1 de febrero de 2015

10.000 Km

A una fotógrafa freelance se le presenta una oportunidad laboral en Los Ángeles mientras convive con su pareja en Barcelona. Este detonante provocará una separación temporal de 1 año.


A priori, la obra de Carlos Marques-Marcet puede parecer la típica historia de una pareja que por X motivos se ve forzada a separarse y en el transcurso de esta situación comienzan a suceder las típicas desavenencias que llevan a un desenlace donde se intenta sorprender mediante alguna fórmula, ya sea con algún giro sorprendente o bien mediante situaciones que irremediablemente atrapen al espectador.

Pero Marcet parece tener muy claro todo lo que quiere contar, cómo lo quiere contar y qué quiere dejar en el recuerdo del espectador, y ciertamente lo consigue a base de una excelente puesta en escena, de la utilización de los espacios, de utilizar muy bien los recursos narrativos (y visuales) y de por supuesto contar con dos actores que consiguen meterse al 100% en su papel y que transmiten de forma cojonuda ese carrusel de emociones por los que atraviesan en su odisea sentimental.

Construida de forma clásica con una introducción en forma de fantástico plano secuencia, nudo y desenlace, la trama introduce una serie de elementos de muy rabiosa actualidad que alimentan la historia con el fin de retratar desde la separación que podría estar sufriendo la vecina del quinto debido al drama laboral del país, pasando por el daño que pueden hacer la poca sensibilidad de las redes sociales, sin olvidar la idiosincrasia del ser humano, sus dudas, temores y decisiones caóticas, sobre todo en lo referente al amor.

10.000 km además contiene un cierre redondo, en el que la interpretación a múltiples lecturas no hace sino que dejar un fantástico sabor de boca con un final sencillamente soberbio.

Poco o nada se le puede achacar a esta cinta, quizás personalmente encontré el audio algo flojo en general y alguna situación previsible en cuanto al conflicto retratado, pero por fortuna hasta de eso sabe sacar alguna lectura interesante.

Un saludo.

20 de enero de 2015

Once

Hoy toca una peli algo viejuna aunque de actualidad por la nueva propuesta de su director John Carney, Begin Again, lo que parece la evolución lógica de esta One, ganadora del Oscar por el tema Falling Slowly, temazo por cierto.
Me llamaba la atención su nuevo trabajo, pero no quería verla sin antes echarle el ojo a ese origen, y Begin debe ser muy completa para aportar algo a esta pequeña maravilla de autor, aunque puede ser muy interesante de cara a completar este singular viaje.


Once cuenta la historia de un músico que poco a poco se ve sumido en la melancolía mientras compone canciones y las toca por las calles de Dublín. Conocerá una vendedora inmigrante de rosas amante también de la música y juntos entablarán una amistad muy especial.

Rodada rozando el documental, Once es sincera en su propuesta, empañada de sueños aparentemente inalcanzables por el peso de la realidad y estructurada mediante pasajes enlazados entre sí a base de melodías, motor de la historia y que consiguen llamarnos la atención por su capacidad de transmitir esa pasión que emanan por un lado los protagonistas y por otro por la calidad de las mismas, salvo que te importe un comino la música o este estilo de música indie folk.

La potencia emocional de algunas canciones unido a ese drama personal que viven sus protagonistas mientras se abren paso ante las inclemencias de un destino que parece inquebrantable se convierte rápidamente en una historia que atrapa, emociona y convence gracias entre otras cosas a la fantástica química conseguida entre ambos y a una fotografía que pese a parecer descuidada, se muestra natural como la vida misma y utiliza de forma inteligente cualquier recurso disponible del entorno mientras nos enseña ese mundo gris de los suburbios pero con pinceladas de ilusión.

El único punto negativo que le podría encontrar sería quizás su duración, ya que con algunos minutos más podría haber profundizado en algún que otro aspecto que queda un poco en el aire, pero por otro lado es una gozada que en hora y media la cinta se las arregle para contar una historia tan humana, por lo que sinceramente no creo ni que se pueda considerar un error.

Verla en versión original, por cierto, es obligatorio en este caso.

Un saludo.

