29 de abril de 2016

Arsonist's Lullabye



Fotografía: Fran Martínez
Tema: Arsonist's Lullabye - Hozier

6 de abril de 2016

Daredevil 2T

Pocos días antes del estreno de la polémica Batman v Superman Netflix presentaba del tirón los 13 episodios de la segunda temporada del hombre sin miedo, el demonio de Hell's Kitchen.


Tras una intensa y sorprendente primera parte, Charlie Cox vuelve a enfundarse el traje rojo para continuar su doble cruzada, por un lado hacer cumplir la ley como abogado, siguiendo los cánones establecidos, y por otro como el superhéroe en las sombras que persigue el mismo fin pero de una forma digamos menos ortodoxa.

Un muy buen ritmo, una producción a la altura, unos personajes bien definidos, un villano implacable y unas coreografías a la hora de repartir estopa cojonudas eran sus credenciales más llamativos, sin desmerecer una historia que funcionaba, que enganchaba, y ese perfil de luchador atormentado por sus dilemas morales.

Así que en un mercado cada vez más exigente, en el que se buscan continuamente fórmulas para no desgastar a la audiencia, el regreso del abogado se esperaba con una mezcla de ansia, curiosidad y miedo.

Con los episodios en espera en Netflix y con las aventuras de Superman y el hombre murciélago librando una batalla por momentos absurda entre fanboys y haters, era hora de regresar a la cocina del infierno (en realidad es Brooklyn, que es lo que más se parece hoy en día a lo que era Hell's Kitchen) para comprobar en primera persona si el nivel se mantenía, si bajaba o aumentaba el listón.

El resultado es que Marvel's Daredevil sigue siendo una de las series más cojonudas de superhéroes en la pequeña pantalla.


Al contrario que la primera temporada, en la que el villano principal era Kingpin, con el inconmensurable Vincent D'onofrio, en esta temporada se divide el bloque en dos para introducir personajes del universo Marvel como son Punisher y Elektra, pero éstos, lejos de ser amigos o enemigos, jugarán en cierta dualidad para atormentar aun más al pobre Daredevil en su lucha interna por justificar la ley por encima de la violencia a pesar de su necesario trabajo en la sombra.

Esta oscuridad irá engullendo poco a poco el universo del abogado llevándose por delante su parte más humana hasta quedar cara a cara contra el dolor y la ira, llevando al personaje al límite como en otras ocasiones ha sucedido con Batman, Spiderman y tantos otros.

En mitad de toda esta guerra, volvemos a tener escenas de acción brutales, con un nuevo falso plano secuencia como ya sucediera en su primera temporada en la que acabamos de nuevo agotados tras tanta hostia, hueso roto y violencia.

The Punisher, interpretado por el "amigo" de Rick en las primeras temporadas de The Walking Dead, ofrece esa parte animal desenfrenada pero con esa historia de fondo que conmueve al espectador y deja contra la espada y la pared al protagonista a la hora de defender esa parte tan podrida del ser humano que, a pesar de todo, debe ser juzgada en función a unos derechos que mantengan el equilibrio.

Por otro lado, Elektra representa esa historia de amor/odio que regresa del pasado para sacudir los cimientos del protagonista y sumirlo en un mar de dudas y sueños, mientras el personaje se mezcla con distintas lineas argumentales y sirve como trampolín para futuras temporadas.

El resto de secundarios sigue en un muy buen nivel, con un Foggy que a pesar de continuar siendo algo empalagoso en su vertiente más conservadora (aunque comprensible por momentos), se muestra asentado en ese rol de fiel defensor del sistema y una Karen Page con una vena investigadora que representa esa parte más thriller de la historia, encargada de demostrar esa inocencia injustamente enterrada entre conspiraciones de los perfiles más complicados.

Sumemos que Wilson Fisk aparece en algunos episodios, y un nuevo villano en forma de clan llamado La Mano, que ofrece cierto misticismo y que por momentos acerca la historia al género del terror y lo sobrenatural, y ya tenemos una fórmula muy potente para hacer funcionar la temporada.
Todo esto y más en 13 intensos episodios que vuelven a dejar con ganas de más y convierte a Daredevil en una de las propuestas de entretenimiento más cojonudas de los últimos tiempos.


