4 de agosto de 2011

Venecia


Venecia

La idea era pillar el tren de las 9:30 para llegar sobre las 11:30 a Venecia, pero pecamos un poco de novatos con el interrail y cuando llegamos a la estación central de Florencia nos encontramos con que no había sitio para esa hora....y menos mal que fuimos relativamente temprano, porque encontramos para el de las 11:30 con llegada a las 13:30. Menos es nada.

El interrail funciona de la siguiente manera;

Si quieres ir a un lugar pongamos de Florencia a Venecia en tren regional no vale nada pillar el billete, pero digamos que puede tardar unas 5 horas y tienes que hacer transbordo en dos sitios. Si quieres viajar en linea rápida, tarda dos horas, sin transbordos, con sitio reservado, pero has de pagar una cantidad.

Una vez has hecho una cosa o la otra, marcas en el billete de interrail el día utilizado. Si viajas a partir de las 19h y llegas a tu destino después de las 4:00 de la mañana el día a indicar es el del día de llegada, para que cuente como un día de viaje.

Esta es la piedra angular del interrail. Resumiendo, un billete de Florencia a Venecia cuesta 50e, con interrail te sale por 10e en linea directa. En tren regional gratis.

No es que veamos mal el plan interrail, pero creemos que podría ser bastante más completo si las reservas no fueran tan caras para depende qué trayectos...quizás algo unificado como el Japan Rail Pass de Japón no estaría mal en Europa. Un interrrail global pass para toda Europa de 10 días no tiene sentido ya que en trenes regionales apenas vas a poder hacer dos o tres países (como mucho). Vas a tener que reservar fijo, por lo que te deja una sensación extraña. Apreciación personal.

Nos subimos en el tren y dejamos atrás Florencia. Ciudad que nos ha encantado. Es un paraíso para perderse por sus calles. Su riqueza cultural es demasiado grande como para condensarlo en dos días y sus interminables colas para acceder a sus museos invitan a, o bien visitarla en periodos menos turísticos, o bien ir con mucho tiempo. En cualquier caso, para visitar lo “standar” como hemos hecho nosotros, con dos días tienes. Y no es poco.

El tren de linea rápida es bastante cómodo, no como en Japón, pero bastante resultón. Entre cabezada y cabezada llegamos a la penúltima parada del viaje y cuando quedaban unos minutos para llegar al destino, el mar comenzó a deborar el paisaje y esporádicos postes comenzaban a dibujar la costa veneciana.

De lejos ya se puede apreciar parte de sus fachadas y embarcaderos típicos. Pero es cuando uno se va acercando cuando todo adquiere un cariz como de cuento...lo que más tarde me parecería como si de un set de película se tratara.

Nada más bajarnos decidimos poner punto y final a nuestra novatada con el interrail, con lo que fuimos directamente a reservar el billete de nuestro próximo destino. Una vez reservado. Salimos de la estación.

Estamos en Venecia.

La Piazza de Roma se nos mostró ante nuestros ojos. El Canal Grande pasaba por delante nuestro, al frente edificios coloridos amarillos, azules y tonos pastel se funden con el agua. Postes para amarrar embarcaciones con sus característicos colores, rojos, azules, verdes...a la izquierda un inmaculado puente blanco, bullicio, alguna barca. Estamos en Venecia.

Sin palabras seguimos dirección a la plaza S. Geremia todo recto a la izquierda desde la salida de la estación. El hotel que habíamos reservado estaba justo al final de esa calle, a apenas 5 minutos según las señas del mismo.

Cierto. Unos cuantos metros más allá nos topamos con una plaza en la que una enorme, blanca y simple iglesia presidía la zona. Hicimos el checking sin problemas y nos dieron las llaves.

Aquí en Venecia coincidimos con un par de amiguetes, pero como ellos llegarían más tarde, decidimos patear un poco por alrededores para familiarizarnos con el entorno.

Seguimos hacia la izquierda dirección a Cannaregio, una zona supuestamente “dormitorio” para estudiantes y la zona menos turística de Venecia.

Nos topamos con el primer canal típico veneciano sobre un puente de piedra. Qué decir. La estampa es simplemente bella, de cuento. A ambos lados los edificios multicolor que se funden con el agua. Con sus pórticos a pie de río. Las barcas y góndolas a ambos lados mientras alguna atraviesa el puente. Los reflejos, las terrazas al borde del canal...todo es como una especie de cuento. Como si de un set de una película se tratara, parece irreal, pero es un ciudad. Sencillamente es precioso. Hemos visto ciudades con canales como Suzhou, incluso en nuestra tierra tenemos Ampurias....pero si por algo a todas ellas la llaman “la Venecia de X” (donde X España, Oriente, etc.), es por algo, y es porque Venecia es única.

Para hacer tiempo, nos acercamos a un puesto callejero y le pillamos a un hombre un par de “tabolos”, consiste en una especie de masa de pizza enrollada con ingredientes como tomate, atún, queso, olivas...hay variedades a porrillo y valen 3,5e en casi todos los sitios. El tipo era bastante enrollado y hablamos mientras nos servía, de las bondades de Italia y las de nuestra tierra.

Nos animamos y cruzamos el puente de la Piazza de Roma para adentrarnos un poco en los canales de la zona de San Polo. No podíamos esperar a los compis para ver algo del sitio. De cine.

Callejeamos un rato por sitios que parecían sacados de pelis de Tim Burton. Unas calles que se estrechan formando casi una V, que dan paso a plazas anaranjadas tono pastel, con flores en sus ventanas....no es que el sitio sea bonito, es que es acojonantemente bonito.

Nos paramos en una de esa calles que daban al canal y de la que no se puede continuar, simplemente dan a un “palo” de esos de madera que están por todas partes y que sirven para amarrar el “coche”. Allí nos sentamos a contemplar el espectáculo de lanchas, góndolas...

Volvimos al hotel y los compis llegaron, con lo que nos sentamos a tomar algo fresco mientras les ametrallábamos a historias. Los pobres aguantaron el tirón y dieron la talla. Su destino es Croacia después de salir de Venecia, así que les acompañamos en Vapporeto (el “metro” de Venecia, un barco que te lleva a través del Canal Grande) hasta la zona sur de la isla en la que se reservan los billetes. Lamentablemente no pudieron hacer la reserva, con lo que volveríamos al día siguiente por la tarde para que pudieran pillar los tickets.