13 de enero de 2015

Birdman

O "la inesperada virtud de la ignorancia", título que parece una canción de Jorge Drexler, es la sexta obra del director Iñaki G. Iñárritu, autor de obras como Babel, 21 Gramos o Biutiful y que vuelve a centrarse en esos dramas personales jugando esta vez con la locura de la fama en ese circo que puede llegar a ser el mundo de la actuación en pleno Manhattan, rozando la vertiente looser sin llegar a ser tan decadente y triste como mostró en su trabajo con Bardem.


Michael Keaton interpreta a Riggan Thomson, un actor que vive en el ocaso de su carrera y pretende demostrarle al mundo, mediante la adaptación de una obra literaria clásica en Broadway, que todavía tiene algo que decir en el panorama actual y de paso dejar huella en la historia de la interpretación.

No es la primera vez que se nos muestra este reflejo del mundo de la interpretación, con mayor o menor acierto tenemos obras como Algo pasa en Hollywood que pretendía mostrar el día a día hollywoodense, algo pestiño y descafeinado, o grandísimos clásicos como El Crepúsculo de los Dioses o la reciente The Artist.
En ellas se nos muestra ese frívolo mundo del celuloide, con gente endiosada, extravagancias por todos lados y drama, mucho drama en un mundo en que generalmente las vidas de los actores sufren debido a la dificultad de gestionar emocionalmente la fama o de simplemente no querer que termine nunca su trabajo y pasión.
Así que Birdman no inventa la rueda, pero sí ofrece una historia de calidad, fantásticamente rodada tanto a nivel visual como sonoro, con algunas secuencias como si Scorsese se hubiera dejado caer por ahí, en una virguería a base de planos secuencia conectados entre sí como si de un acto teatral se tratara. Sin olvidar unas actuaciones sencillamente cojonudas.

Keaton personifica probablemente ese sentir crepuscular que sufren hoy en día esos actores que deben dar paso a las nuevas generaciones y que ven en el fondo cómo ellos mismos fomentaron la situación actual,  afectado emocionalmente en un interesante dilema moral interior repleto de matices que Iñárritu y Keaton trasladan al espectador junto a unos secundarios excelentes, como Edward Norton, Emma Stone o Andrea Riseborough.
Ahí es donde Birdman brilla con luz propia al introducir ese enfrentamiento psicológico en el protagonista al querer, por una lado volver a la senda del éxito, pero por otro presentar una obra de calidad sincera y visceral, mientras lucha en esa jungla despiadada que es Broadway y de paso se plantea moralmente su carrera mientras poco a poco se funde realidad con ficción.

Por comentar algún punto negativo, quizás su epílogo se alarga en exceso, pudiendo haber dejado una buena estocada llegados a cierto punto o mostrando algo quizás más elegante, pero es apreciación personal y no empaña en ningún caso una cinta muy interesante y que ofrece sin duda tantísimas cualidades.

Un saludo.

5 de enero de 2015

The Babadook

Jennifer Kent debuta con un sorprendente thriller de terror en mitad de un panorama que últimamente nos deja algunas propuestas muy interesantes como son Oculus o las obras del ya asentado como uno de los más interesantes exponentes del género, James Wan.


Amelia es una viuda que vive con su único hijo, un mocoso algo hiperactivo y que para más inri comienza a sentir la presencia de un ente maligno a raíz de la lectura de un cuento llamado "El Babadook".

Lo que aparentemente podría tratarse de la típica cinta con la madre coraje, incomprendida por todos y que lucha en solitario contra los incrédulos o del típico niño en parecida situación, Babadook construye de forma sutil un perfil psicológico sobre sus protagonistas que se funden con la vida misma para ensalzar esa parte psicópata del ser humano. Potenciado por la parte fantástica se permite elevar el juego con el espectador para crear desconcierto y aumentar sus posibilidades como entretenimiento.
Con alguna que otra referencia al cine reciente ya indicado e incluso flirteando con verdaderos clásicos como El resplandor en su vertiente más psicológica, aunque salvando las distancias del monstruo de Kubrick, The Babadook avanza con buen pulso y haciendo uso de los limitados recursos con los que contaba la directora, sumando puntos en esta original propuesta que deja un muy buen sabor de boca una vez finaliza, entre otras cosas por el fantástico trabajo de los dos protagonistas y por, una vez más, la buena dosificación de los elementos sobrenaturales.