Un saludo.

25 de marzo de 2016

Batman v Superman

Hace unos 3 años aterrizaba en las pantallas el reboot cinematográfico de Zack Snyder de uno de los superhéroes más complejos que existen, Superman. La cinta generó cierta controversia a pesar de que aquí a un servidor no le acabó de disgustar e incluso ha ganado potencia con el paso del tiempo.


Sumada a esta tendencia de cross-overs por parte de Marvel en el que las series y películas comienzan a tejer un universo único en el que los X-Men se mezclan con Deadpool, los Vengadores juntan tres o cuatro franquicias y Jessica Jones suena en los episodios de Daredevil, BatmanvSuperman pretende hacer lo propio con sus personajes de DC, juntando en esta ocasión dos pesos pesados,  por un lado el Caballero Oscuro y por otro el hijo de Krypton, en una combinación que a priori genera un gesto "what the fuck" en el espectador medio ante tal disparidad, porque todos entendemos que a Superman, en principio, no le tose ni Dios, y tampoco entendemos qué puede enfrentarlos si supuestamente ambos son defensores de la justicia.

Han pasado algo más de 2 años desde los acontecimientos de la lucha contra el General Zod y, a pesar de lo que suele pasar en estas luchas titánicas de destrucción masiva en las que todo queda reparado en semanas, aquí no han quedado reparadas muchas vidas y se cuestiona si Superman no debe pagar las consecuencias de tamaño caos.

El comienzo es realmente prometedor, es una opción interesante más allá del blockbuster de muerte y destrucción para situarnos desde el prisma de esas personas que se encuentran en el edificio que salta por los aires.
Unamos creencias religiosas, cierto miedo racial ante seres tan distintos y el resultado es ese intento de humanización que poco a poco se va colando en este tipo de productos de entretenimiento, pretendiendo dar un paso más hacia esa importancia que debe tener la historia en lugar de la estructura clásica de villano teje un plan y destrucción final a base de hostias.


Por desgracia, y a pesar de los intentos, aquí se sufren algunos males que en mi opinión hacen que el producto no acabe de cuajar.

Por un lado no acaba de explotar la vena dramática de la historia y el desenlace en alguna ocasión es flojo, podía haber dado algo más de sí. Tampoco acaba de dar la estocada épica que merecen dos personajes de tal envergadura (y eso que en El Hombre de Acero a mí me emocionó en más de una ocasión, gracias a Hans Zimmer, también es cierto), sigue alargando demasiado algunas escenas con un uso excesivo del slow motion, lo que provoca cierta desconexión cortando el ritmo y además no acaba de cerrar la historia debido a interminables epílogos.
Una vez finalizada, tampoco vemos que se aleje demasiado de la estructura clásica que comentaba de villano teje plan y final con hostias como panes.

A pesar de todos estos aspectos, la cinta tiene en sus bases elementos interesantes, sigue dejando escenas audiovisuales muy potentes y el Batman de Affleck está correcto, mejor que Bale en su versión Wayne, pero algo peor en su versión de Caballero Oscuro.

Un saludo.

27 de febrero de 2016

Room

Desconcierto es lo que nos acompaña en los primeros compases de este thriller dramático en el que Lenny Abrahamson presenta una historia por momentos sórdida, emotiva y bella a pesar del duro camino que recorren sus protagonistas.

Un reducido espacio, en forma de habitación, es el escenario desde el que arranca la vida de Jack y su madre. No sabemos los motivos ni la finalidad del porqué no tienen contacto con el mundo exterior.


Tuve suerte de no leer absolutamente ninguna sinopsis sobre la película, pues a pesar de que la premisa inicial no es el grueso de la historia, creo que es importante "nacer" bajo el amparo del desconocimiento para poder disfrutar este viaje, este tour de force en el que tenemos suspense, drama, pasamos miedo, agonía y de paso profundizamos en la psicología de los personajes ante los brutales acontecimientos, cuyas heridas veremos cómo afectan en cierta forma de manera impredecible a sus protagonistas.

