27 de mayo de 2018

Solo: Una historia de Star Wars

Como ya sucediera con Rogue One hace un par de años, Solo amplia el universo cinematográfico de Star Wars con esta historia sobre el contrabandista más sinvergüenza de esa galaxia muy muy lejana.


Dejando a un lado la obviedad de que Disney pretende sacar rédito a la multimillonaria compra que hizo en su día por los derechos para explotar la franquicia creada por George Lucas, debo reconocer que por el momento el resultado está siendo infinitamente mejor que la última trilogía de Lucas, los episodios I, II y III.

El joven Han desea escapar de su (apestoso) planeta natal Corellia para convertirse en piloto, junto a su novieta Qi'Ra.
El destino lo unirá a un peculiar wookie, así como a conocer una serie de variopintos personajes...

Como tantos otros en la saga, los anhelos de Solo no son muy distintos a los que tenía Luke o Anakin, un deseo irrefrenable por salir ahí fuera, conocer nuevos mundos y demostrar su valía.
Pero donde explotan su potencial es una vez escapan de su aparente destino y comienzan a moldearse, inclinándose algunos hacia la oscuridad o hacia la luz, o, en el caso de Han, hacia el mejor postor, pero sin dejar de lado esa esencia de justiciero galáctico.

Esa construcción del personaje pasa por conocer al mítico Chewbacca o a Lando Calrissian, entre otros personajes que moldearán esa personalidad tan peculiar que Harrison Ford se encargó de convertir en leyenda del cine.


De nuevo, en esta historia, veremos algunos momentos míticos que en las trilogías "oficiales" únicamente se mencionan, como el famoso Corredor de Kessel del que tantas veces Harrison Ford alardeaba de haberlo hecho en 14 12 parsecs. El encuentro con Chewbacca o cómo consiguió la chatarra más rápida de la galaxia, el Halcón Milenario.
Curiosamente, todos los que hemos crecido con la saga clásica, pensábamos que "El corredor de Kessel" era "La carrera de Kessel", pues así se interpretó en el doblaje antiguo (en base a "Kessel's Run") y pensábamos que era una suerte de carrera o algo parecido, como en el Episodio I.
En realidad se trata de una temeraria ruta utilizada por los contrabandistas para sacar de hurtadillas material de las minas.

La cinta funciona en ocasiones como una suerte de western espacial, otras veces como de aventura clásica y algo de space opera, ofreciendo lo que se espera de ella y respetando la esencia de estos spin offs de Star Wars, que no es otra que la de llevar a lo audiovisual aquello que únicamente imaginamos en base a unas líneas de diálogo.

El problema quizás de Solo es que se debe a una historia conocida, que podría haberse interpretado de otra manera o con algo más de gracia o mala leche, pero cuyos personajes digamos esenciales tienen muy poco margen de maniobra, con lo que la frescura otorgada, por ejemplo, a los protagonistas de Rogue One aquí se pierde, y todo se convierte en una aventura demasiado clásica a la espera de una serie de situaciones clave.

Otro aspecto que puede no gustar es la caracterización del protagonista principal, pero salvo sorpresón, era fácil esperar que no se podría emular al gran Ford y la personalidad que imprimió en su día a su personaje.
Emilia Clarke como Qi'Ra no me ha molestado tanto como se escucha por ahí, aunque ciertamente existe más química entre el droide L3 y Lando que entre ellos dos.
Mención especial a Donald Glover, cuya interpretación de Lando se acerca mucho más al clásico de Billy Dee Williams que el Han de Ehrenreich.

En definitiva, Solo: A Star Wars History es un producto entretenido, correctamente dirigido por Ron Howard pero que no resulta tan fresca y redonda como Rogue One, y es una pena, porque con otro enfoque con algo más de alma y épica quizás hubiera acabado en el top de la saga.
Esperemos que el siguiente Spin-Off, que parece se centrará en el cazarecompensas Bobba Fett, resulte algo más profundo y original.

Un saludo.

20 de febrero de 2018

La Forma del Agua

Transportados a la Baltimore de la Guerra Fría, mientras Estados Unidos y la antigua URSS siguen empecinados en su carrera espacial, una criatura permanece cautiva en un laboratorio donde se llevan a cabo experimentos ultra secretos. Elisa, una empleada muda y algo solitaria, comienza a sentir curiosidad por el extraño ser.