Todas estas bondades se traduce en una curva interesante para construir el suspense mientras crece esa sensación de terror oculto en las sombras como ya pasara en Insidious, aunque ciertamente cuando toca sacar músculo en el apartado técnico, los efectos visuales se resienten en cierta medida y es una pena que el espectador pueda calificarla de producto de segunda por estos detalles, en lugar de disfrutar de su genial propuesta. A pesar de todo, deja grabadas en la memoria algunas escenas por su impacto sonoro/visual.
Bajo mi punto de vista, construye tan bien esa simbiosis entre el mal, sus vidas y los personajes, que francamente, poco importan esos puntos débiles.

Un saludo.

1 de enero de 2015

Estambul - Parte II

Segunda y parte final de esta mini guía, que no pretende retratar los 5 días al detalle ya que pueden preguntar pormenores cuando quieran aquí mismo, en las redes sociales o cuando nos veamos.

Resumiendo un poco, es aconsejable tener en cuenta un poco la previsión del tiempo ya que en función de esto se aconseja visitas más de interiores o exteriores.
Parece una obviedad, pero en Estambul cobra protagonismo porque es indispensable tener cierta condición climatológica para disfrutar al máximo algunos paisajes, como por ejemplo las vistas desde Uskudar, barrio asiático que queda al este del mapa y al que se llega en ferry desde Eminonu;



Este barrio tiene un mercado interesante con pescado fresco muy cerca de la parada de los ferrys, una mezquita islámica y un paseo por el puerto que es la delicia del turista que puede sentarse en unos bancos con cojines mientras se toma un té, come pipas y pistachos (todo el mundo come frutos secos a saco) y si es sobre las 16h (invierno) mejor, pues si el día es claro o con pocas nubes la puesta de sol puede ser de infarto con la Madien's Tower de frente y el "skyline" de Sultanahmet al fondo.

Los cruceros por el Bósforo también son aconsejables realizarlos en la puesta de sol, el espectáculo es acojonante, todo se vuelve dorado e infinidad de gaviotas buscando el pan que los turistas les lanzan desde el ferry. Se realizan cruceros de distinta duración pero a nosotros nos aconsejaron uno de la compañía Turyol y la verdad es que fue bueno, bonito y barato. Dos horas en total, saliendo a las 16h y pillando tanto la puesta de sol como el iluminado nocturno de la ciudad, un espectáculo digno de ver bajo los puentes iluminados del Bósforo. De friki.




Una vez sabido esto del tiempo, existen bastantes museos y palacios que visitar, como el de Topkapi, al lado de Santa Sofía. Una enormidad que se lleva 3 o 4 horas tranquilamente pero que es digno de ver, aunque personalmente disfruté algo más el de Dolmabahce, cerca de Besiktas, lástima que la visita sea tan corta, pero el interior es muy muy impresionante. Huelga decir de la cantidad de mezquitas, baños turcos para el que se anime, espectáculos de danza....

Dicho esto, nuestras rutas siguientes pasaron por recorrernos los distintos distritos como el que va de la plaza Taksim hasta la torre de Galata, muy visible desde cualquier punto de Eminonu o zona elevada. Este lugar resulta muy europeo, con mucha tienda y una avenida que es recorrida por un tranvía de época en uso que remolca otro vagón en que en su interior (promocionados por una tienda de ropa) un grupo canta canciones para gozo del turista, por lo menos en navidades imagino...bailamos un poco, todo hay que decirlo.
Ese recorrido ciertamente no dista demasiado de cualquier Puerta del Ángel, pero por sus calles se pueden encontrar cafeterías y garitos que merecen la pena.

Otra opción muy recomendable resultó ser la zona de Fener y Balat, se ve en el mapa de la primera parte de la guía en la parte norte. Son un par de barrios a los que se llega mediante bus (o taxi) desde Eminonu, concretamente desde la salida número 6.
Estos barrios son un conjunto de calles adoquinadas, con infinidad de casas de colores, cruces imposibles, alguna cuesta, ropa tendida entre edificios, cafeterías con postres muy llamativos, unas vistas sobre el Cuerno de Oro muy guapas, niños jugando por las calles...muy auténtico.
Además, caminando llegamos hasta la mezquita de Suleymaniye, que ya habíamos visitado pero que nos llamó la atención la parte "trasera" de la misma, que daba a un barrio que parecía un gueto de Varsovia. Ese día que lo vimos no pudimos pararnos a verlo con detenimiento, pero el día dedicado a Fener y Balat sí, y la verdad es que es un mundo aparte de otras zonas, con casas semi derruidas, algunas quemadas, calles sin asfaltar....a tope, lo que a mí me mola.