Abrahamson dosifica de manera brillante la información para ir descubriendo poco a poco la trama, en una primera parte que juega con cierto suspense y desde cuya segunda mitad se persigue presentar una nueva dimensión que abarca un trabajo psicológico algo más "mundano" o de drama más corriente, pero igualmente interesante y con unos personajes que terminan por completar un trabajo interpretativo fenomenal.
En especial el joven Jack, sin desmerecer el papel de Brie Larson, cuyas opciones por hacerse con la ansiada estatuilla de mejor actriz bajo mi punto de vista son bastante elevadas y merecidas.

Sin hacer ruido, Room se presenta como la opción independiente de la temporada de cara a los grandes premios.

Muy recomendable.

Un saludo.

24 de febrero de 2016

Deadpool

Marvel sigue extendiendo su universo de entretenimiento explotando nuevas vías antes de que el agotamiento por parte de la audiencia acabe con la gallina de los huevos de oro, y tiene pinta de que la cosa va para largo.


Guardianes de la Galaxia ya presentó un grupo de cazarrecompensas que se alejaba del estereotipo de superhéroe clásico, o encorsetado en su rol de salvador y defensor del bien, como pueden ser Superman, Spiderman o grupos tipo Los 4 fantásticos, aunque estos últimos probablemente tarden bastante en volver a aparecer en pantalla, siendo un claro ejemplo de la facilidad que tienen para estrenar cintas de este tipo, con 3 (tres!) secuelas de algo que jamás ha llegado a funcionar.

Lobezno o Batman ya representan ese perfil de personaje sombrío, posicionados en el bien pero sin temor a saltarse las reglas. En menor medida Spiderman suele ser también un freelance chistoso pero sin perder el norte a la hora de discernir entre el bien y el mal.

Deadpool llega para dar un golpe en la mesa, sacar lo brutalidad de Lobezno, la lengua afilada de Spiderman, la sed de venganza de Batman y añade pinceladas de mucha mala leche a lo Kick-Ass (la primera) para presentar una nueva franquicia que funciona, no se corta y explota en pantalla con una personalidad arrolladora.

Hablar del argumento de DP es, bajo mi punto de vista, restarle al guión los pocos puntos sorpresivos en cuanto a trama, por lo que lo único que diremos es que la cinta es una mera carta de presentación en la que se nos cuenta el "nacimiento" de tan peculiar "superhéroe".

Correctamente estructurada, una buena banda sonora, con una historia contada a base de flashbacks, con la consiguiente facilidad a la hora de dosificar las sorpresas, y con un ritmo muy acertado, Deadpool funciona muy bien bajo una premisa muy simple pero efectiva, en las antípodas de lo que podría considerarse como algo original en cuanto a trama central, pero sí rompedor en cuanto a carisma, y es ahí donde brilla con luz propia, gracias a un Ryan Reynolds en estado de gracia al que le sienta a las mil maravillas el personaje, una suerte de hijo bastardo de Han Solo inflado a base de esteroides y con bastante peor lengua, con el que nos reímos en más de una ocasión gracias a no dejar títere con cabeza del universo Marvel contemporáneo e incluso de otras franquicias, ya sean de la casa o no, todo ello aderezado con unos efectos correctos y las típicas piruetas y coreografías CGI.

No hay que engañarse, aquí lo que manda es el señor Pool, el humor, el atizar a nuestra cultura pop, la brutalidad y el ensañamiento. La fórmula ha funcionado, así que para la siguiente deberá superarse y ser más incisivo todavía, y hacer algo original para justificar la retahíla de chistes, porque en caso contrario la cosa acabará por ser una Scary Movie a base de refritos o el típico 1 vs 1 de héroe (atípico, eso sí) contra villano.

Como muy bien dicen en los títulos de crédito iniciales, los putos amos son los guionistas, a demostrarlo.

Un saludo.