Aprovechando que estábamos en la parte sur de la isla, fuimos serpenteando las calles evitando la plaza de San Marcos y las zonas más famosas para verlas al día siguiente (que será cuando profundicemos en la zona). Las calles son laberínticas, y creemos que ahí reside su encanto. En perderse, girar, ver, pasar puentes, encontrarse sólo en un cruce y ver pasar un gondoloro cantando a viva voz. Un sitio espectacular, no nos cansaremos de repetirlo. La luz crepuscular además le da un toque increíble.

Por cierto, no hemos percibido olor alguno en sus canales. Tan sólo en alguna calle muy cerrada y oscura, pero no por el canal, sino por algún contenedor de basura aislado. Sus calles están increíblemente limpias, apenas suciedad en sus suelos salvo a última hora del día en el que te puedes encontrar alguna papelera saturada.

Nos paramos en un bar para tomar algo fresco a mitad de camino y allí estuvimos hablando un buen rato con el dueño del garito. Un tipo que nos habló de la situación de su país (Berlusconi...Berlusconiiii!), de curiosidades de Venecia como que les avisan por SMS cuando la marea va a subir e incluso suenan alarmas sonoras....la verdad es que pasamos un buen rato con el caballero.

Un poco más adelante nos sentamos en unas terrazas cerca de un cine al aire libre en el que proyectaban “The Tourist” (ambientada en Venecia) para cenar pizza y celebrar nuestro encuentro con un vinillo italiano (Lacrima di Morro).

El hotel cerraba a eso de las 1 de la mañana y como ya se nos había hecho tarde, decidimos volver de nuevo con una visión más onírica si cabe de Venecia (nos encanta este país). Esta vez por sus calles medio iluminadas por faroles, lo que le da a la ciudad un aire de misterio. Los canales, reposan serenos, y salvo alguna góndola que surca los canales, la actividad es muy tranquila.

Tras equivocarnos varias veces de camino, toparnos con el Casino Veneziano (increíble, iluminado en la noche y a pie del Canal Grande), ver un baile de tango multitudinario en una plaza y pegarnos algún susto con algún veneciano que salía de su casa de golpe en una de esas estrechas casas, llegamos a la estación. Caminamos hacia el hotel y nos sentamos un rato a la fresca en una plaza cercana. No se cansa uno de este lugar. Es muy especial.

Mañana visitaremos los lugares más emblemáticos, pero desde ya podemos decir que Venecia es de los lugares más bonitos que uno puede visitar.

Un saludo!

3 de agosto de 2011

Mercados, iglesias y Lucca under the Tuscan sun


Después de desayunar en el hostel nos largamos para ver el David de Miguel Angel en la via Ricasoli 58, no muy lejos de nuestro hostel. Pero cuando llegamos nos encontramos con que los lunes cerraba, así que nos tendremos que contentar con la réplica de la piazza signora...una lástima, quizás la próxima vez que vengamos profundicemos algo más en cuanto a este tipo de visitas.

Nuestro siguiente destino era el Mercado de Florencia, aprovechamos ya que estábamos para explorar un poco en el mercadillo callejero que montan al rededor del mismo con innumerables puestos de peletería, ropas y complementos varios. Ya que estamos aproveché para comprar un cinturón que me hacía falta, manda huevos que llevo la mochila hasta arriba y no he puesto ni un puñetero cinturón. Regateamos en tres o cuatro puestos y al final conseguimos el único decente por 15e. Dudaba entre uno de la Hello Kitty pero al final me pillé uno más sencillo.

Ya con el cinturón puesto nos metimos en el mercado. Los dientes como sables se nos pusieron. Las paradas son expositores del deseo y la lujuria en forma de comida de todo tipo. Desde enormes bolsas de pasta multicolor y de sabores mil, pasando por fruta, carnes, aceites...estuvimos tentados de pillar comida para el resto del viaje y que le dieran a la dieta del norte....madre mía como vamos a echar de menos el oro líquido, los embutidos y los buenos filetes...hay!

En el mercado hay paradas para degustar el género y también terracitas para sentarse y comerse algún panini o lo que tercie. Sobra decir que los caldos de algunas paradas tenían una pinta y unos precios bastante atractivos, algunos envían el género a tu país incluso. Tentador.

El mercado no tiene nada especial en cuanto a estructura (es enorme, eso si), pero merece la pena por ver el género e incluso para comprar alguna cosilla.

Nos pillamos un par de pizzas mini para almorzar alguna cosilla hasta la hora de comer por 3e las dos en una panadería que encontramos por una callejuela (las hay por todos lados) y nos fuimos para la piazza del Duomo para visitar el interior de la iglesia de Maria de Fiore.
Eli esta vez venía preparada con un pañuelo cortesía del cuñao y la cuñada en su visita a Venecia (muy bonito por cierto, gracias otra vez guapos!) para taparse los hombros.

La cola para entrar es enorme pero avanza a bastante velocidad, con lo que en unos 10 minutos llegamos a la puerta. Allí vimos como echaban para atrás a alguna pareja. Creemos que el tema está en no llevar pantalones cortos por encima de la rodilla y los hombros cubiertos, con esto no hay problema en entrar.

Por dentro es...muy grande. Enorme, espaciosa y sin mucha decoración salvo los grabados, algún busto y cuatro candelabros con velitas cerca de una urna casi a la entrada. Al fondo, bajo la cúpula principal se encuentra el Cristo típico y lo que más llama la atención, un grabado enorme en su techo. Se puede bajar a la parte inferior y por 3e. por persona visitar las catacumbas del sitio. Nosotros nos asomamos y desde la entrada prácticamente se veía bastante, nos dimos por satisfechos.

Tras dos o tres “silenchio per favore....silence please” de un espíritu o algo que había por allí nos marchanos.

Es bonita, más bien sobria, pero por poner un ejemplo, la Catedral de Santiago o la de Barcelona, en su interior nos parecen incluso mejores. Por fuera no tiene rival, eso si. Es algo de otro mundo.

Probamos suerte en el restaurante de la Divina Comedia y esta vez sí que había sitio. Así que nos zampamos unos espaguetis y unos macarrones al vodka. Buen precio y buenas raciones. A la salud de Dante.

