cuando uno se va acercando cuando todo adquiere un cariz como de cuento...lo que más tarde me parecería como si de un set de película se tratara.

Nada más bajarnos decidimos poner punto y final a nuestra novatada con el interrail, con lo que fuimos directamente a reservar el billete de nuestro próximo destino. Una vez reservado. Salimos de la estación.

Estamos en Venecia.

La Piazza de Roma se nos mostró ante nuestros ojos. El Canal Grande pasaba por delante nuestro, al frente edificios coloridos amarillos, azules y tonos pastel se funden con el agua. Postes para amarrar embarcaciones con sus característicos colores, rojos, azules, verdes...a la izquierda un inmaculado puente blanco, bullicio, alguna barca. Estamos en Venecia.

Sin palabras seguimos dirección a la plaza S. Geremia todo recto a la izquierda desde la salida de la estación. El hotel que habíamos reservado estaba justo al final de esa calle, a apenas 5 minutos según las señas del mismo.

Cierto. Unos cuantos metros más allá nos topamos con una plaza en la que una enorme, blanca y simple iglesia presidía la zona. Hicimos el checking sin problemas y nos dieron las llaves.

Aquí en Venecia coincidimos con un par de amiguetes, pero como ellos llegarían más tarde, decidimos patear un poco por alrededores para familiarizarnos con el entorno.

Seguimos hacia la izquierda dirección a Cannaregio, una zona supuestamente “dormitorio” para estudiantes y la zona menos turística de Venecia.

Nos topamos con el primer canal típico veneciano sobre un puente de piedra. Qué decir. La estampa es simplemente bella, de cuento. A ambos lados los edificios multicolor que se funden con el agua. Con sus pórticos a pie de río. Las barcas y góndolas a ambos lados mientras alguna atraviesa el puente. Los reflejos, las terrazas al borde del canal...todo es como una especie de cuento. Como si de un set de una película se tratara, parece irreal, pero es un ciudad. Sencillamente es precioso. Hemos visto ciudades con canales como Suzhou, incluso en nuestra tierra tenemos Ampurias....pero si por algo a todas ellas la llaman “la Venecia de X” (donde X España, Oriente, etc.), es por algo, y es porque Venecia es única.

Para hacer tiempo, nos acercamos a un puesto callejero y le pillamos a un hombre un par de “tabolos”, consiste en una especie de masa de pizza enrollada con ingredientes como tomate, atún, queso, olivas...hay variedades a porrillo y valen 3,5e en casi todos los sitios. El tipo era bastante enrollado y hablamos mientras nos servía, de las bondades de Italia y las de nuestra tierra.

Nos animamos y cruzamos el puente de la Piazza de Roma para adentrarnos un poco en los canales de la zona de San Polo. No podíamos esperar a los compis para ver algo del sitio. De cine.

Callejeamos un rato por sitios que parecían sacados de pelis de Tim Burton. Unas calles que se estrechan formando casi una V, que dan paso a plazas anaranjadas tono pastel, con flores en sus ventanas....no es que el sitio sea bonito, es que es acojonantemente bonito.

Nos paramos en una de esa calles que daban al canal y de la que no se puede continuar, simplemente dan a un “palo” de esos de madera que están por todas partes y que sirven para amarrar el “coche”. Allí nos sentamos a contemplar el espectáculo de lanchas, góndolas...

Volvimos al hotel y los compis llegaron, con lo que nos sentamos a tomar algo fresco mientras les ametrallábamos a historias. Los pobres aguantaron el tirón y dieron la talla. Su destino es Croacia después de salir de Venecia, así que les acompañamos en Vapporeto (el “metro” de Venecia, un barco que te lleva a través del Canal Grande) hasta la zona sur de la isla en la que se reservan los billetes. Lamentablemente no pudieron hacer la reserva, con lo que volveríamos al día siguiente por la tarde para que pudieran pillar los tickets.