10 de febrero de 2016

Spotlight

Spotlight cuenta la historia de un grupo de reporteros del Boston Globe que desenmascaró el escándalo de abusos sexuales a menores en la archidiócesis de Boston, y que provocó una reacción en cadena destapando casos a nivel mundial.


Tom McCarthy se marca una cinta soberbia, con un ritmo potente pero sin perder el norte a la hora de retratar de la forma más realista posible el oficio del periodismo.
Aquí no veremos reuniones sórdidas en pasillos oscuros, ni sicarios contratados para quitar a la mosca cojonera de turno, o el joven becario al que extorsionan para extraer información. 
En su lugar tenemos un trabajo tenaz, real, sufrido, de listas infinitas, de cotejar datos, de utilizar las brechas y puntos flacos de las mismas leyes para sacar a la luz una historia muy turbia.

Para ello se asienta sobre unas interpretaciones muy sólidas, en especial Ruffalo, Keaton y un sorprendente Liev Schreiber. Sin estridencias, sin hacer uso de una banda sonora en exceso llamativa que simplemente acompaña las transiciones y dota de cierta tensión en algunos momentos.

Puede que a algunos les parezca demasiado real incluso, que esperen ese aire noir, esa fotografía de galería o esos personajes atormentados, pero para ser honestos con esta historia reciente, debía contarse como tal porque la fuerza de la misma y la capacidad de sus protagonistas para trasladar esa pasión era lo que realmente debía dejar marca en nuestras conciencias.

Lógicamente, la mayoría desconocemos lo que se cuece en una redacción, y tampoco tenemos manera de saber hasta qué punto o qué intereses habían detrás de la historia, de haberlos, pero lo que no se puede negar es del impacto en la sociedad, de la capacidad que se puede llegar a tener siendo tenaz sin olvidar el criterio.

Spotlight saca de los bajos fondos una historia que debía refrescarse, un hecho que debe hacernos meditar, que debería hacer mucho más críticos a los indiferentes y que funciona para conocer desde sus entrañas un oficio necesario que, por desgracia, cada vez se denigra más, ya sea por la poca moralidad o por la falta de rigor, como en tantos otros estamentos.

Un saludo.

3 de febrero de 2016

The Leftovers

Existe cierto miedo patológico sobre las obras que llevan el sello Lindelof desde que millones de personas quedaron traumatizadas con el polémico final de Lost, a pesar de ello, el buen hombre sigue apostando por obras con cierto aura de ciencia ficción pero utilizando como base historias aparentemente mundanas que encierran infinidad de secretos.


Como si de una venganza orquestada por el propio Damon se tratase, en esta ocasión se asocia con Tom Perrota, autor de la novela en que se basa The Leftovers, para meternos de lleno en ese inquietante, enigmático y misterioso universo de nuevo y volver a jugar con nuestros sentimientos a base de what the fucks en toda regla, para empezar, nos quiere vender que 140 millones de personas desaparecen un buen día sin dejar ni rastro.

Sectas, religión, tragedias y un mundo que intenta avanzar sin poder explicarse qué demonios pasó aquel 14 de octubre, con familias destrozadas por la desaparición injustificada de sus seres queridos (o no tan queridos), así comienza esta serie que contemplará 3 temporadas en total y que desde su inicio ha ido creciendo en intensidad, añadiendo personajes y elementos de ficción que conjugan un caldo muy del estilo Lost pero sin la barrera que supone estar en una isla remota, ya que la acción se traslada a escala global, mostrando poco a poco esos misterios que encierran las familias cuyos desaparecidos parecen tener algún tipo de conexión, o puede que la conexión esté en los que se quedaron, ahí reside la magia de Perrota/Lindelof, adorables, en hacerte dudar hasta escribiendo una crítica.


Y este es el gran temor y por el que muchos probablemente ni se acerquen, el temor a ser "engañados" de nuevo, a la frustración de no encontrar respuesta al puto oso polar, a personajes demasiado extraños, a mesías en rebajas, al humo negro...y sinceramente es una pena, porque la capacidad de crear tensión y desconcierto que tiene esta serie es sencillamente magistral.