Guillermo del Toro encuentra su madurez cinéfila en esta peculiar historia sin dejar de ser fiel a su particular estilo, con leyendas y monstruos ancestrales que en esta ocasión se fusionan con nuestra realidad, como ya sucediera en El Laberinto del Fauno pero a una escala mucho más ambiciosa por todo lo que abarca.
La tremenda belleza visual conseguida aquí solo es comparable con la profundidad y la inmensa calidez que desprende cada fotograma. Únicamente hacen falta unos pocos minutos al inicio, con esa habitación inundada mientras Elisa flota dormida, para caer rendidos al poder del mexicano.

Una fluida delicadeza que acaricia al espectador mientras se zambulle en el día a día de unos personajes que parecen vivir en una época que no les comprende y que no está preparada para albergar su humanidad, mientras se suceden verdaderos homenajes al cine.

Hay tanto en la forma del agua que abruma, por un lado tenemos la crueldad más primaria del ser humano que se cree el ombligo del mundo y escupe a sus hermanos, mientras vive un sueño de puro plástico teniendo la felicidad y el verdadero progreso frente a sus narices, pero con un alma tan en pañales que es incapaz de metabolizar su verdadera naturaleza y comprender su lugar en el mundo. Por otro lado tenemos una historia de amor impensable, que atraviesa todas las barreras emocionales y los prejuicios para darnos toda una serie de lecciones de amor, de empatía, civismo, superación...

Toda esta potencia visual, narrativa y sensorial quedaría en nada de no ser por el estupendo trabajo de todos y cada uno de los actores que dan forma a esta master peace, desde Elisa y su capacidad de transmitir esas emociones sin articular palabra, hasta ese malvado ser llamado Strickland interpretado por (una vez más) el inconmensurable Michael Shannon, pasando por unos fantásticos secundarios que no se limitan a que la historia fluya, sino que engrandecen todas sus cualidades aportando profundidad, momentos emotivos e incluso humor.

La forma del agua puede pasar por un cuento fantástico, por un drama, por una aventura, por una historia de amor e incluso flirtear con el suspense y el terror.
 Por todas estas bondades, solo queda darle las gracias a Guillermo por este viaje, sencillamente magistral.

 Un saludo.

31 de diciembre de 2017

Feliç 2018!

Decía un proverbio chino que "si el problema tiene solución para qué preocuparse y si no la tiene para qué preocuparse", me encanta esta puta frase, la uso bastante junto a "antes de negar con la cabeza asegúrate de que la llevas", de Truman Capote, aunque le pega más a Chuck Norris y "en el caos busca la simplicidad y en la discordia la armonía", del eterno Bruce Lee.

Todas ellas son bastante aplicables para el año que hemos pasado, que menudo año, sobre todo para los que vivimos al norte del muro...
Aquí han llovido hostias como panes, hemos condecorado a Ferreras y a la Pastor como hijos adoptivos de Cataluña y hasta hemos tenido un ataque terrorista.

Oigan, a mí todo esto me viene grande, yo no soy político, ni un William Wallace, ni quiero serlo...pero si sé que cuando mi madre me daba un guantazo era porque se habían acabado las opciones discutibles, y eso siempre es un fracaso.

A todo esto, ha sido un año laboralmente agotador, a pesar de por fin tener vacaciones tras 2 años, pero al no salir fuera salvo un par o tres de escapadas (grande la Provenza! y MUY cara Ginebra!!) sigo sin asilvestrarme en verano como desearía...pero ya llegará ya...

En cuanto a cine y series, diré Twin Peaks y Star Wars VIII, nada más que añadir Su Señoría.

Pórtense bien, y disfruten a tope de este 2018.



Un saludo.

16 de diciembre de 2017

Star Wars Los Últimos Jedi

33 minutos es el maravilloso primer capítulo (tras los 2 pilotos) de Battlestar Galactica 2003, aquel en el que Adama sufre el asedio de los cylons sobre su flota y que lleva al límite su capacidad táctica para evitar la aniquilación del último bastión humano.


Los Últimos Jedi recuerdan en parte este asedio, ya que la Primera Orden asfixia poco a poco a nuestra querida Flota Rebelde mientras en un punto remoto de una galaxia muy muy lejana se intenta convencer a la única persona que puede devolver el equilibrio al universo.