Aprovechando que estábamos en la parte sur de la isla, fuimos serpenteando las calles evitando la plaza de San Marcos y las zonas más famosas para verlas al día siguiente (que será cuando profundicemos en la zona). Las calles son laberínticas, y creemos que ahí reside su encanto. En perderse, girar, ver, pasar puentes, encontrarse sólo en un cruce y ver pasar un gondoloro cantando a viva voz. Un sitio espectacular, no nos cansaremos de repetirlo. La luz crepuscular además le da un toque increíble.

Por cierto, no hemos percibido olor alguno en sus canales. Tan sólo en alguna calle muy cerrada y oscura, pero no por el canal, sino por algún contenedor de basura aislado. Sus calles están increíblemente limpias, apenas suciedad en sus suelos salvo a última hora del día en el que te puedes encontrar alguna papelera saturada.

Nos paramos en un bar para tomar algo fresco a mitad de camino y allí estuvimos hablando un buen rato con el dueño del garito. Un tipo que nos habló de la situación de su país (Berlusconi...Berlusconiiii!), de curiosidades de Venecia como que les avisan por SMS cuando la marea va a subir e incluso suenan alarmas sonoras....la verdad es que pasamos un buen rato con el caballero.

Un poco más adelante nos sentamos en unas terrazas cerca de un cine al aire libre en el que proyectaban “The Tourist” (ambientada en Venecia) para cenar pizza y celebrar nuestro encuentro con un vinillo italiano (Lacrima di Morro).

El hotel cerraba a eso de las 1 de la mañana y como ya se nos había hecho tarde, decidimos volver de nuevo con una visión más onírica si cabe de Venecia (nos encanta este país). Esta vez por sus calles medio iluminadas por faroles, lo que le da a la ciudad un aire de misterio. Los canales, reposan serenos, y salvo alguna góndola que surca los canales, la actividad es muy tranquila.

Tras equivocarnos varias veces de camino, toparnos con el Casino Veneziano (increíble, iluminado en la noche y a pie del Canal Grande), ver un baile de tango multitudinario en una plaza y pegarnos algún susto con algún veneciano que salía de su casa de golpe en una de esas estrechas casas, llegamos a la estación. Caminamos hacia el hotel y nos sentamos un rato a la fresca en una plaza cercana. No se cansa uno de este lugar. Es muy especial.

Mañana visitaremos los lugares más emblemáticos, pero desde ya podemos decir que Venecia es de los lugares más bonitos que uno puede visitar.

Un saludo!

3 de agosto de 2011

Mercados, iglesias y Lucca under the Tuscan sun


Después de desayunar en el hostel nos largamos para ver el David de Miguel Angel en la via Ricasoli 58, no muy lejos de nuestro hostel. Pero cuando llegamos nos encontramos con que los lunes cerraba, así que nos tendremos que contentar con la réplica de la piazza signora...una lástima, quizás la próxima vez que vengamos profundicemos algo más en cuanto a este tipo de visitas.

Nuestro siguiente destino era el Mercado de Florencia, aprovechamos ya que estábamos para explorar un poco en el mercadillo callejero que montan al rededor del mismo con innumerables puestos de peletería, ropas y complementos varios. Ya que estamos aproveché para comprar un cinturón que me hacía falta, manda huevos que llevo la mochila hasta arriba y no he puesto ni un puñetero cinturón. Regateamos en tres o cuatro puestos y al final conseguimos el único decente por 15e. Dudaba entre uno de la Hello Kitty pero al final me pillé uno más sencillo.

Ya con el cinturón puesto nos metimos en el mercado. Los dientes como sables se nos pusieron. Las paradas son expositores del deseo y la lujuria en forma de comida de todo tipo. Desde enormes bolsas de pasta multicolor y de sabores mil, pasando por fruta, carnes, aceites...estuvimos tentados de pillar comida para el resto del viaje y que le dieran a la dieta del norte....madre mía como vamos a echar de menos el oro líquido, los embutidos y los buenos filetes...hay!

En el mercado hay paradas para degustar el género y también terracitas para sentarse y comerse algún panini o lo que tercie. Sobra decir que los caldos de algunas paradas tenían una pinta y unos precios bastante atractivos, algunos envían el género a tu país incluso. Tentador.