El simple hecho de no acercarse se le da la espalda a una construcción de personajes muy sólida, a unas historias interesantes, de cierta crítica hacia el culto religioso y el sectarismo, a ese enfoque frágil del ser humano, a la culpa, la redención...en definitiva, a una ficción que puede no dar las respuestas a todo lo que plantea, de hecho es previsible que así sea, pero que en el camino nos deja episodios espectaculares, muy intensos, sin olvidar una calidad técnica envidiable, con alguna fotografía fantástica y una banda sonora de las que quedan grabadas a fuego.

Un saludo.

1 de febrero de 2016

The Revenant

Alejandro González de Iñárritu vuelve a sacudir al público y crítica con un proyecto alejado de su anterior obra, Birdman, pero que lanza otro órdago, a su manera, en forma de pulso técnico y sensorial.
Si Birdman era presentada como un falso plano secuencia de 2 horas de duración, The Revenant apuesta por introducir al espectador en todo un tour de force rodado casi en su totalidad con luz natural.


Dejando ya de lado sus fanfarronerías técnicas, es el momento de saber si la nueva propuesta del director mexicano cumple además las expectativas, si Di Caprio vuelve a regalarnos un buen papel y si la historia tiene los suficientes alicientes como para formar algo sólido e interesante para las audiencias.

The Revenant nos sitúa a principios del siglo XIX, donde un grupo de tramperos son asaltados por nativos y deben huir a través de la montaña guiados por Hug Glass, un explorador al que acompaña su hijo mestizo.
La obra surge como adaptación de la novela de Michael Punke y tras varios retrasos y cambios de equipo, esto último nada halagüeño en la mayoría de casos, Iñárritu se hizo a los mandos para intentar llevar a buen puerto una historia que si bien no es que sea un derroche de originalidad en cuanto a su planteamiento, consigue sorprender, retorcernos en el asiento y mantenernos con los ojos pegados en la pantalla.

The Revenant podría considerarse como una survival movie bajo un entorno bello y a la vez hostil, en el que se añade cierto misticismo propio de esas culturas chamánicas olvidadas que atormentan la voluntad del hombre dividido por sus orígenes y en el que se nos muestra la mezquindad del ser humano desde distintos prismas.
Bajo todo ese enfoque, encontramos la figura del protagonista principal, alma del asunto y verdadero motor para que el engranaje funcione, y de nuevo hay que decir que Leonardo Di Caprio vuelve una vez más a estar enorme ante la pantalla, en un papel muy exigente, por momentos electrizante gracias a ese entorno frío y helado al que acompaña con una gélida mirada, de dureza y sufrimiento, odio, comprensión, venganza y redención.
Por su parte, Tom Hardy como némesis ofrece esa figura odiosa, casi cercana al animal de rapiña que representa la parte más oscura del ser humano que no ha conseguido superar su tormento interior y que se ve vencido ante sus voluntades más primarias, pero sin dejar de lado una tremenda capacidad por la supervivencia.


Todo un tour de force como comentaba bajo la simple premisa de la venganza, en lo que aparentemente es la clásica historia search and destroy pero en la que se esconde todo un lienzo de sensaciones, de desgarradores (nunca mejor dicho) momentos que quedan grabados en la retina, de tremenda belleza visual, y de una de las más jodidas actuaciones de Di Caprio, el resultado es sencillamente magistral y por momentos agotador.

Un saludo.

29 de enero de 2016

Creed

Creed resucita de nuevo la figura de Rocky Balboa, en una nueva entrega del carismático boxeador de Philadelphia esta vez bajo la dirección de Ryan Coogler, que realiza un notable trabajo sobre la franquicia.


La historia se centra en la figura de Adonis Johnson, hijo del mítico Apollo Creed y gran amigo de Balboa, que cayó muerto en el ring ante He-Man y cuyo padre jamás pudo conocer ya que nació justo después del fatal desenlace.
El muchacho vive una vida paralela entre la oficina, un trabajo estable, y los rings alternativos donde saca ese gen de luchador ocultando su pasado para ganarse por sus propios méritos el reconocimiento.