Rian Johnson toma el relevo de JJ Abrams tras la magnífica El Despertar de la Fuerza para darnos toda una bofetada a las seguidores de la saga poniendo patas arriba el universo conocido, "rompiendo" ciertas reglas y presentando su particular visión de la Fuerza, una visión que puede resultar todo un shock como cuando un crío descubre ciertas revelaciones que siempre había creído como reales.

Por ponernos en situación, la historia continua con Rey, que finalmente ha encontrado a Luke Skywalker tras su incesante búsqueda en el episodio anterior y cuya meta es que se una a la lucha rebelde para acabar con la Primera Orden.

Únicamente son necesarios unos minutos para saber que esto no va a ir como esperábamos, si bien es evidente que el mítico Skywalker no estaba oculto precisamente para que lo encontraran, la mística sobre objetos de culto y las historias legendarias que se creían ciertas son en cierta medida barridas de un plumazo para dar paso a nuevos misterios, dudas y obliga al espectador a poner los pies en la tierra para que entienda que no todo el monte es orégano.

Pero Johnson va más allá y se permite introducir elementos que se comunican con nuestra realidad, como el comercio de armas o el maltrato animal mientras nos muestra elementos que probablemente cobrarán protagonismo en un futuro, como esa parte del Casino, que puede descolocar a más de uno (a mí me resultó un poco floja) pero que como se ve al finalizar la cinta, tenía más importancia de lo que nos imaginábamos. De nuevo el director jugando con el espectador.


En cuanto a los personajes, Kylo Ren se quita la máscara (nunca mejor dicho) en este episodio para mostrar un registro más acorde con la naturaleza de este capítulo, mientras se forja una lucha titánica en su interior y que deja a Rey y al público con dudas hasta su clímax final, en el que de nuevo sorprende.
Mark Hamill como Luke nos regala probablemente su mejor actuación en la saga, cuya presencia es un arma de doble filo, pues cuando la acción se sitúa en otra parte del universo tu mente pide el regreso a la isla.
De igual forma Carrie Fisher ofrece un registro crepuscular, sabio, con alguna escena que también romperá los esquemas a más de uno, y con la épica inevitable en otros.

El abanico de seres que pululan van desde Laura Dern a Benicio del Toro, ambos a un muy buen nivel, que se complementan con el resto de personajes ya afianzados en la saga y que funcionan a la perfección, con un John Boyega como Finn más centrado en un carácter aventurero y cuya curva junto a Oscar Isaac es quizás la más predecible, aunque no deja de ser más que correcta y necesaria para determinados acontecimientos.

La factura técnica está fuera de toda duda, con unos efectos especiales de impacto, una fotografía que en ocasiones deja lienzos y una banda sonora que va como un tiro, aunque quizás con demasiadas partituras.

El episodio uve palo palo palo no dejará indiferente, ya se escuchan voces opinando que no es Star Wars, que es otra manera de estirar la saga, que no aprovecha sus personajes o que rompe quizás demasiado con su naturaleza.
Para mí es una apuesta arriesgada que revitaliza la saga, que nos educa en otro episodio de la fuerza que quizás no esperábamos y que ofrece la suficiente profundidad como para pensar sobre ella, digerirla y que cada uno encuentre su camino.

Un saludo.


13 de noviembre de 2017

A Ghost Story

Hemos visto a lo largo de la historia del cine infinidad de posibilidades a la hora de retratar ese universo sobrenatural que se supone nos rodea, lleno de espíritus, energía, almas en pena, cuentas pendientes y fantasmas errantes.


Un accidente de tráfico trunca la vida de una pareja cualquiera, él fallece, pero en lugar de atravesar el famoso túnel blanco, decide quedarse y regresar a casa.

David Lowery realiza un experimento contemplativo en el que pone a prueba nuestra resistencia a la hora de soportar kilos de dramatismo en forma de escenas cotidianas en las que se nos muestra cómo sobreviven nuestros seres queridos una vez hemos muerto mientras son observados desde ese plano sobrenatural sin poder hacer nada salvo algún poltergeist.