El mercado no tiene nada especial en cuanto a estructura (es enorme, eso si), pero merece la pena por ver el género e incluso para comprar alguna cosilla.

Nos pillamos un par de pizzas mini para almorzar alguna cosilla hasta la hora de comer por 3e las dos en una panadería que encontramos por una callejuela (las hay por todos lados) y nos fuimos para la piazza del Duomo para visitar el interior de la iglesia de Maria de Fiore.
Eli esta vez venía preparada con un pañuelo cortesía del cuñao y la cuñada en su visita a Venecia (muy bonito por cierto, gracias otra vez guapos!) para taparse los hombros.

La cola para entrar es enorme pero avanza a bastante velocidad, con lo que en unos 10 minutos llegamos a la puerta. Allí vimos como echaban para atrás a alguna pareja. Creemos que el tema está en no llevar pantalones cortos por encima de la rodilla y los hombros cubiertos, con esto no hay problema en entrar.

Por dentro es...muy grande. Enorme, espaciosa y sin mucha decoración salvo los grabados, algún busto y cuatro candelabros con velitas cerca de una urna casi a la entrada. Al fondo, bajo la cúpula principal se encuentra el Cristo típico y lo que más llama la atención, un grabado enorme en su techo. Se puede bajar a la parte inferior y por 3e. por persona visitar las catacumbas del sitio. Nosotros nos asomamos y desde la entrada prácticamente se veía bastante, nos dimos por satisfechos.

Tras dos o tres “silenchio per favore....silence please” de un espíritu o algo que había por allí nos marchanos.

Es bonita, más bien sobria, pero por poner un ejemplo, la Catedral de Santiago o la de Barcelona, en su interior nos parecen incluso mejores. Por fuera no tiene rival, eso si. Es algo de otro mundo.

Probamos suerte en el restaurante de la Divina Comedia y esta vez sí que había sitio. Así que nos zampamos unos espaguetis y unos macarrones al vodka. Buen precio y buenas raciones. A la salud de Dante.

Mientras comíamos comentamos el planning de la tarde y como más o menos ya nos habíamos fundido Florencia, decidimos acercarnos a Lucca, un pueblo amurallado al noreste de Pisa (no muy lejos) del que nos han hablado muy bien.
Nos acercamos a la estación central y miramos los horarios, había un tren que llegaba sobre las 16:30 a Lucca. Así que pillamos los billetes (20e ida y vuelta los dos) y nos fuimos de visita.

Durante el trayecto, el supervisor nos pidió los billetes y nos comentó que éstos tienen que “marcarse” en la estación antes de entrar al tren. No entendimos muy bien ya que los habíamos pillado en la máquina expenedora y allí ya habíamos marcado destino, hora y pasajeros. Pues no, hay unas maquinitas naranjas que te “agujerean” el billete y te ponen la fecha y hora. La multa es de 40e por persona por no hacer algo que perfectamente podría hacer la máquina (qué sentido tiene que le digas la hora y el destino al pillar el billete y luego debas picar de nuevo?), el tipo se enrolló bastante y sólo nos sabló 5e por la advertencia. No fuimos los únicos, se sacó un pequeño sobre-sueldo el caballero en nuestro vagón. En fin.

El tren llegó puntual y nada más bajar pasamos una pequeña plaza desde la que ya se divisa la famosa muralla que rodea toda la ciudad. Rodeada de un césped verde (muy verde) y algún arroyo, existen caminos que se adentran en la ciudad y otros que la rodean. Subimos algunas escaleras y salimos a la parte superior de la muralla, un paseo donde la gente va en bici, corre o simplemente camina como nosotros y desde el que se divisa gran parte de la ciudad. Es bastante bonito, tranquilo y además la arboleda te permite pasear a una temperatura cojonuda. Más no se puede pedir. Si, agua. Y la hay en forma de fuentes, fantástico.