En cuanto a las comidas, estuvimos en lugares muy recomendables como Imbat, un sitio al que se llega desde la entrada de un hotel y en el que hay que subir por un ascensor ya que el restaurante está en la parte alta desde el que se tienen unas vistas bonitas (que no espectaculares) de la ciudad.
Otro sitio fue el número 1 que vimos de Tripadvisor de Estambul y que teníamos bastante cerca de la zona del hotel, el Old Otoman, el cual se llega desde la calle de la Basilica Cistern (muy cerca, pegado, está el Medusa, otro sitio recomendable a pesar de la pinta de ser muy turístico), hay que seguir caminando en linea recta hasta que se llega a un cruce, seguir pegados a la derecha y se verá un cutre cartel (es que es difícil de ver). El sitio no llama la atención, pero la cocina es cojonuda, tienen buena variedad de vinos y te cocinan una variedad de kebab dentro de una suerte de ánfora sobre brasas que rompen delante tuyo. Ese plato para dos es más que suficiente, y los precios están muy bien. Ojo, que lo hacen a lo auténtico y el Kebab pica, si no se quiere "spicy" hay que decirlo.
Otro lugar es el Hamdi, cerca de Eminonu, se encuentra fácil porque es todo un edificio con cristaleras que ofrece unas vistas inmejorables, aunque conviene reservar (con vistas).

El precio medio de estos sitios al cambio es de poco más de 15-20 euros por persona, en función de lo que pidas, nosotros por ejemplo pedimos muchas veces cerveza para antes de los platos y es bastante cara en general. Ojo con el alcohol, pues hay zonas en los que no sirven ni gota.
Como digo sobre los precios, mucho más de las, por ejemplo, 6 liras (ni 2 euros) que te cuesta un bocata caballa en el puente de Galata o un menú que nos zampamos en un bar de carretera (que estaba muy rico, pero que es de batalla lógicamente).

Y callejear mucho, a pesar del frío que pega una vez se pone el sol. Es un lugar para perderse, con sensación de inseguridad cero, con rincones realmente atractivos, exóticos, con una gente muy amable que incluso se ofrecían por la calle por si teníamos dudas del lugar, con una oferta gastronómica muy variada y rica. Una ciudad muy bien conectada a nivel de transportes y muy económica, adaptable a cualquier tipo de bolsillo.

Como curiosidad final, en los aeropuertos tienen unas máquinas donde es posible recargar en nuestras cuentas paypal los dineros que nos sobren, esas monedillas o suelto que no te pillan en las casas de cambio.

Un placer haber visitado un sitio así, y aunque suene a tópico, es de esos sitios a los que no importaría volver. Probablemente lo hagamos, pondremos de excusa a Capadocia para hacerlo.

Un saludo.

Estambul - Parte I

Tras varios intentos de visitar la antigua Constantinopla durante el 2014, finalmente surgió la oportunidad allá por septiembre, una oferta irrechazable aunque pillaba ciertamente algunos días festivos claves en Navidades, pero como hay más años que ollas decidimos probar eso de pirarnos con el frío a ver qué tal.

Situada en Turquía, a unas 3 horas veinte minutos de vuelo desde Barcelona, Estambul es un atractivo destino turístico principalmente por la mezcla Asiática-Europea, pero además de esta particularidad esconde mucho más, en un abanico de posibilidades que hizo que 5 días fueron suficientes para poder hablar con cierta propiedad de los lugares más emblemáticos, pero que dejan esa sensación de querer estar un poco más para poder descubrir nuevos lugares.

Existen varios aeropuertos en Estambul, aunque el más cercano es el de Ataturk, a unos 20 minutos del centro (yo creo que es imposible que no haya algo de tráfico, aunque ellos digan que hay días que no) y desde el que tienes varias posibilidades para desplazarte, esto es bus, metro y taxi.