Sin grandes alardes técnicos, de hecho el atrezzo no puede ser más básico y clásico, una sábana con dos agujeros, se las arregla para construir una nueva forma de ver el ciclo "vital" que parecen soportar las almas que quedan atrapadas en nuestra dimensión, pasando distintas etapas y viendo cómo invaden ese lugar al que parecemos quedar arraigados una vez morimos y donde pequeños detalles que quedaron pendientes o vínculos con nuestros seres queridos se convierten en pura obsesión y la única razón de ser y existir en dicho universo.

La cinta, de corte muy, pero muy pausado, explora de forma interesante esta nueva visión del más allá construyendo primero unas bases emotivas sobre la pareja protagonista para que nos acompañe ese sentimiento de melancolía y nos toque la fibra con ese nexo roto por la desgracia y en la que prima la impotencia, el dolor y el tiempo.
Llegados a cierto punto, va más allá y realiza un atrevido "salto" para darle una dimensión algo más cuántica y compleja en la que se ofrece al debate más sesudo.

A Ghost Story es una original propuesta,  con una fotografía muy destacable por cierto, a la que quizás hay que abordar en un estado de ánimo más bien óptimo y a la que probablemente no guste si no se buscan ciertas sensaciones o puntos de vista diferentes.

Un saludo.

18 de octubre de 2017

Colossal

Colossal nos cuenta la historia de Gloria, una neoyorkina interpretada por Anne Hathaway que pierde su trabajo y novio y decide volver a su ciudad natal.
Allí se reencontrará con amigos de la infancia y con la noticia de que un gigantesto Kaiju (una suerte de Godzilla) siembra el pánico en Korea.


El cántabro desarrolla una relación algo looser entre Gloria y su amigo de la infancia Oscar mientras introduce esa situación excepcional al otro lado del mundo. Poco a poco los lazos entre ambos se estrecharán entre movidas auto destructivas hasta llegar a cierta revelación que desencadenará en el origen de este universo.

Vigalondo presenta un trabajo más comedido en su parte inicial que sus últimas creaciones, construyendo una base sólida y alejada de experimentos algo pajilleros como Open Windows o comedias a medio gas como Extraterrestre, a pesar Raúl Cimas.
No llega al nivel de satisfacción de los Cronocrímenes, pero sin duda Colossal parece volver un poco por esos derroteros, ofreciendo un resultado más que correcto con una idea bien plasmada junto a una buena dosis de efectos especiales muy bien resueltos.

Una vez llegados a su parte final, con alguna épica reminiscencia inspirada en productos como Godzilla o Pacific Rim, el sabor que deja es bueno, pero con cierta sensación de excesivo metraje y con una parte central algo cansina debido a la utilización de clichés que provocan gatillazo antes del buen clímax final.

En cualquier caso, Colossal es una interesante propuesta bien hilvanada, que proyecta problemas muy humanos a través del túnel de la fantasía.

Un saludo.

16 de octubre de 2017

Blade Runner 2049

El clásico neo noir dirigido por Ridley Scott en 1982 resurge de sus cenizas de la mano de uno de los directores más versátiles y mejor valorados en nuestros días, Denis Villeneuve, autor de obras como Priosioneros, Arrival o Incendies.


Han pasado 30 años desde que finalizó la historia del Blade Runner Rick Deckard, interpretado por el prolífico Harrison Ford, mientras huía con Rachel tras asistir a una de las escenas más emotivas y míticas de la historia del cine, aquella en la que un replicante se apagaba lentamente recitando melancólicas frases sobre recuerdos que iban a perderse como lágrimas en la lluvia.

Como si el espectador hubiese estado sumido en un sueño, la historia continua pasados todos estos años y nos presenta un mundo en formato gran angular en comparativa con su precuela, masificado y con esa neblina fría y gris, incluidos los característicos y gigantescos neones publicitarios bajo pequeñas reminiscencias que recuerdan a nuestro mundo.
En él siguen pululando mercaderes, buscavidas, borrachos, furcias y personajes de todo tipo que prolongan la ambientación de la cinta de Scott como si el tiempo no se hubiese detenido en este peculiar y distópico universo.

Tras una pequeña introducción sobre fondo negro en el que se nos relatan algunos acontecimientos destacables sucedidos durante este periodo, la escena inicial ya nos marca el terreno y define el tono general que nos acompañará durante los casi 170 minutazos que dura.
Es en este preciso momento en el que asistimos a una de las primeras novedades, los replicantes han sido perfeccionados por una nueva corporación que asumió el control del legado de la compañía Tyrell hasta tal nivel, que incluso sirven para cazar a otros de su “especie”.
Este hecho abrirá la puerta a una nueva dimensión filosófica en el universo de la obra de Phillip K. Dick que servirá para reconducir la historia y para justificar el retorno a esta decadente Los Ángeles de 2049.