Mientras comíamos comentamos el planning de la tarde y como más o menos ya nos habíamos fundido Florencia, decidimos acercarnos a Lucca, un pueblo amurallado al noreste de Pisa (no muy lejos) del que nos han hablado muy bien.
Nos acercamos a la estación central y miramos los horarios, había un tren que llegaba sobre las 16:30 a Lucca. Así que pillamos los billetes (20e ida y vuelta los dos) y nos fuimos de visita.

Durante el trayecto, el supervisor nos pidió los billetes y nos comentó que éstos tienen que “marcarse” en la estación antes de entrar al tren. No entendimos muy bien ya que los habíamos pillado en la máquina expenedora y allí ya habíamos marcado destino, hora y pasajeros. Pues no, hay unas maquinitas naranjas que te “agujerean” el billete y te ponen la fecha y hora. La multa es de 40e por persona por no hacer algo que perfectamente podría hacer la máquina (qué sentido tiene que le digas la hora y el destino al pillar el billete y luego debas picar de nuevo?), el tipo se enrolló bastante y sólo nos sabló 5e por la advertencia. No fuimos los únicos, se sacó un pequeño sobre-sueldo el caballero en nuestro vagón. En fin.

El tren llegó puntual y nada más bajar pasamos una pequeña plaza desde la que ya se divisa la famosa muralla que rodea toda la ciudad. Rodeada de un césped verde (muy verde) y algún arroyo, existen caminos que se adentran en la ciudad y otros que la rodean. Subimos algunas escaleras y salimos a la parte superior de la muralla, un paseo donde la gente va en bici, corre o simplemente camina como nosotros y desde el que se divisa gran parte de la ciudad. Es bastante bonito, tranquilo y además la arboleda te permite pasear a una temperatura cojonuda. Más no se puede pedir. Si, agua. Y la hay en forma de fuentes, fantástico.

Caminamos más o menos dibujando una media luna hasta la parte norte de la muralla, ahí decidimos atravesar la ciudad en dirección a la estación para ver el anfiteatro. Se trata de una plaza circular con bares y terrazas. Como si de una plaza de toros se tratara pero con casitas de colores, etc.

Seguimos callejeando y llegamos a la torre de Sta. Giulia. Subimos por 7e los dos hasta su planta superior para obtener una vista aérea de toda la ciudad. Merece la pena. Lucca desde esa altura luce increíble. Se divisa la muralla, las callejuelas, plazas y se puede apreciar el enclave en la toscana. Muy bonito.

Regresamos a la estación y pusimos punto y final a nuestra visita relámpago a Lucca. Un poco más de tiempo no hubiera estado mal, pero el pueblo es cuco y merece la pena visitarlo.

Ya en Florencia (esta vez marcamos el jodido billete) nos fuimos al hostel, bañito en la piscina y cenamos en il giardino, la pizzería del primer día. Está cerca del hostel y con el cansancio acumulado mejor no patear media ciudad. Más sabiendo que las pizzas y los precios conocidos en il giardino están muy bien.

Punto y final a Florencia. Mañana marcharemos a un sitio que le tenemos ganas de forma muy especial, mañana marcharemos hacia Venecia.

Un saludo!

2 de agosto de 2011

Florencia


Florencia

Nada más levantarnos nos fuimos a tomar un café y capuccino al bar del hostel. Por cierto, sobra decir que el café y los capus están de muerte.

Decidimos irnos directamente para el Duomo y la iglesia de Sta. Maria di Fiore, lo que vimos por la noche tenía que verse a plena luz. Florencia es preciosa, cuesta encontrar algún edificio moderno, lo hay, pero parece que no sea de la ciudad. Sus calles son casi todas empedradas, iluminadas (por la noche, claro) por farolas y con muchas banderitas italianas en la parte baja de los enormes ventanales.
Nos topamos de golpe con el Duomo, increíble. Uno no es que sea un experto en arte (ni lo pretende), pero creo que cualquier persona se quedaría maravillado ante tal enormidad y cantidad de detalles. La fachada blanca principal de Sta. María tiene tal cantidad de relieves, grabados y motivos que podrías quedarte mirando hasta acabar con el cuello roto. La enormidad de la plaza y el gentío no hace sino que potenciar el efecto. Justo al frente de la iglesia se encuentra el Battisterio (suelen estar siempre al lado de la iglesia principal y son pequeños), con una puerta dorada en tres dimensiones (si, en 3D, tiene tres capas de relieve y hace un efecto extraño al mirarlo, no como el de Avatar, pero curioso).
Al lado la enorme torre de Campanille di Gioto se eleva al cielo. Ya se que me repito, pero el que ha jugado a Assasins Creed....es que es exactamente igual.

Estuvimos un buen rato danzando por ahí y admirando el sitio. La entrada para poder visitar la iglesia es de 13:30h a 16:45h. los festivos, los días laborables a partir de las 10 ya es accesible. La entrada es gratuita. Imprescindible para los que van en tirantes llevar algo con lo que taparse. Como Eli iba a lo Sarah Connor decidimos dejar la visita interior para el día siguiente. Así que callejeamos dirección al Ponte Vecchio y pasamos por delante de la casa de Dante Allighieri.

La verdad es que nos hizo mucha ilusión ver la casa donde nació el poeta italiano y del que tanto Eli como yo en su día nos leímos la Divina Comedia. Un libro bastante complejo pero colosal en cuanto a su contenido y riqueza. Había un tipo que tocaba la guitarra española en una de las esquinas con lo que el ambiente era cojonudo. No había mucha gente además.

Seguimos caminando hacia el sur y llegamos a la piazza de Signora, otro hostiazo en la cara con una mole enorme en mitad de otra plaza rodeada de cafés, restaurantes, caballos y una réplica del David de Miguel Angel (el original está en un museo cercano). A este efecto de “hostiazo” le llamamos “la patada”.
Consiste en ir caminando y de golpe y porrazo toparse con verdaderas obras de arte en forma de edificios descomunales. Es como si te quedaras un poco petrificado y te dieran una patada para seguir caminando. De verdad que impresiona, por lo menos a nosotros. Esta plaza es tremenda en cuanto a estatuas, vimos incluso un Perseo con la cabeza de la Medusa en la mano...la calidad y realismo de las obras es acojonante.

Callejeando antes de irnos nos topamos con un antrillo medio escondido, llamado Iduefratellini, en el que vendían unos bollos de pan horneados con variedad de rellenos. El sitio lleva en pie desde el 1800 y pico y decidimos probar el producto bi-centenario. Pillamos uno con rúcula y queso. 3e. Buenísimo.