Caminamos más o menos dibujando una media luna hasta la parte norte de la muralla, ahí decidimos atravesar la ciudad en dirección a la estación para ver el anfiteatro. Se trata de una plaza circular con bares y terrazas. Como si de una plaza de toros se tratara pero con casitas de colores, etc.

Seguimos callejeando y llegamos a la torre de Sta. Giulia. Subimos por 7e los dos hasta su planta superior para obtener una vista aérea de toda la ciudad. Merece la pena. Lucca desde esa altura luce increíble. Se divisa la muralla, las callejuelas, plazas y se puede apreciar el enclave en la toscana. Muy bonito.

Regresamos a la estación y pusimos punto y final a nuestra visita relámpago a Lucca. Un poco más de tiempo no hubiera estado mal, pero el pueblo es cuco y merece la pena visitarlo.

Ya en Florencia (esta vez marcamos el jodido billete) nos fuimos al hostel, bañito en la piscina y cenamos en il giardino, la pizzería del primer día. Está cerca del hostel y con el cansancio acumulado mejor no patear media ciudad. Más sabiendo que las pizzas y los precios conocidos en il giardino están muy bien.

Punto y final a Florencia. Mañana marcharemos a un sitio que le tenemos ganas de forma muy especial, mañana marcharemos hacia Venecia.

Un saludo!

2 de agosto de 2011

Florencia


Florencia

Nada más levantarnos nos fuimos a tomar un café y capuccino al bar del hostel. Por cierto, sobra decir que el café y los capus están de muerte.

Decidimos irnos directamente para el Duomo y la iglesia de Sta. Maria di Fiore, lo que vimos por la noche tenía que verse a plena luz. Florencia es preciosa, cuesta encontrar algún edificio moderno, lo hay, pero parece que no sea de la ciudad. Sus calles son casi todas empedradas, iluminadas (por la noche, claro) por farolas y con muchas banderitas italianas en la parte baja de los enormes ventanales.
Nos topamos de golpe con el Duomo, increíble. Uno no es que sea un experto en arte (ni lo pretende), pero creo que cualquier persona se quedaría maravillado ante tal enormidad y cantidad de detalles. La fachada blanca principal de Sta. María tiene tal cantidad de relieves, grabados y motivos que podrías quedarte mirando hasta acabar con el cuello roto. La enormidad de la plaza y el gentío no hace sino que potenciar el efecto. Justo al frente de la iglesia se encuentra el Battisterio (suelen estar siempre al lado de la iglesia principal y son pequeños), con una puerta dorada en tres dimensiones (si, en 3D, tiene tres capas de relieve y hace un efecto extraño al mirarlo, no como el de Avatar, pero curioso).
Al lado la enorme torre de Campanille di Gioto se eleva al cielo. Ya se que me repito, pero el que ha jugado a Assasins Creed....es que es exactamente igual.

Estuvimos un buen rato danzando por ahí y admirando el sitio. La entrada para poder visitar la iglesia es de 13:30h a 16:45h. los festivos, los días laborables a partir de las 10 ya es accesible. La entrada es gratuita. Imprescindible para los que van en tirantes llevar algo con lo que taparse. Como Eli iba a lo Sarah Connor decidimos dejar la visita interior para el día siguiente. Así que callejeamos dirección al Ponte Vecchio y pasamos por delante de la casa de Dante Allighieri.

La verdad es que nos hizo mucha ilusión ver la casa donde nació el poeta italiano y del que tanto Eli como yo en su día nos leímos la Divina Comedia. Un libro bastante complejo pero colosal en cuanto a su contenido y riqueza. Había un tipo que tocaba la guitarra española en una de las esquinas con lo que el ambiente era cojonudo. No había mucha gente además.