La opción más recomendable es que si tenéis hotel reservado lo comentéis y muy probablemente ellos mismos vayan a buscaros, pero tanto el bus, que sale cada media hora como el metro son opciones muy económicas. Si optáis por el taxi, tocará negociar precio, suerte.
Sobre la moneda, cuando estuvimos allí el cambio era de 2,7/8 liras turcas por euro, siendo los alrededores del Gran Bazar donde mejor cambio vimos. Hay que evitar cambiar mucha moneda en el aeropuerto pues cobran un 5% de comisión, y en la ciudad no.

Una vez realizado el checking del hotel, World Heritage, con un trato que rozó en todo momento lo absurdo de lo bueno que fue, con recomendaciones muy muy acertadas tanto de sitios para visitar como para comer y con un gerente de nombre Yusuf que es un crack en todos los sentidos y que nos hizo sentir como en casa, ofreciéndonos en todo momento té, pastas, mueble bar las 24 horas en habitación, desayuno....nos lanzamos a la jungla.

Para facilitar la jugada, pongo el mapa del "centro" (algo cascado, pero es que le dimos trajín, con una media de 15 kilómetros andados al día cortesía del control al que nos somete Apple y sus aplicaciones "saludables") para poder hacerse una idea de cómo está situado lo que cuento;


Nuestro hotel estaba situado en ese punto que hay marcado justo a la izquierda del número 15, una ubicación cojonuda en pleno Sultanahmet, a minutos andando de la Mezquita Azul, icono turístico de Estambul.

Ese primer día lo dedicamos a visitar la propia Mezquita Azul, la iglesia de Santa Sofía, las famosas Cisternas Subterráneas y aunque no era el plan, y como somos muy brutos, acabamos pasando por el Mercado de las Especias y caminando hasta el Gran Bazar.

Antes de todo eso, Yusuf nos recomendó pillar una tarjeta recargable para el transporte público, en un kiosko que estaba cerca del hotel y que resultó la opción más económica por lo que pudimos comentar con otros viajeros posteriormente. Por 30 liras (unos 10 euros) tuvimos 20 viajes para utilizar en tranvía (lo que más usamos), bus y ferry.
Los transportes son muy baratos y conviene usarlos sin miedo, pues está bastante bien señalizado y uno se hace rápido con el funcionamiento, Kioto sigue siendo la ciudad más enrevesada que recordamos todavía en este sentido...interminables líneas, horarios, pagar al bajar en lugar de al subir...aah Japón, qué lejos queda.

Cuando nos topamos de bruces con la Blue Mosque, uno no puede evitar emocionarse ante el descomunal trabajo arquitectónico que tiene delante. Una mole de piedra y mármol con infinidad de detalles, cúpulas y los característicos alminares que se pierden en las alturas y que te deja el cuello roto, impresionante.
Para más inri comenzaba una de las 5 oraciones diarias en el que todo se detiene para dar paso al característico cántico y que a nosotros, occidentales no acostumbrados a ese rollo más que en Homeland o películas del estilo, nos deja acongojados en un ambiente casi mágico, estremecedor pero muy bello, claro que con la postal de fondo como para no serlo.

El interior de la mezquita, a pesar de ser bonito, realmente no fue de los que más nos gustó, probablemente si tuviera que quedarme con un interior sería con el de Santa Sofía (a pesar de un feo y enorme andamio que tapaba una buena parte) y con la de Fatih, al oeste del acueducto, esta última con unos tapices interiores muy muy bonitos.
En su parte exterior casi todas las mezquitas son impresionantes  y en función de la hora del día que sea y del tiempo, el juego de colores azules, dorados, púrpuras....puede ser brutal, ES brutal.

Un sitio, que no tiene demasiada historia pero resulta muy curioso es la Basilica Cistern, una cueva subterránea a pocos metros de Santa Sofía y que nos mete de lleno como si estuviéramos en un trozo de la película del Señor de los Anillos, concretamente en Minas Tirith y aquella sala de columnas enormes (salvando las distancias CGI claro). 
Se trata de un conjunto de canales flanqueados por columnas de estilo jónico y corintio principalmente, con un par de ellas que tienen la particularidad de ser cabezas de Medusa, volteada una y de lado la otra. El sitio realmente merece la pena y el juego de luces sobre las columnas y el agua es muy llamativo. Al parecer hacen conciertos incluso ahí abajo.