Pasada la plaza giramos para tirar por Via S. Maria y a lo lejos ya divisamos el famoso puente. Más que nada por el gentío.

A simple vista, no da la impresión de ser un puente. Digamos que no impresiona. A ambos lados de la calle se amontonan pequeñas joyerías donde los locos por el Au van de lado a lado con los ojos como platos.

Pero antes de cruzarlo, vimos que podíamos verlo por su parte externa desde un lateral de la calle. Es ahí donde el puente luce de verdad. Descansa sobre tres enromes columnas de piedra sobre el río Arno, y los pequeños comercios sobre salen en forma de pequeñas casitas, con jardineras en las ventanas, etc. En su mitad, unos arcos dejan ver a través del puente. Precioso, visto desde fuera, precioso.

Lo cruzamos y decidimos parar para tomar algo fresco. Nos metimos en un bar poco después de pasar Piazza de Pitti (las Ramírez nos recomendaron pasar de los jardines de Boboli, así que ni caso) y cervecita y ensalada de queso fresco para adentro.

Descansamos un ratillo al son de los Beatles y Queen y decidimos subir a la Piazza de Michaelangelo, a unos 2 kilómetros al este desde el ponte Vecchio. Desde allí parece que son las mejores vistas de Florencia.

Damos fe. Después de la caminata y de subir un porrón de escalones, las vistas son de órdago. Se divisa absolutamente toda Florencia. Hay unas escalinatas de piedra desde donde sentarse y admirar el lugar. Además, un par de nubes nos acompañaron mientras estábamos en el mirador, con lo que no sufrimos el sol directo. Cojonudo hasta para las fotos.

De vuelta para el hostel, nos sentamos en el café Gilli, en la piazza de la Repubblica (Ponte Vecchio todo recto hacia el norte), un lugar famoso por ser el más antiguo de Florencia (lleva en funcionamiento desde el 1700), con una decoración acojonante en su interior, de estilo Belle Epoque, y en el que se te van los ojos con tanto bombón (de comer), dulce y pastel.
El sitio está muy bien valorado por los italianos, la atención es fantástica y evidentemente es caro de cojones. Capuccino 5e, granizado de menta 8e. Eso si, no es que esté bueno el material, es lo siguiente.
De la carta, como somos muy cutres pues para que la factura no subiera demasiado (algo teníamos que pedir!) pedimos un Bigné Crema que valía 2,5e. Resultó ser una lionesa rellena de crema que estaba de muerte pero del tamaño de una moneda de 2euros, de ahí el precio suponemos. Para vernos compartir una bolita. Ozú.

En fin, dejamos el mundo snobb para los snobbs y nos fuimos para el hostel. Bañico en la piscina de putas digo de termas, sauna y a ducharnos.

Por la noche fuimos pateando y pensamos en el restaurante Divina Comedia que vimos cerca de la casa de Dante, pero estaba a petar. Comer en Florencia es un puto suplicio, un puñetero suplicio porque no haces más que encontrarte sitios que tienen una pinta que te cagas, que salen unos olores de pizzas, pasta, vinos...bufff.
Vimos un sitio que tenía unos platos razonables en cuanto a precios, la media está en los 5e el plato de pasta simple, 8 el elaborado y más de 10 los que son obras de arte. La suerte consiste en que pongan más o menos...ahí ya...
Otra característica es que tenía una buena carta de vinos toscanos, hoy toca regar el gaznate con vinillo. Montepulciano, Nozzole Chianti reserva...Este último no nos sonaba. Bendito internet nos dio las reseñas. Bien valorado en italia, no tanto en España. Decidimos probar para desempatar.

No es que sepamos mucho de vinos, pero el bicho estaba cojonudo. Suave, no pegaba viaje alguno, punto dulzón y apenas coloca. Perfecto para poder volver al hostel.

La pasta del sitio estaba buena, pero mejorable, no moló que tardaran ni tres minutos en servirnos el plato después de pedirlos. Malas cartas. Aun así estaba buena y servían cantidad. El vinillo salió por 18e, la pasta 17e los dos.

Viendo Florencia desde una perspectiva mas onírica decidimos bajar al ponte Vecchio para verlo por la noche. Resulta bastante fácil orientarse en esta ciudad gracias a la iglesia de Santa Maria y su torreón di Gioto. Una vez tienes claro donde están, todo está a tiro de piedra y como en cada esquina te encuentras con una piazza o un monumento, no paras de estar entretenido en sus calles.

El ponte Vecchio por la noche es precioso. Las luces iluminan las aguas y el reflejo hace un efecto sobre el río Arno tremendo. En mitad del puente tocaba un tipo que a mi me recordó un poco a Sergio Dalma pero con la voz menos rasgada (y en italiano, claro) que versionaba cosas como Mad World, etc. Sobra decir que caminar por el paseo del río, con el ponte Vecchio de fondo y con música pues....

De camino hacia el hostel, por toda Florencia nos encontramos gente tocando en las calles, uno tocó la de Wonderwall de Oasis con lo que Eli entró en trance. Nos gustó mucho un grupo de chavales que tocaba en la piazza del Duomo, menuda voz gastaba el cabrito.

La oferta cultural nocturna (y gratuita) es extensa, puedes tomar algo en un bar o simplemente sentarte en un banco mientras grupos tocan música (hombre, si le echas una monedilla tampoco está mal) de todo tipo. Incluso habían unos con violines rollo Titanic.

Nos gusta Florencia. Mañana a terminar de ver cuatro cosillas que nos quedan.

Un saludo!

1 de agosto de 2011

Pisa

Pisa

A eso de las 10:30 embarcamos con Vueling destino a Pisa. Previamente tuve que descalzarme y casi quitarme los pantalones porque en uno de los bolsillos tenía un filtro para el objetivo de la cámara de fotos y no paraba de pitar en el control, por un momento nos vimos jodidos, pero no, se lo tomaron bastante bien.
Todavía nos resulta increíble el pensar en un maldito vuelo de apenas 1 hora y media.

El vuelo correcto, como quien dice subir y bajar. A eso de las 12:00 salimos del avión y pisamos suelo italiano. We are under the Tuscan sun.

Temperatura, igual que en España, gente muy parecida...es cierto que Italia a primera vista resulta asombrosamente parecida a nuestro país, pero hay detalles, que más tarde comentaremos.