Ryan Gosling es el encargado de llevar el peso del detective K, un replicante acondicionado para servir a la ley que se topa con un modelo antiguo en busca y captura que debe ser retirado.
A partir de este momento, comenzará a tejerse un puzzle en el que poco a poco se irán descubriendo pesquisas que llevarán al espectador a desgranar este ejercicio de filosofía humano-droide, en un plano evolutivo que va más allá de lo descubierto en la anterior cinta.

De este modo, la secuela recupera el tono de su predecesora, investigaciones con aire noir, las femme fatale, los contrabandistas de información y la acción seca y contundente, pero añade un estilo narrativo mejor hilvanado y reposado, resultando una historia bastante accesible pero a la vez rica en matices.
A todo ello se le suma su fantástica ambientación, respetando de forma casi insultante a la original e incluso evolucionando, con unos escenarios que a pesar de cierta repetición en alguna que otra ocasión, justificados en cierta medida por su carácter de cine noir, resultan abrumadores, enormes, desoladores, bellos, con un complejo minimalista y sobrio que no hace sino destacar esos pequeños detalles tan retros pero a la vez funcionales, como esas pantallas de escáner que son capaces de ver un número de serie microscópico pero que parecen sacadas de la época del Commodore.

Por otro lado, Villeneuve es consciente del peso que supone ofrecer al público unos personajes a la altura del clásico como el mítico Rutger Hauer, sin olvidar a Ford.
Para ello, decidió contar con Golsing, que sencillamente resulta ideal para el papel de Blade Runner. Implacable, frío, pero con ese punto de humanidad que no se le presupone pero que se le espera.
Junto a él, Ana de Armas como Joi acaba por regalarnos una de las relaciones digitales más emotivas de los últimos tiempos, ayudando de manera muy destacable en las distintas evoluciones del personaje de Gosling.
O Luv, una femme fatale replicante a la orden de la corporación Wallace que no puede retener las lágrimas cada vez que su core le obliga a realizar una acción que probablemente choca con su cautiva alma.
Todos ellos funcionan a la perfección y combinan de forma casi simbiótica con un universo decadente en el que se vislumbran destellos de moralidad y brutalidad por partes iguales.



En cuanto a su banda sonora, en esta ocasión no tenemos a Vangelis, pero cabe destacar que Zimmer y Benjamin Wallfisch han realizado un trabajo fantástico, sin llegar a ser tan épico como la original pero funcionando a la perfección y resultando atronador en alguna escena, como en esos vuelos sobre Los Angeles.

Todos estos detalles la convierten bajo mi punto de vista en una de las mejores y más dignas secuelas jamás rodadas, no exenta de fallos, pero creo que las virtudes eclipsan de manera destacable estos aspectos negativos.

Un saludo.

29 de septiembre de 2017

Green Room

La "Green Room" es la habitación donde los artistas esperan, se relajan o se establecen antes, durante y en ocasiones después de alguna actuación.

Esta sala será el epicentro de esta violenta historia que involucra a un grupo de chavales cuyo bolo musical en un garito de neonazis se complica más de la cuenta.


Jeremy Saulnier, tras la muy recomendable (y violenta) Blue Ruin, prueba suerte en el género del thriller de terror en el que un grupo de músicos deberá sobrevivir tras ser testigos de un asesinato.
Un reparto interesante, encabezados por el tristemente y recién fallecido Anton Yelchin y por Patrick Stewart, serán los encargados de conducir esta historia de violencia y tensión.

Tras ser reconocida en Sitges y escuchar comentarios muy positivos, debo reconocer que me esperaba algo más rompedor, y sinceramente, la cinta es correcta, pero no pasa de ahí.
Sencillamente porque no vemos nada que no hayamos visto antes, la historia no da de sí demasiado y, a pesar de estar rodada de forma bastante inteligente, no deja de ser un buen entretenimiento con cierta tensión pero cuya historia no llega a ser ni demasiado sórdida ni potente, quedando todo relegado a una serie de matones, unos tipos parapetados y algún que otro agujero de guión que no ayuda precisamente a que el resultado supere el aprobado.