Seguimos caminando hacia el sur y llegamos a la piazza de Signora, otro hostiazo en la cara con una mole enorme en mitad de otra plaza rodeada de cafés, restaurantes, caballos y una réplica del David de Miguel Angel (el original está en un museo cercano). A este efecto de “hostiazo” le llamamos “la patada”.
Consiste en ir caminando y de golpe y porrazo toparse con verdaderas obras de arte en forma de edificios descomunales. Es como si te quedaras un poco petrificado y te dieran una patada para seguir caminando. De verdad que impresiona, por lo menos a nosotros. Esta plaza es tremenda en cuanto a estatuas, vimos incluso un Perseo con la cabeza de la Medusa en la mano...la calidad y realismo de las obras es acojonante.

Callejeando antes de irnos nos topamos con un antrillo medio escondido, llamado Iduefratellini, en el que vendían unos bollos de pan horneados con variedad de rellenos. El sitio lleva en pie desde el 1800 y pico y decidimos probar el producto bi-centenario. Pillamos uno con rúcula y queso. 3e. Buenísimo.

Pasada la plaza giramos para tirar por Via S. Maria y a lo lejos ya divisamos el famoso puente. Más que nada por el gentío.

A simple vista, no da la impresión de ser un puente. Digamos que no impresiona. A ambos lados de la calle se amontonan pequeñas joyerías donde los locos por el Au van de lado a lado con los ojos como platos.

Pero antes de cruzarlo, vimos que podíamos verlo por su parte externa desde un lateral de la calle. Es ahí donde el puente luce de verdad. Descansa sobre tres enromes columnas de piedra sobre el río Arno, y los pequeños comercios sobre salen en forma de pequeñas casitas, con jardineras en las ventanas, etc. En su mitad, unos arcos dejan ver a través del puente. Precioso, visto desde fuera, precioso.

Lo cruzamos y decidimos parar para tomar algo fresco. Nos metimos en un bar poco después de pasar Piazza de Pitti (las Ramírez nos recomendaron pasar de los jardines de Boboli, así que ni caso) y cervecita y ensalada de queso fresco para adentro.

Descansamos un ratillo al son de los Beatles y Queen y decidimos subir a la Piazza de Michaelangelo, a unos 2 kilómetros al este desde el ponte Vecchio. Desde allí parece que son las mejores vistas de Florencia.

Damos fe. Después de la caminata y de subir un porrón de escalones, las vistas son de órdago. Se divisa absolutamente toda Florencia. Hay unas escalinatas de piedra desde donde sentarse y admirar el lugar. Además, un par de nubes nos acompañaron mientras estábamos en el mirador, con lo que no sufrimos el sol directo. Cojonudo hasta para las fotos.

De vuelta para el hostel, nos sentamos en el café Gilli, en la piazza de la Repubblica (Ponte Vecchio todo recto hacia el norte), un lugar famoso por ser el más antiguo de Florencia (lleva en funcionamiento desde el 1700), con una decoración acojonante en su interior, de estilo Belle Epoque, y en el que se te van los ojos con tanto bombón (de comer), dulce y pastel.
El sitio está muy bien valorado por los italianos, la atención es fantástica y evidentemente es caro de cojones. Capuccino 5e, granizado de menta 8e. Eso si, no es que esté bueno el material, es lo siguiente.
De la carta, como somos muy cutres pues para que la factura no subiera demasiado (algo teníamos que pedir!) pedimos un Bigné Crema que valía 2,5e. Resultó ser una lionesa rellena de crema que estaba de muerte pero del tamaño de una moneda de 2euros, de ahí el precio suponemos. Para vernos compartir una bolita. Ozú.

En fin, dejamos el mundo snobb para los snobbs y nos fuimos para el hostel. Bañico en la piscina de putas digo de termas, sauna y a ducharnos.

Por la noche fuimos pateando y pensamos en el restaurante Divina Comedia que vimos cerca de la casa de Dante, pero estaba a petar. Comer en Florencia es un puto suplicio, un puñetero suplicio porque no haces más que encontrarte sitios que tienen una pinta que te cagas, que salen unos olores de pizzas, pasta, vinos...bufff.
Vimos un sitio que tenía unos platos razonables en cuanto a precios, la media está en los 5e el plato de pasta simple, 8 el elaborado y más de 10 los que son obras de arte. La suerte consiste en que pongan más o menos...ahí ya...
Otra característica es que tenía una buena carta de vinos toscanos, hoy toca regar el gaznate con vinillo. Montepulciano, Nozzole Chianti reserva...Este último no nos sonaba. Bendito internet nos dio las reseñas. Bien valorado en italia, no tanto en España. Decidimos probar para desempatar.