Lo primero que teníamos que hacer era ir a la estación central de Pisa para dejar las mochilas y despreocuparnos, sobre todo yo, que se me ha ido la mano metiendo cachivaches y no es que pese, es que es un puto muerto. Total, cargadores, cables, portátil, trípode, ropa, más cables, una nintendo, libros....se me ha ido la olla. Por un momento casi pensé en tirar la ropa por el río Arno de Pisa.

En fin, nada más salir del avión pasamos a una sala bastante pequeña donde la gente recoge su equipaje como si el mundo se fuese a acabar. Ya con las mochilas salimos de la terminal y pasamos por delante de una estación de tren que cobraba 11 euros por llevarnos a la estación central. Eli había visto que había un bus que por un euro te llevaba, así que preguntamos y un chico que se parecía a Fabricio Cannavaro nos indicó la parada. Poco después nos subimos en un bus que en unos 10 minutos nos dejó en la misma puerta de la estación central, 1,5e cada uno. No entendemos lo del tren.

En la estación buscamos un sitio que habíamos leído para dejar los equipajes, lo encontramos en la parte digamos izquierda de la estación, está indicado al lado de los paneles informativos, algo de Baggio o Baggagio...algo así.
Por 6 euros un tipo que parecía Mario Bros nos guardó las mochilillas mientras visitábamos Pisa.

Ya liberados seguimos la via Corso que según la guía nos llevaba al casco antiguo y por ende al famoso lugar de la torre. Para encontrar esta calle tan sólo hay que seguir recto nada más salir de la estación, no tiene pérdida. Como curiosidad, a los italianos les suda bastante que el semáforo esté en cualquier color, ellos pasan y punto, además, una vez que pasan hacen un gesto señalando al semáforo como diciendo “joder, no ves el color?”. Los conductores pillan unos rebotes bastante potentes, pero como van con las ventanillas subidas todavía no hemos visto una discusión potente en italiano. Ardemos de ganas. En fin, por contra, los conductores, a pesar de ir bastante follaos, suelen pararse bastante para dejarte pasar. Curioso.

Comenzamos a ver coloridos edificios, con ventanales alargados enormes la mayoría de color verde oliva, sin apenas alfeizar y con aire mediterráneo. De hecho, nos recordó incluso al centro de Girona. Pero poco a poco las calles se estrechan, aparecen pizzerías a cascoporro, y heladerías, creo que en nuestras vidas no hemos visto heladerías con esas pintas, madre de Dios, aquí van a caer unos cuantos.
La peculiaridad es que algunas son verdaderas obras de arte, con entradas talladas de piedra, querubines....vamos, que vas a comprar un puto helado y casi podrían cobrar entrada. Hermoso.

Pasamos el río Arno y decidimos callejear un poco, la verdad es que las calles tienen muchísimo encanto, un casco antiguo, tranquilo y muy colorido.
Llegamos a la Piazza del Cavallieri y lo flipamos bastante con el edificio de la Universidad, totalmente blanca y con dibujos grabados en sus paredes, todo muy grande y espacioso. Además apenas había nadie.

Como eran cerca de las 14h, nos paramos a comer en unas terrazas cercana al Cavallieri, vimos los precios y decidimos estrenar nuestra cervecita fresca y un plato de pasta, veamos si hacen honor.

Pues si, la lasagna y los gnochis estaban que te cagas. La cerveza bien fría (me recordó a la Kingfisher de la India) y encima cerca nuestro había un interfono por el que se escuchaba a una mujer hablando italiano (supongo que había un cruce con el teléfono), muy grande, qué salero tenía la jodía.

Los platos costaban 6 euros cada uno, las birras picaban un poco, 3 euros cada una y los cafés 1,5e. Por la situación y lo que vimos más tarde, no estaba mal, pero se puede comer por 3 o 4 euros y el menú consiste en 1 porción de pizza y un refresco. Nosotros como ya tenemos una edad, necesitábamos algo más consistente. Y la cerveza no se perdona.

Ya descansados y con el pomodoro en el cuerpo, caminamos un ratillo más y de golpe nos topamos de frente con la torre de Pisa.

Hay que joderse, mira que la hemos visto veces por la tele, en fotos...pues sinceramente, creemos que no le hace justicia.

Para empezar es más grande de lo que aparenta, es de un blanco radiante, muy cuca y encima con esa inclinación la hace ser uno de los monumentos más bonitos que hemos visto, es especial, es un sitio especial.

No sería lo mismo sin el Battisterio y el Domo, los dos edificios que la acompañan. Verdaderamente bonitos, el primero es un edificio con forma de “tapón” con una cúpula marrón y el segundo es una iglesia, ambas de estilo renacentista, imponente pero por lo que sabemos no le llega a la altura a la de Florencia. En cualquier caso la estampa es brutal. En cualquier momento parecía que iba a salir Enzo de Assasin's Creed a subirse por ahí. Lo dicho, precioso.

Medio embobados estuvimos dando vueltas por el parque. Evidentemente, todo Dios estaba haciendo la típica foto aguantando la torre, es brutal, los japos se desviven y vimos incluso discusiones de padres acalorados porque sus hijos no posaban bien....en fin.
Decidimos solidarizarnos con los pobres chiquillos y no nos hicimos la foto típica, a tomar por culo. En cambio, fotografiamos a la de gente haciendo el paripé jeje.

Estuvimos “buscando” al gordito de la peli de Superman, aquél que perdía los nervios en su parada de réplicas de la torre, pero no hubo suerte, así que la final compramos por un eurillo una mini réplica de la torre, no nos podíamos ir sin llevarnos una.

Decidimos volver hacia la estación, ya eran cerca de las 16:30 y el checking del hotel en Florencia creo que era sobre las 18-19h.

Recogimos las mochilas a Mario, sacamos los tickets en la máquina (12e los dos billetes, impreso en uno solo, curioso, eso es ahorrar) y nos metimos en el andén 8 rumbo a Florencia.
En el trayecto conocimos a Valerij, un viajero ruso que vive en Munich desde hace 20 años y estuvimos hablando sobre viajes. Un tipo muy simpático, que se ha pulido Italia entera y que próximamente igual visita Valencia o Barcelona.

El trayecto duró una hora y media. Nos despedimos de Valerij y salimos por la puerta este de la estación. Nada más salir nos topamos con la iglesia de Maria Novella, sobria estructura y rodeada de un casco antiguo parecido al de Pisa pero más concurrido. De momento no nos paramos mucho ya que queríamos llegar al hostel para dejar el cargamento. Subimos por la via Nazionale todo recto, pasado un parque la calle se convierte en via Alexandria, unos 10 minutos caminando desde la estación.