Pequeño paso hacia atrás de Saulnier cuyo trabajo en Blue Ruin me pareció mucho más profundo, directo y sorprendente, aunque por lo menos sigue pareciéndome un buen director, quizás las expectativas estaban demasiado altas..

Un saludo.

Black Sails

Reconozco que el mundo de los piratas siempre me ha atraído, quizás la vertiente más onírica, porque la realidad histórica fue según los registros bastante más oscura y macabra de lo que lo pintan esos retratos tan amables, como en ocasiones sucede en esas cintas de samuráis o geishas donde todo se presenta como si de un cuento se tratase.

Ese mundo de pillaje, de aventuras, de forajidos y batallas navales, quizás emparentado con el propio western (en secano, claro), es un caldo de cultivo de historias que han ido forjando al fin y al cabo la idiosincrasia del ser humano, creando en ocasiones leyendas que perduran hasta nuestros días y maneras de quebrantar la ley de las formas más impunes.


Desde Robert Louis Stevenson, pasando por Tim Powers o Joseph Conrad, son muchos los escritores que han plasmado las aventuras y desventuras de personajes como John Silver o Chandagnac, siendo posteriormente adaptados a la pantalla en infinidad de versiones y por multitud de actores, desde Errol Flynn hasta Johnny Deep.
La última incursión en el cine del mundillo pirata nos vino de la mano de la exitosa saga Piratas del Caribe, aunque personalmente, creo que la última gran cinta de aventuras sobre la temática, en su vertiente más pura, fue La isla de las cabezas cortadas, toda una declaración de intenciones que lamentablemente fue un fracaso en taquilla.

En el mundo seriéfilo, han existido algunas incursiones, aunque en los últimos tiempos es cuando más han proliferado, como Crossbones de John Malkovich o Neverland, pero ha sido Black Sails la que ha aguantado el tirón hasta la actual tercera temporada, en la que se ha anunciado su final en la cuarta, cerrando, previsiblemente, la historia de forma satisfactoria sin estirar más de la cuenta este prólogo de lo que vendría a relatarse más tarde la obra de Stevenson, La Isla del Tesoro.

Black Sails arranca en Nassau, una suerte de puerto pirata donde no impera la ley después de que el mundo declarara a los piratas "hostis humani generis" (enemigos de toda la humanidad) tras sus continuos saqueos al comercio marítimo de la zona.
En esta pequeña ciudad se comercia con los botines obtenidos y se trafica información, cuya figura más visible es Eleanor Guthrie, hija del Gobernador y que se ha granjeado todo un emporio.

Así comienza este prólogo de lo que contará años más tarde la conocida obra literaria, entre personajes que irán forjando su historia y leyenda, mientras las tramas nos muestran desde ese día a día pirata hasta los motivos personales que empujan a estas personas a convertirse en parias de la sociedad, en alguna ocasión justificada y en otra debido sencillamente a la codicia más primaria del ser humano.
Es en esta profundidad de los personajes donde la serie creada por Jonathan E. Steinberg y Robert Levine brilla en conjunción con unas escenas de acción brillantemente ejecutadas que nos enseñan además algunos aspectos históricos que conectan con nuestros días a la hora de mostrar ese mundo corrupto que se ampara en ciertas leyes de dudosa justificación, dando forma a esa sociedad repudiada, esa familia que podría emparentarse con Yakuzas, Triadas, Camorra e incluso las bandas o clanes urbanos más contemporáneos.


Visualmente, Black Sails consigue un acabo fantástico para un producto destinado a la pequeña pantalla.
La puesta en escena es muy ambiciosa y la utilización de determinados espacios y localizaciones consiguen trasladarnos a esos peligroso mares caribeños de la edad dorada de la piratería, con un aspecto más amable de lo que realmente era pero respetando determinadas costumbres y mostrando cierta barbarie que suele pasar en ocasiones desapercibida en otros productos más comerciales.

Pero no todo reluce durante sus tres primeras temporadas, en ocasiones alguna trama se hace, en mi opinión, algo densa, como por ejemplo la trágica historia de Anne Bonny, y puede que algunos capítulos condensen demasiada paja dialéctica, pero por fortuna sabe remontar a tiempo y en la mayoría de episodios tenemos situaciones frenéticas o elementos lo suficientemente interesantes como para no perder el hilo y desengancharse.