Con este interesante, que no exento de clichés, caldo de cultivo se presenta una nueva historia sobre el boxeador italoamericano más famoso del celuloide, pero esta vez Balboa ya definitivamente pasa el testigo y únicamente aparece como figura conocedora del oficio, desde el pesar de los años, estancado en otra época pero con un olfato afilado y ese sentido del deber para cumplir con esas acciones, por pequeñas que sean, y sentirse realizado tanto con los vivos como con los amigos ya fallecidos.

Una vez pasado el trámite de aceptar la figura de Adonis como el hijo de Creed y comenzar su entrenamiento es donde la cinta ofrece esas pequeñas perlas en forma de secuencias entrañables en las que Rocky muestra todo su conocimiento, a su ritmo, con seguridad y sobre un montón de ruido en forma de Hip Hop y luces de neón, donde se funde el pasado y el presente y donde podemos ver otra de las mejores versiones del personaje interpretado por Sylvester Stallone, que sencillamente llena la pantalla cada vez que aparece, esta vez no tanto por volumen, pero sí por carisma y potencia emotiva.

Pero no se olvida de la evolución de Creed, en una lucha interna algo más predecible pero de igual forma interesante que conjuga ese universo de prisa, ansia y fama que envuelve al mundo del deporte y el entertainment con ese tormentoso pasado y pelea interna por aceptar esas letras que forman su legado y del que el chaval no hace más que poner barreras hasta creer ser merecedor de ellas.

El análisis de Creed debe también, como es lógico dada la temática, profundizar en las peleas, y en esta ocasión no iba a ser menos.
Aunque escuetas, la calidad de las mismas es enorme, con un manejo de la cámara fantástico, unos planos brutales, feroces, en los que el punto de vista subjetivo se acerca poco a poco hasta que prácticamente sentimos los golpes, el agotamiento, y se aleja para tomar aire y volver de nuevo a la batalla en un balanceo fantástico que mete de lleno en la acción al espectador y lo hace sufrir junto a los protagonistas.
Definitivamente, el nivel alcanzado en este aspecto en la saga lo hace muy, muy destacable.


Una vez pasado los aspectos técnicos, las actuaciones, la trama...lo que queda es la nostalgia, esa figura que planea y nos acompaña durante el metraje, que nos hace recordar momentos pasados, como ya sucediera en la anterior Rocky, donde se juega con el drama para darle un cariz entrañable, a base, por ejemplo, de unos pocos acordes que recuerdan la mítica melodía de Bill Conti, o alguna secuencia que actualiza las clásicas, o la utilización fantástica de la figura de Apollo, que parece observarlo todo desde la lejanía.

Los más fríos pueden decir perfectamente que es un nuevo intento de exprimir la gallina de los huevos de oro, que es un drama sencillo, previsible y una excusa para Stallone de meter de nuevo a uno de sus personajes estrella en escena.

Es respetable, pero yo he visto ciertamente cariño en algunas secuencias, he visto nostalgia, una reinvención incluso sonora que osa fusionar el hip hop con las partituras originales, y un retrato correcto y respetable del mundo del boxeo, por no mencionar las fantásticas luchas, una fotografía cuidada y un ritmo bastante acertado.
De seguir así, con gusto seguiremos volviendo a Philadelphia cada pocos años hasta que Rocky quiera.

Un saludo.

21 de enero de 2016

The Martian

No sé si Andy Weir, un programador informático que un buen día decidió auto publicarse su propia novela de ciencia ficción, era consciente de lo que se le venía encima en cuestión de dos años, pues en este tiempo, su obra fue fichada por una editorial, los derechos fueron vendidos para su adaptación cinematográfica y ahora Ridley Scott la presenta como una fiel y solvente cinta que gustará a los amantes del survival y del siempre atrayente planeta rojo.

Matt Damon interpreta al astronauta Mark Watney, biólogo y miembro de una expedición encargada de realizar investigaciones en Marte. Una tormenta pondrá en peligro la misión con lo que su capitana decide abortarla y regresar, pero el bueno de Mark sufrirá un accidente y será dado por muerto, mientras el resto de la tripulación emprende el  retorno a casa.