Hicimos el checking, 3 noches en habitación para 4 personas. El sitio está muy bien, limpio, instalaciones muy completas, piscina, bares, sauna, gimnasio...joder joder como se están modernizando los jodidos hippies.

Con la paliza de Pisa, decidimos bajar y darnos un chapuzón en la piscina, que estaba helada, pero helada de verdad. Además, tiene unos focos en el fondo que cambian de color con lo que el sitio parece un poco como una casa de putillas, mola. A Eli le recordó a las termas romanas de Barcelona. Disparidad de opiniones.

Hicimos una sauna, nos secamos y a la ducha. Algo más relajados, nos fuimos a cenar no muy lejos del hostel, a una pizzería que tenía buena pinta cerca del parque que atravesamos esa misma tarde. Il Giardino di Barbano, oh, como mola hablar italiano, es como si estuvieses cantando todo el puto rato. El sitio fantástico, con aire vintage muy guapo y las pizzas de miedo, 8e cada una. De postre cassata, un helado típico de la zona que bueno, en fin...pues eso, te cagas. No tenía mucho que ver con el postre que solemos tomar en Ponte Vecchio en Sanvi, pero suponemos que habrán muchas variedades.

Rodando decidimos dar un paseo para bajar la comida un poco y a lo tonto a lo tonto llegamos a la Piaza del Duomo, centro de Florencia. Nos quedamos de piedra, acojonante, y eso que era de noche y había zonas sin iluminar, pero el sitio increíble. Una mole de edificio lleno de detalles en mitad de un caso antiguo empedrado.
Nos hubiéramos dado una vuelta pero decidimos dejarlo para el día siguiente, hoy estábamos reventados, así que mañana más.

Volvimos correteando las calles tranquilamente y viendo detalles en sus calles. Es muy común toparse con un “mini santuario” con una Virgen dentro por las calles. Suelen estar ubicadas a cierta altura casi en las esquinas de las calles. Algunas son muy horteras y hasta les ponen luces de neón, otras están acristaladas y recubiertas por un empedrado precioso. En Nápoles hay uno dedicado a Maradona. Benditos italianos.

Algo cansados (sólo un poco), nos fuimos a la piltra. Mañana toca patearse Florencia.

Un saludo!

29 de julio de 2011

Apuesten por el Rock'n Roll

Horas.
Si todo va bien, lo próximo que escribamos será por tierras italianas, en Florencia, lugar de inicio del viaje si no contamos Pisa que es donde aterrizaremos el primer día. Una vez allí buscaremos en la estación algún lugar para dejar las mochilas y nos iremos a ver su famosa torre, aquella que el Superman malo puso recta en una de sus pelis. Ejem.


Más o menos ya tenemos los sitios principales y hemos optimizado lo máximo que hemos podido en función del presupuesto nuestra estancia en cada ciudad. Luego ya veremos, estamos muy acostumbrados a improvisar, así que miedo cero, ganas de lanzarnos a la aventurilla, mil.

Serán unas 3 semanas en las que intentaremos visitar lo más significativo de cada lugar y alguna cosilla que nos han soplado buenos amig@s, como restaurantes, lugares, etc.


Let's Rock!

25 de julio de 2011

Pa Negre

Ambientada en los años de la posguerra, Pa Negre nos cuenta la historia de Andreu, un crio que vive en el seno de una familia pobre.

Agustí Villaronga presenta una obra sincera, directa y cruda por partes iguales. Podría haber caído en "maniqueos" típicos por ser obra íntegra catalana pero en su lugar refleja de forma transparente y totalmente a través de los ojos de sus protagonistas una historia muy intensa, en la que queda reflejada una época dura y triste por el sufrimiento del bando perdedor, mientras sufren penurias y el yugo de la opresión.


Pero no es una obra política, lo que ha primera vista más de uno podría pensar, es una historia con matices políticos pero no basa su fuerza en este aspecto. Basa su fuerza en la inocencia de un crio que ve con sus ojos como los mayores juegan a verdades y mentiras destruyendo unos valores en los que él cree firmemente.

Así Andreu, el chaval protagonista, tendrá que caminar sobre una finísima cuerda floja a lo largo de la cinta mientras ve tambalearse una sociedad difusa e inentendible. Intentando forjar su propia personalidad en mitad de un variopinto set de personajes.

Personajes que, junto con una realización fantástica, son el pilar de la historia, consiguiendo que nos metamos de lleno en sus pieles mientras aprendemos un poco más de esos duros días. Fantásticamente reflejados a nivel de fotografía y ambientación como ya he comentado.

Como único apunte, podría decir que he echado en falta quizás cierta pausa a lo largo de la historia, algo más contemplativo, de reflexión, para "païr" (digerir) ciertos momentos que creo lo requerían, ya que la cinta no pretende ser una "Catedral del Mar" en cuanto a cantidad de situaciones, por lo tanto merecía la pena quizás disfrutar de la ambientación y de ciertos momentos muy potentes entre sus personajes. En cualquier caso, es una apreciación personal, la cinta no se resiente por eso.

Pa Negre merece la pena ser vista en versión original, aunque hay que avisar que su acento es bastante cerrado, por lo que puede que alguna cosa tenga que ser "reescuchada" aun siendo de la tierra.

Muy recomendable.

Un saludo!

22 de julio de 2011

Welcome to the jungle

Aunque quizás sea más apropiado el post para la vuelta de vacaciones, como este año pasamos de templos, desiertos y toriis para adentrarnos en Europa y algunas de sus ciudades más importantes (o ese es el plan inicial, luego ya veremos), creo que es de recibo dedicarle el tema de los Guns al inminente viaje.

Una semana. Como siempre, intentamos no pensar demasiado para que el tiempo no se detenga como suele pasar cuando uno ansía algo. Hace poco me preguntaban si no me cansaba de tanto tren, avión...lo que me cansa es no poder hacerlo más a menudo...peero.


Por cierto, hoy cenaremos con el socio que conocimos en Japón, y por fin nuestra querida amiga Iol y él se encontrarán después de veintitantos años, menuda semana me lleva la amiga de nervios por reencontrarse con su viejo amigo.

Mira, un Welcome to the Jungle para él también.