No es que sepamos mucho de vinos, pero el bicho estaba cojonudo. Suave, no pegaba viaje alguno, punto dulzón y apenas coloca. Perfecto para poder volver al hostel.

La pasta del sitio estaba buena, pero mejorable, no moló que tardaran ni tres minutos en servirnos el plato después de pedirlos. Malas cartas. Aun así estaba buena y servían cantidad. El vinillo salió por 18e, la pasta 17e los dos.

Viendo Florencia desde una perspectiva mas onírica decidimos bajar al ponte Vecchio para verlo por la noche. Resulta bastante fácil orientarse en esta ciudad gracias a la iglesia de Santa Maria y su torreón di Gioto. Una vez tienes claro donde están, todo está a tiro de piedra y como en cada esquina te encuentras con una piazza o un monumento, no paras de estar entretenido en sus calles.

El ponte Vecchio por la noche es precioso. Las luces iluminan las aguas y el reflejo hace un efecto sobre el río Arno tremendo. En mitad del puente tocaba un tipo que a mi me recordó un poco a Sergio Dalma pero con la voz menos rasgada (y en italiano, claro) que versionaba cosas como Mad World, etc. Sobra decir que caminar por el paseo del río, con el ponte Vecchio de fondo y con música pues....

De camino hacia el hostel, por toda Florencia nos encontramos gente tocando en las calles, uno tocó la de Wonderwall de Oasis con lo que Eli entró en trance. Nos gustó mucho un grupo de chavales que tocaba en la piazza del Duomo, menuda voz gastaba el cabrito.

La oferta cultural nocturna (y gratuita) es extensa, puedes tomar algo en un bar o simplemente sentarte en un banco mientras grupos tocan música (hombre, si le echas una monedilla tampoco está mal) de todo tipo. Incluso habían unos con violines rollo Titanic.

Nos gusta Florencia. Mañana a terminar de ver cuatro cosillas que nos quedan.

Un saludo!

1 de agosto de 2011

Pisa

Pisa

A eso de las 10:30 embarcamos con Vueling destino a Pisa. Previamente tuve que descalzarme y casi quitarme los pantalones porque en uno de los bolsillos tenía un filtro para el objetivo de la cámara de fotos y no paraba de pitar en el control, por un momento nos vimos jodidos, pero no, se lo tomaron bastante bien.
Todavía nos resulta increíble el pensar en un maldito vuelo de apenas 1 hora y media.

El vuelo correcto, como quien dice subir y bajar. A eso de las 12:00 salimos del avión y pisamos suelo italiano. We are under the Tuscan sun.

Temperatura, igual que en España, gente muy parecida...es cierto que Italia a primera vista resulta asombrosamente parecida a nuestro país, pero hay detalles, que más tarde comentaremos.

Lo primero que teníamos que hacer era ir a la estación central de Pisa para dejar las mochilas y despreocuparnos, sobre todo yo, que se me ha ido la mano metiendo cachivaches y no es que pese, es que es un puto muerto. Total, cargadores, cables, portátil, trípode, ropa, más cables, una nintendo, libros....se me ha ido la olla. Por un momento casi pensé en tirar la ropa por el río Arno de Pisa.

En fin, nada más salir del avión pasamos a una sala bastante pequeña donde la gente recoge su equipaje como si el mundo se fuese a acabar. Ya con las mochilas salimos de la terminal y pasamos por delante de una estación de tren que cobraba 11 euros por llevarnos a la estación central. Eli había visto que había un bus que por un euro te llevaba, así que preguntamos y un chico que se parecía a Fabricio Cannavaro nos indicó la parada. Poco después nos subimos en un bus que en unos 10 minutos nos dejó en la misma puerta de la estación central, 1,5e cada uno. No entendemos lo del tren.