Una vez catado nuestro primer kebab, bueno, pero sin destacar demasiado pues lo pillamos algo cerca de la zona turística, nos fuimos hacia el mercado de las especias en la zona de Eminonu, un lugar que está siempre hasta los topes de gente pues es punto de salida de buses, ferrys y mil historias. 
Es probablemente el punto de referencia hacia todos los sitios, el sitio donde pararte, sacar la cámara y comenzar a fulminar a base de retratos a todas las etnias del lugar, a los mercaderes del todo, de pan, de tabaco, de pescado. Con el puente de Galata a un costado que atraviesa el conocido como Cuerno de Oro por el color de sus aguas al caer el sol, con la Nueva Mezquita de fondo, los ferrys partiendo, el cántico de oración. Brutal, un lugar en el que explota absolutamente Estambul bajo mi punto de vista para el recién llegado y que conviene visitar más de una vez para adaptarse al lugar.

Dejado atrás el shock y tras un café turco, variedad súper espesa (y buenísima) del expreso, que hay que beber siempre con un vasito de agua que ponen salvo en los lugares a los que no hay que volver y que hay que dejar de beber cuando se percibe el poso, nos metimos en el Mercado de las Especias donde continuó la fiesta de colores, olores, gritos, gente, sabores de todo tipo en forma de dulces, embutidos, principalmente pastrami, el cual compramos en la tienda más caótica que he visto. Un lugar en el que entras, no sabes bien a quién pedir, coges un tupper, se lo das a uno de por allí, le dices los gramos, desaparece, vuelve, te da un ticket, te vas al fondo, pagas, te da otro ticket, se lo das a otro, desaparece, vuelve el primero y te da el tupper. Todo eso en unos 5 metros cuadrados, con la mochila, el gorro, la cámara y por supuesto mucha más gente. Fantástico, como el camarote de los Hermanos Marx.

Emocionados por el ambientazo del lugar decidimos caminar hasta el Gran Bazar (del número 27 al 21 en el mapa) y por lo menos ver algo.
El lugar es enorme, pero sinceramente me esperaba algo más "salvaje", más rollo empedrado, me esperaba una simbiosis entre tienda y cliente parecido al de las Especias pero dando un pasito más y en su lugar me encontré un centro comercial con tiendas a ambos lados del carril, escaparates y algún sitio curioso, pero realmente no lo esperado, aunque también hay que pasar y perderse por las innumerables bifurcaciones, además de un sitio top para el que quiera comprar y regatear objetos típicos.


No lo he dicho, pero en mi opinión es indispensable llevar el GPS del móvil para orientarse. En IOS utilicé una app-guía de Estambul llamada "Ulmon" que permitía marcar los sitios con estrellitas y leer un pequeño comentario de los sitios más destacados, y encima funciona sin conexión de datos una vez la actualizas la primera vez.

Tocaba cenar y nos metimos en un garito llamado Pasazade, cocina otomana de calidad, precios más altos de los típicos puestos turcos pero que sigue siendo muy barato en comparación a lo que nos podría costar aquí cualquier restaurante de esa categoría. El trato exquisito, el humus con carne picada estaba de infarto así como el pescado y los postres muy buenos, una variedad de dulces típicos que sirven para compartir. Acabamos redondos.

Llegamos al hotel y el amigo de recepción flipó bastante con no habernos visto por allí en todo el día ni para echar la siesta. "Dormir es de cobardes". Caímos en cero coma segundos tras 22 horas non stop.

Un saludo.



31 de diciembre de 2014

Adeus 2014!


Otro añito más, diría que de los duros pero en el que hemos sabido compensar la carga de trabajo diaria con grandes momentos de ocio y con mucha más fotografía.

Curiosamente, este año no hemos ido a lugares excesivamente lejanos, pero en cambio hemos visitado tres lugares fantásticos; Asturias, Sao Miguel y Estambul en estos últimos días, un sitio que sinceramente merece mucho la pena y del que quizás haga una pequeña guía.