18 de julio de 2011

El pianista

Allá por 2002, Roman Polanski presentó la adaptación de las memorias de Wladyslaw Szpilman, un famoso pianista polaco que sufrió el holocausto nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El pianista se aparta un poco de los aspectos más bélicos y de los típicos campos de concentración para retratar la historia de supervivencia de un hombre envuelto en sucesos excepcionales. Lo vemos todo a través de los ojos de una persona normal, que ve pasar como un "espectador" como el mundo poco a poco asfixia su ser hasta hacerle buscar las maneras más inverosímiles para sobrevivir.


Durante los casi 150 minutos de duración de la cinta (no hay que perderse los créditos finales) Polanski retrata la historia de Szpilman apoyada también en los recuerdos del propio director, ya que también es un superviviente, lo que hace que la cinta tenga un realismo y una ambientación acojonante. De hecho, podemos ver un documental en el mismo disco (doblado, sorprendentemente, o al menos en su edición blu ray) donde se puede apreciar la comparación de imagenes reales con las rodadas para el film. El trabajo realizado es magnífico, incluida la recreación del gueto de Varsovia mediante unos barracones soviéticos que iban a ser derruidos.

Ciertos planos y juegos de luz son sublimes, acongojan por su realismo y belleza sin olvidar los múltiples detalles que el director muestra fugazmente y en los que el espectador repara irremediablemente bien por su crudeza como en el caso de los múltiples cadáveres que campan por las calles o bien por simplemente parecer una ventana a un mundo de horror.

Adrien Brody está fantástico como protagonista, centrando totalmente la atención del espectador así como su banda sonora, que aunque uno no es que sea un especialista en música clásica, suena a las mil maravillas y transmite una orgía de sentimientos cada vez que suena bastante potente. Amén de una escena (reconocible cuando se vea) que brilla con luz propia. Fantástica.


El pianista no recurre, o por lo menos a mi no me lo ha parecido, a la lágrima fácil. No es que no tengamos nuestra dosis de música lastimera acompañada de imagenes crudas, que forman un nudo en la garganta de cualquier ser de sangre caliente, las hay, pero al ser una historia con un pulso narrativo tan constante, de situaciones, de tensión, de sucesos descontrolados, no deja apenas tiempo para reparar en la brutalidad que estamos visionando. Todas esas sensaciones las deja para el final, para que recapacitemos una vez vista, como un recuerdo o un sueño muy intenso. Esta es una de las grandezas de esta cinta en mi opinión.

Un peliculón de obligado visionado para entender (ideologías bélicas, históricas y mandangas aparte) ya no la historia de la Segunda Guerra Mundial, sino la historia de un ser humano en mitad de ese horror.

Un saludo!

11 de julio de 2011

Sucker Punch

Bufff.
A esta peli de Zack Sneyder (300, Watchmen, Amanecer de los muertos...) le han dado palos hasta en el cielo de la boca. Pero qué le vamos a hacer, a mi me entretuvo, así que esta es una de esas veces en las que todo el mundo con dos dedos de frente y con algún sentido del criterio cinematográfico debería evitar comentar o simplemente hacer una mueca por si acaso te ha gustado, mejor correr un tupido velo sobre esta obra de un director que, poco a poco, y a pesar de tener acérrimos detractores en el mundo del celuloide por sus interminables escenas a cámara lenta de 300 y por haber escupido en la cara de George A. Romero y presentar un producto muy entretenido y (probablemente) superior al orignal, se ha ganado cierto renombre en el mundo del cine, sobre todo por la titánica adaptación de Watchmen de forma más que correcta.

Sucker Punch se sitúa en los años 50, con formato cercano al videoclip, se nos muestra la historia de Baby Doll, una adolescente que hereda la fortuna de su fallecida madre pero que por una serie de sucesos acaba metida en un manicomio para ser sometida a una lobotomía.


Lo primero que pensé al ver las escenas iniciales fue en Alice de American McGee. La atmósfera era muy parecida, la música, con una acertadísima versión de Sweet Dreams nos acompaña en escenas en slow motion (en cámara lenta, vamos) mientras poco a poco vamos acompañando a la protagonista hacia un mundo de sombras.

Y es entonces donde la peli se convierte en una ida de olla fantástica, que no redonda, pero si de fantasía mezcla del mundo anime, mezcla ciberpunk, mezcla gótico, mezcla Devil My Cry...vamos, un popurrí de géneros digitales que bailan (nunca mejor dicho) al son de versiones musicales a lo Moulin Rouge pero con un toque más cercano al New Age, trallero en ocasiones y que se nos muestra en forma de actrices que estan de muy buen ver. Aquí uno puede parecer que lo que realmente le ha gustado al que escribe son las gachís, en parte si, pero a favor de los anti-pajilleros diré que las actuaciones son lo que menos me han gustado de la cinta, por algunas escenas que dan algo de vergüenza ajena en cuanto a interpretación. Luego leí que el director quería protagonistas de muy buen ver como parte del "mensaje" global...ya.


 Ejemplo de escena "vergüenza ajena". Ojito con el chupa-chups.

Las escenas de acción se suceden a un ritmo vertiginoso, pero no se pierde apenas detalle, gracias en parte a la tan criticada cámara lenta (que se lo digan a Peter Jackson), perdiendo "frescura" conforme la cinta avanza. Y este es creo, el gran fallo de la peli.

Técnicamente, mientras la estaba viendo (juro por Dios que esa "b" no era mía) pensaba en que si hace 10 años nos enseñan esos efectos más de uno se hubiera meado encima, pero ahora no basta sólo con mostrar poses del copón mientras atraviesas robots con una katana, todo con una nitidez apabullante.
Ahora hay que currárselo un poquito más y no repetir la misma fórmula 5 veces durante la cinta. La primera sorprende, la segunda engancha con recelo, pero la tercera, cuarta y quinta casi que sobran. Esto hace que su intento por parecer un videojuego realmente parezca demasiado un videojuego (de los repetitivos), y la sensación de película se esfume.

Así que ni tanto ni tan poco, en mi opinión entretiene si nos dejamos un poco llevar, es vistosa, la banda sonora tiene algunos temas que se dejan escuchar muy bien (hasta se atreven con los Beatles!) y creo que no es necesaria lobotomía alguna una vez acabada. He visto cosas muy, muy, pero muy mucho peores. La Alicia de Tim Burton por ejemplo diría que es peor.


Un saludo!