En la estación buscamos un sitio que habíamos leído para dejar los equipajes, lo encontramos en la parte digamos izquierda de la estación, está indicado al lado de los paneles informativos, algo de Baggio o Baggagio...algo así.
Por 6 euros un tipo que parecía Mario Bros nos guardó las mochilillas mientras visitábamos Pisa.

Ya liberados seguimos la via Corso que según la guía nos llevaba al casco antiguo y por ende al famoso lugar de la torre. Para encontrar esta calle tan sólo hay que seguir recto nada más salir de la estación, no tiene pérdida. Como curiosidad, a los italianos les suda bastante que el semáforo esté en cualquier color, ellos pasan y punto, además, una vez que pasan hacen un gesto señalando al semáforo como diciendo “joder, no ves el color?”. Los conductores pillan unos rebotes bastante potentes, pero como van con las ventanillas subidas todavía no hemos visto una discusión potente en italiano. Ardemos de ganas. En fin, por contra, los conductores, a pesar de ir bastante follaos, suelen pararse bastante para dejarte pasar. Curioso.

Comenzamos a ver coloridos edificios, con ventanales alargados enormes la mayoría de color verde oliva, sin apenas alfeizar y con aire mediterráneo. De hecho, nos recordó incluso al centro de Girona. Pero poco a poco las calles se estrechan, aparecen pizzerías a cascoporro, y heladerías, creo que en nuestras vidas no hemos visto heladerías con esas pintas, madre de Dios, aquí van a caer unos cuantos.
La peculiaridad es que algunas son verdaderas obras de arte, con entradas talladas de piedra, querubines....vamos, que vas a comprar un puto helado y casi podrían cobrar entrada. Hermoso.

Pasamos el río Arno y decidimos callejear un poco, la verdad es que las calles tienen muchísimo encanto, un casco antiguo, tranquilo y muy colorido.
Llegamos a la Piazza del Cavallieri y lo flipamos bastante con el edificio de la Universidad, totalmente blanca y con dibujos grabados en sus paredes, todo muy grande y espacioso. Además apenas había nadie.

Como eran cerca de las 14h, nos paramos a comer en unas terrazas cercana al Cavallieri, vimos los precios y decidimos estrenar nuestra cervecita fresca y un plato de pasta, veamos si hacen honor.

Pues si, la lasagna y los gnochis estaban que te cagas. La cerveza bien fría (me recordó a la Kingfisher de la India) y encima cerca nuestro había un interfono por el que se escuchaba a una mujer hablando italiano (supongo que había un cruce con el teléfono), muy grande, qué salero tenía la jodía.

Los platos costaban 6 euros cada uno, las birras picaban un poco, 3 euros cada una y los cafés 1,5e. Por la situación y lo que vimos más tarde, no estaba mal, pero se puede comer por 3 o 4 euros y el menú consiste en 1 porción de pizza y un refresco. Nosotros como ya tenemos una edad, necesitábamos algo más consistente. Y la cerveza no se perdona.

Ya descansados y con el pomodoro en el cuerpo, caminamos un ratillo más y de golpe nos topamos de frente con la torre de Pisa.

Hay que joderse, mira que la hemos visto veces por la tele, en fotos...pues sinceramente, creemos que no le hace justicia.

Para empezar es más grande de lo que aparenta, es de un blanco radiante, muy cuca y encima con esa inclinación la hace ser uno de los monumentos más bonitos que hemos visto, es especial, es un sitio especial.

No sería lo mismo sin el Battisterio y el Domo, los dos edificios que la acompañan. Verdaderamente bonitos, el primero es un edificio con forma de “tapón” con una cúpula marrón y el segundo es una iglesia, ambas de estilo renacentista, imponente pero por lo que sabemos no le llega a la altura a la de Florencia. En cualquier caso la estampa es brutal. En cualquier momento parecía que iba a salir Enzo de Assasin's Creed a subirse por ahí. Lo dicho, precioso.