El reparto de la serie, encabezado por Toby Stephens como James Flint, funciona a la perfección, con personajes como Charles Vane, Eleanor Guthrie, Jack Rackham o John Silver que tienen un magnetismo fantástico y que consiguen transmitir de forma notable desde la fiereza de Vane a la perspicacia de Rackham.

Black Sails contará con una cuarta y última temporada que cerrará el círculo y conectará, en principio, con la historia de Stevenson y por ende con los personajes de ficción en los que se basa.
Perfectamente podía haber terminado en su tercera, pero no está de más conocer algunos entresijos que acabarán por darle forma a esos personajes tan míticos como John Silver o el capitán Flint.

Por cierto, magnífico opening con el tema de Bear McCreary.

Un saludo.

Life

Life se suma a la extensa lista de títulos que rinden homenaje de una forma u otra a títulos míticos como Alien o La Cosa.

Daniel Espinosa, director sueco de origen chileno presenta un survival horror ambientado en el espacio, concretamente en la Estación Espacial Internacional, donde un grupo de científicos reciben unas muestras del suelo marciano con lo que aparentemente parece ser la primera forma de vida descubierta fuera de nuestro planeta.


Lo que en un principio parece ser el descubrimiento del siglo, pronto degenerará en una pesadilla como la vivida en los pasillos de la Nostromo.

El siempre solvente Jake Gillenhaal encabeza un interesante reparto en el que tenemos desde el risueño Deadpool hasta el solemne Hiroyuki Sanada, un buen grupo que lamentablemente deja la sensación de estar algo desaprovechado.
Y es que a pesar de los buenos momentos iniciales y de cierta tensión bien llevada, el regusto final es de otra monster movie, con alguna que otra idea interesante pero que queda muy dispersa sin llegar a destacar más allá de alguna conversación trivial referente al momento en el que se pueda encontrar vida extraterrestre y cómo afrontar dicha situación.

El problema degenera en una propuesta poco arriesgada que la va dejando cada vez mas expuesta por culpa de los clichés y de un guión no muy acertado, con lo que al final, a pesar de tener un cierre curioso, provoca cierta indiferencia.

No es Life una mala cinta, sin duda existen aberraciones mucho peores, pero podía haber ofrecido mucho más de todo, empezando por la gestión del alien, muy buena en su comienzo, pero casi de vergüenza ajena en algunos momentos, pasando por un uso de ese reparto mucho más potente e inspirado.

Un saludo.


2 de septiembre de 2017

Narcos

Aunque su uso se remonta al Antiguo Egipto, el primer gran conflicto internacional sobre el comercio de sustancias tóxicas arrancó con la Guerra del Opio, en la que Inglaterra se las vio con China por la distribución (y legalización) de la preciada sustancia.
Fue la propia China la que introdujo el opio en México, a partir de entonces, y debido a las bonanzas del clima para cultivar la planta, desencadenó en lo que hoy en día genera miles de millones de dólares por todo el mundo y ha provocado infinidad de muertes.

Narcos retrata este mundo del hampa y se centra en sus dos primeras temporadas en el ascenso al poder de uno de los cabecillas del cartel mexicano más famoso de todos los tiempos, Pablo Emilio Escobar Gaviria, en su Colombia natal allá por los años 80.


Esta suerte de biopic, narrado desde el punto de vista de un miembro de la DEA, arranca ofreciendo una visión desde los dos bandos. Por un lado está la realidad colombiana, en la que estos grupos de maleantes pretenden forrarse amparados por la creencia de sentirse los Robin Hood del pueblo, ofreciéndoles seguridad (o plomo) e incluso llegando a flirtear con la política mediante promesas de mejoras sociales, todo ello construido con dinero manchado de sangre.
En el otro bando tenemos la lucha desde distintos puntos de vista y situaciones que mantienen las fuerzas del orden por, en ocasiones atrapar, y en otras aprovecharse de la situación.

Estas facciones enriquecerán el universo de Narcos para ofrecernos desde intrigas políticas hasta los entresijos internos de estas organizaciones criminales, amparado en el marco histórico, pues la ficción se fusiona con la realidad con las debidas licencias televisivas.