Supervivencia, humor y ciertas dosis de acción son los elementos que nos acompañarán en esta aventura que resucita el concepto de Robinson Crusoe en un ambiente "algo" más hostil, apoyada por un muy buen ritmo y un director que no se aleja demasiado del manual que Weir le facilitó para poder hacer un producto muy disfrutable y con pocos peros, salvo que determinados aspectos puedan parecernos poco realistas o no nos convenza demasiado la actitud de un protagonista que en ocasiones parece no tomarse muy en serio la gravedad de su situación. Pero como comentaba hace poco en una conversación sobre la cinta, bajo mi punto de vista si dicho personaje, con la preparación que se le presupone para misiones de ese tipo, sabe que va a morir, lo único que cabe es seguir adelante y probar suerte, y con humor todo pasa mejor.

En cualquier caso, pocos no esbozarán una sonrisa ante determinadas situaciones, o se interesarán por esas "pequeñas" lecciones de ciencia para dummies, o no se emocionarán con alguna que otra fantasmada, muy bien plasmada, eso sí, y con continuas referencias a nuestra cultura contemporánea, menos que en el libro en el que se basa, pero igualmente agradecidas, mientras las canciones de la capitana Lewis atormentan a algunos y hacen las delicias de otros.

Un saludo.

9 de enero de 2016

Maggie

De nuevo asistimos a esa suerte de cine fusión en la que el director intenta recoger una temática cuya exclusiva tiene a buen recaudo productos como The Walking Dead para adentrarse en el arriesgado mercado del largometraje de terror con tintes dramáticos.


Henry Hobson pretende ralentizar el manido proceso de conversión zombi para profundizar en gran medida en esas relaciones personales que se suelen perder por el camino en este tipo de producciones, ahondando en esos aspectos que suelen atravesar fugazmente la pantalla mediante escenas climáticas y que dan paso a escenas de acción que no suelen dejar demasiado tiempo para la reflexión, entre otras cosas porque su esencia suele ser otra.

La cinta nos sitúa en un escenario post apocalíptico en el que la plaga zombi, catalogada ya como enfermedad, está controlada y cuyos protocolos de actuación están claros por parte de la población de cara a sobrevivir y continuar con sus vidas. 
Es entonces cuando Maggie, la hija de un granjero, sufre una mordedura.

Dejando a un lado que este tipo de historia pueda atraer más o menos, sin duda ver a Schwarzenegger embutido en un drama y ver de qué es capaz el mítico T-800 es uno de los alicientes para los que crecimos con el bueno de Arnold y sus didácticas pelis.
Y debo decir que el tipo cumple, no es que haga un papel de aquellos que erizan la piel, pero se contiene y transmite lo suficiente como para funcionar en su rol, salvando incluso cierta frialdad por parte de Maggie, cuya oportunidad para presentar una de esas relaciones que brillan, bajo mi punto de vista, ha perdido.

El que espere grandes dosis de acción, probablemente se sentirá defraudado, puesto que esta historia se codea más con esa visión gris y atormentada de pelis como The Road, sin descuidar algunos momentos de tensión bien llevados y que consiguen enlazar de forma más que correcta el drama personal para dotarla de cierto ritmo, siempre pausado, enfocado más en mostrar la temática Z como si de una enfermedad terminal se tratase.

El principal problema que le veo a Maggie es que en su extremo cuidado por no caer en ciertos clichés, en no caer en el pozo de una cinta de zombis más, acaba siendo un buen producto con un acabado correcto y sin demasiadas fisuras, ciertamente comprometido en mostrar ese drama olvidado en este tipo de licencias., pero no arriesga. No consigue llegar al clímax de la relación padre-hija ni tampoco resulta demasiado impactante en cuanto a lo que podría haber mostrado de ese desagradable proceso, con lo que tenemos un drama anti climático, un terror no demasiado destacable y un thriller tímido.

Un saludo.