Medio embobados estuvimos dando vueltas por el parque. Evidentemente, todo Dios estaba haciendo la típica foto aguantando la torre, es brutal, los japos se desviven y vimos incluso discusiones de padres acalorados porque sus hijos no posaban bien....en fin.
Decidimos solidarizarnos con los pobres chiquillos y no nos hicimos la foto típica, a tomar por culo. En cambio, fotografiamos a la de gente haciendo el paripé jeje.

Estuvimos “buscando” al gordito de la peli de Superman, aquél que perdía los nervios en su parada de réplicas de la torre, pero no hubo suerte, así que la final compramos por un eurillo una mini réplica de la torre, no nos podíamos ir sin llevarnos una.

Decidimos volver hacia la estación, ya eran cerca de las 16:30 y el checking del hotel en Florencia creo que era sobre las 18-19h.

Recogimos las mochilas a Mario, sacamos los tickets en la máquina (12e los dos billetes, impreso en uno solo, curioso, eso es ahorrar) y nos metimos en el andén 8 rumbo a Florencia.
En el trayecto conocimos a Valerij, un viajero ruso que vive en Munich desde hace 20 años y estuvimos hablando sobre viajes. Un tipo muy simpático, que se ha pulido Italia entera y que próximamente igual visita Valencia o Barcelona.

El trayecto duró una hora y media. Nos despedimos de Valerij y salimos por la puerta este de la estación. Nada más salir nos topamos con la iglesia de Maria Novella, sobria estructura y rodeada de un casco antiguo parecido al de Pisa pero más concurrido. De momento no nos paramos mucho ya que queríamos llegar al hostel para dejar el cargamento. Subimos por la via Nazionale todo recto, pasado un parque la calle se convierte en via Alexandria, unos 10 minutos caminando desde la estación.

Hicimos el checking, 3 noches en habitación para 4 personas. El sitio está muy bien, limpio, instalaciones muy completas, piscina, bares, sauna, gimnasio...joder joder como se están modernizando los jodidos hippies.

Con la paliza de Pisa, decidimos bajar y darnos un chapuzón en la piscina, que estaba helada, pero helada de verdad. Además, tiene unos focos en el fondo que cambian de color con lo que el sitio parece un poco como una casa de putillas, mola. A Eli le recordó a las termas romanas de Barcelona. Disparidad de opiniones.

Hicimos una sauna, nos secamos y a la ducha. Algo más relajados, nos fuimos a cenar no muy lejos del hostel, a una pizzería que tenía buena pinta cerca del parque que atravesamos esa misma tarde. Il Giardino di Barbano, oh, como mola hablar italiano, es como si estuvieses cantando todo el puto rato. El sitio fantástico, con aire vintage muy guapo y las pizzas de miedo, 8e cada una. De postre cassata, un helado típico de la zona que bueno, en fin...pues eso, te cagas. No tenía mucho que ver con el postre que solemos tomar en Ponte Vecchio en Sanvi, pero suponemos que habrán muchas variedades.

Rodando decidimos dar un paseo para bajar la comida un poco y a lo tonto a lo tonto llegamos a la Piaza del Duomo, centro de Florencia. Nos quedamos de piedra, acojonante, y eso que era de noche y había zonas sin iluminar, pero el sitio increíble. Una mole de edificio lleno de detalles en mitad de un caso antiguo empedrado.
Nos hubiéramos dado una vuelta pero decidimos dejarlo para el día siguiente, hoy estábamos reventados, así que mañana más.

Volvimos correteando las calles tranquilamente y viendo detalles en sus calles. Es muy común toparse con un “mini santuario” con una Virgen dentro por las calles. Suelen estar ubicadas a cierta altura casi en las esquinas de las calles. Algunas son muy horteras y hasta les ponen luces de neón, otras están acristaladas y recubiertas por un empedrado precioso. En Nápoles hay uno dedicado a Maradona. Benditos italianos.

Algo cansados (sólo un poco), nos fuimos a la piltra. Mañana toca patearse Florencia.

Un saludo!