Una vorágine de poder, brutalidad e impunidad en el que el miedo, enmascarado bajo una falsa protección por parte de estos delincuentes, se hace latente desde el Parlamento hasta la calle más sórdida de la Medellín de los 80, en la que la "paz" pende siempre de un hilo y va en concordancia de si se deja "trabajar" a los narcos o no mediante el puro chantaje.

Interesantísimo retrato de una época en la llama muchísimo la atención la serie de argucias utilizadas para saltarse el peso de la ley así como esa inocente y desbordada burocracia que provoca que el criminal vaya siempre un paso por delante, sin olvidar la profundidad a la que somete a sus personajes.

Uno de los biopics más brillantes llevados a la "pequeña" pantalla, con un inconmensurable Wagner Riveiro caracterizando de forma brutal a Escobar, y con una ambientación y factura técnica sobresaliente, aunque como comentaba antes, con ciertas licencias, algunas de ellas fuertemente criticadas por el descendiente del mismo narco, Juan Pablo Escobar, el cual ha desmitificado todo el glamour que Netflix impregna a la vida de Escobar indicando que ni de lejos vivían como cuentan, así como alguna que otra situación excesivamente ficticia.

Narcos cuenta ya con una segunda temporada, de nuevo en Netflix, que retrata la progresiva caída de "Don Pablo" ya envuelto de lleno en el narcoterrorismo y que continua a un altísimo nivel, mejorando incluso en algunos aspectos, sobre todo en cuanto a poderío visual.

Recientemente se ha comunicado que se espera una tercera y cuarta temporada, lo que degenerará ya no sólo en un biopic sobre Escobar, sino en un retrato completo del narcotráfico y sus distintas familias, así como su legado.

Un saludo.

7 de agosto de 2017

Dunkerque

Ambientada en 1940 en plena Segunda Guerra Mundial, el director de El caballero oscuro recrea un momento histórico sucedido en las playas de Dunkerque, Francia, durante la ocupación alemana del país galo.


Para más información, se puede recurrir a Wikipedia o páginas de historia donde se cuentan las vicisitudes de la contienda, y varias teorías que intentan arrojar cierta luz sobre los motivos que llevaron al ejército alemán a "permitir" lo ocurrido.

En esta ocasión, Nolan se aleja del cine fantástico para realizar un experimento sensorial más cercano al cine de Kubrick que al de los grandes Blockbusters, con un resultado desigual.

No hace mucho, el director comentaba que estuvo a punto de no utilizar guión para contar la historia, pues su idea principal es la de transmitir sensaciones a base de una sucesión de cañonazos en forma de frenesí audiovisual y no le acababa de ver el sentido a utilizar esas escuetas 76 páginas.
Esto se traduce en poco más de 100 minutos durante los cuales nos sentiremos desorientados, exhaustos, acobardados, furiosos...
Lo primero que llama la atención en este tipo de cintas bélicas es su duración, pero es que bajo mi punto de vista, soportar mucho más al ritmo que imprime el director y su compositor puede resultar hasta perjudicial.

Y aquí entramos en los puntos negros de la cinta, su experimento puede ser aplaudido por unos y sencillamente agobiante para otros.

Dunkerque no sigue un hilo argumental 100% lineal, en esta ocasión se emplean distintas elipsis para mostrar un suceso desde varios puntos de vista; un pequeño pesquero, un aviador, la infantería en tierra...todo ello levemente salpicado por alguna explicación fugaz de los mandos militares que nos ponen en situación.
A partir de aquí construye una serie de sucesos que reflejan las distintas emociones que sintieron los protagonistas, desde hundimientos, muertes, bombardeos, suicidios...

Pero todo ello se muestra con un ritmo tremendamente cansino, repetitivo, machacón y ciertamente frío, quizás a propósito, pero que únicamente pide a gritos terminar para que el bueno de Hans Zimmer deje de acuchillar vinilos y de atormentarnos más con el sonido que con lo que vemos, porque lo que se ve, a pesar del horror que supuso, no sorprende ni transmite apenas nada sin ese martilleo sonoro.
Esto no quita, en cualquier caso, que el trabajo realizado en lo relativo a efectos sonoros sea sencillamente abrumador.

Y finalmente se llega a esos 15 últimos minutos donde converge la historia para mostrar alguna que (más que probable) licencia histórica mientras florece la poca emotividad que el director ha querido liberar para el espectador.

Un saludo.