8 de julio de 2011

Predicador

Steve Dillon y Garth Ennis publicaron allá por 1995 una historia a caballo entre la road movie, las pelis de Tarantino y la comedia negra.

Jesse Custer es un Predicador que no ha tenido para nada una vida normal, la cual será tratada durante la línea argumental de la obra. Es el Santo a punto de perder la fe en un pequeño pueblo de Annville EEUU, pero un suceso del mismísimo Cielo cambiará para siempre su vida, el cruce entre un Demonio y un Ángel llamado Génesis escapa y posee el cuerpo del Predicador, otorgándole "la palabra de Dios", digamos que él habla y tú obedeces.


Jesse emprenderá su camino para encontrar al mismísimo Dios y pedirle explicaciones del abandono de su reinado celestial al nacer Génesis.

Ennis es famosete por no tener absolutamente ningún tapujo a la hora de idear historias tremendamente violentas, que no dejan títere con cabeza en cuanto a temas tabús y con una grandísima influencia en cuanto a cultura popular y cine. De su mano también he leído Crossed que literalmente va sobre "los cruzados", una especie de plaga que convierte a la gente en animales rabiosos por destripar y tirarse a todo lo que camina, ya sea vivo, muerto o en proceso, una locura en forma de apocalipsis y una nueva visión en cuanto al  mundo Z sin llegar a serlo.

Las referencias a personajes míticos del mundo del celuloide queda patente al repasar algunos de los variopintos personajes que aparecen a lo largo de la historia. Como el Santo de los Asesinos, una suerte de Clint Eastwood pero con mucha más mala leche.
Como aventura sobrenatural que es, encontraremos desde vampiros inmortales hasta ángeles, pasando por una especie de Jabba the Hutt como máximo mandatario del Grial, una secta que prácticamente domina los gobiernos desde la sombra acompañado de Herr Starr, todo un personaje, hay que verlo.


El humor ácido, sobre todo en lo que a la Iglesia se refiere, nos acompañará a lo largo de toda la aventura en la que poco a poco iremos conociendo cada vez más a los protagonistas, en especial a Jesse, un tipo con las ideas muy claras en cuanto a lo que está bien y lo que está mal, en clara crítica al papel de Dios en el mundo.

Predicador no deja de sorprender y se debora frenéticamente, gracias a un ritmo fantástico y a tener la sensación de estar viendo lo más parecido a una peli en papel. Ayuda un elaborado guión, un dibujo que no destaca especialmente pero que consigue transmitir perfectamente al lector los sucesos y a unos personajes a cada cual más complejo e interesante. Mención especial a las portadas de los números, algunas son cojonudas.

Los rumores sobre la adaptación de la obra a la pequeña (o gran) pantalla son varios, incluso HBO parecía que estaba decidida a lanzarse a la aventura, pero nada se sabe al respecto. Quizás después de Game of Thrones...

Se puede obtener en tres enormes volúmenes como si de una Biblia se tratara, dos de Antiguo Testamento y uno de Nuevo Testamento con relatos cortos independientes de la historia principal que completan el universo creado. Merece la pena.

Un saludo!

4 de julio de 2011

Ciudad de Dios

Tenía aparcada esta peli desde hacía bastante tiempo, me la compré, la dejé ahí y por unas cosas u otras no la había visto.
Había leído muy buenas referencias de la cinta de Meirelles, que ya me gustó en la adaptación de la obra de José Saramago "Ensayo sobre la ceguera" ("A ciegas" en el cine) y que en el "Jardinero fiel" estuvo bastante bien también con una historia muy cruda en la que tocaba un tema tan peliagudo como es el de las grandes conspiraciones de las compañías farmacéuticas en el tercer mundo, esta no la he comentado pero es un título interesante y merece bastante la pena echarle un ojo.

A pesar de todo, una vez vista Ciudad, hay que reconocer que el listón estaba bastante alto.


Ciudad de Dios es una historia basada en hechos reales que cuenta la vida de unos chicos que crecen en unas favelas en Río de Janeiro.
Con un desarrollo no lineal, mediante flashbacks se irá formando un puzzle de historias en el que, en bloques de décadas, veremos como desarrolla la vida de los protagonistas. Con sus historias amparadas en un fondo social que nos mostrará desde distintos tipos de vista la problemática que se vive en esos lugares.

Más o menos uno se puede imaginar lo que verá, violencia, robos, bandas, sexo, drogas...pero nada sería lo mismo sin el buen hacer de Meirelles tras las cámaras y de un montaje y guión excelente.
La historia engancha de principio a fin, te mantiene en tensión de forma continua y ayuda además un manejo de la fotografía fantástica. Con unas tomas que sobrecogen y que añaden un dinamismo tremendo a las dos horas de duración que tiene el film...en ocasiones cerca del documental en otras del videoclip, pero sin llegar a resultar empalagoso o comercial.


Se respira un aire de tensión en todo momento, ayuda además que gran parte del set de actores fueron contratados en las mismas favelas y que el rodaje fue en lugares reales (previo "permiso" de los capos de la zona), cosa que regala al espectador la oportunidad de conocer poco a poco ese sub-mundo, con sus reglas, corrupción y valores.

Fantástica.

Un saludo!

1 de julio de 2011

On Your Own

Hoy Eli actuará en un bar de nuestro pueblo realizando un monólogo sobre la cerveza, y como no podía ser de otra manera, se le ocurrió meter anécdotas de algunas de nuestras odiseas por encontrar birra en esos países de Dios...

Una de ellas trata sobre lo que comentamos al final del viaje en India, en Delhi.

Veníamos de Amritsar en donde fue imposible tomarse una maldita cerveza. Si ya en India el tema del alcohol está jodido, por la zona del norte ya ni te cuento. El caso es que todavía recuerdo cuando le preguntamos al tipo del "hotel" para tomarnos una cervecita (bueno, tomarme, que Eli estaba jodida), daba igual donde, el caso es si sabía algún sitio.

El tio nos trajo en un puto termo la birra. Y mejor no digo donde la traía, bueno, si, la traía a modo de pipa metida en el pantalón. No entiendo por qué aceptamos, supongo que nos dio la risa y era un "momento India". La birra pues la verdad es que ni chicha ni limoná, pero después de tanto tiempo sin olerla en un sitio con esa calor ya daba lo mismo...como fujitivos nos fuimos de incógnito a la terraza superior del hotel para "degustarla".


Qué país.