Un año en el que he tocado muchísimo más el tema de la fotografía como digo, metiéndome un poco en el mundillo de modelos asistiendo a alguna sesión organizada, haciendo por mi cuenta algún que otro trabajo y aprendiendo conceptos, con un feedback general bastante bueno y con algún que otro posible proyecto en mente.

En cualquier caso, desear principalmente salud a todos, buen rollito, vivir y dejar vivir, no complicarse ni complicar mucho la existencia, disfrutar del planeta, trabajar (el que pueda) con eficiencia, lean mucho, culturícense todo lo que puedan porque es la solución a muchos problemas (es que es así, esto lo arregla gente inteligente, que no listos, que es lo que sobra), párense a tomar una cervecita de vez en cuando o compartan con conocidos, cocinen cosas nuevas, que mola mucho, salgan a correr, hagan ejercicio, vean cine, repartan love, escuchen música (pueden ir directamente a por los Beatles), viajen sin prisas a sitios que realmente quieran ver, dejen de enviar invitaciones del Candy Crush....y poco más, sean buenos.

Les dejo una selección de lo que más me ha gustado de lo publicado este año;

BoyHood

Aretha Franklin - Respect




Feliz 2015!

15 de diciembre de 2014

Blue Ruin

Dwight es un solitario vagabundo al cual un día le llega la noticia de la liberación de cierto personaje que podría ponerlo en peligro.
A pesar de la precariedad de la vida del protagonista y de su aparente desconexión con la sociedad, existen una serie de personas que todavía son importantes en la existencia de este paria y es lo que le llevará a realizar una serie de acciones que desencadenará en toda una odisea de supervivencia.


En poco más de hora y media, Blue Ruin se las apaña para montar toda una historia de violencia muy visceral en la que poco a poco nos cuenta los detalles de esta trama cuyos primeros minutos puede desconcertar o parecer previsiblemente una historia lenta y tediosa. Pero nada más lejos de la realidad, engancha, avanza y poco a poco enfatizamos con el protagonista en esta carrera que va desde su retiro social hasta el infierno que supone la venganza más descarnada.

Jeremy Saulnier construye un thriller muy sólido, con buenos puntos de humor negro, en un universo que recuerda en ocasiones la obra de Gilligan en Breaking Bad, sin llegar a ciertos niveles de ficción ni de profundidad por la evidente duración del proyecto, pero sí en esa ambigüedad en la personalidad de sus protagonistas, que aparentar ser algo que muta continuamente entre lo moral e inmoral, en un entretenimiento cojonudo y que nos regala además una fotografía muy interesante.

Dwight consigue transmitir gracias a su aparente anodina personalidad esa frialdad necesaria que camina entre la incredulidad y el anti héroe por excelencia, en esa carrera contra los elementos por ser algo que no es pero que de la manera más natural posible se nos muestra para sorprendernos en cada nuevo acontecimiento, llegando al clímax final, con un cierre que deja un muy buen sabor de boca.

Muy recomendable.

Un saludo.





2 de diciembre de 2014

Así en la Tierra como en el Infierno

O lo que es "lo mismo", "As above, so below", un título muchísimo más acertado pero con infinitas menos posibilidades de llegar al gran público en nuestras tierras a la hora de venderse.


La acción nos sitúa en nuestros días, donde una suerte de Lara Croft europea persigue el sueño de su fallecido padre, también arqueólogo, en concreto el secreto de la alquimia y la piedra filosofal.
Una pista, la llevará junto a un colega y un grupo de cools a las profundidades de París, concretamente a un lugar que hace unos años visitamos en nuestro interrail por Europa, todo sea dicho.

Debo decir antes de nada que la peli es simplemente un entretenimiento para pasar el rato, que resulta tremendamente inverosímil, con alguna torpeza interpretativa bastante llamativa y algunos cliches, pero que bajo mi punto de vista cumple de sobras con su cometido. Esto es pasar un rato algo asfixiante, con buenos momentos de tensión y además mantiene el interés durante todo el embrollo gracias a la buena dosificación de los elementos sobrenaturales y al misterio que envuelve la empresa.

Dicho esto es donde a mí personalmente ha comenzado a mostrarme elementos que me han dejado un buen sabor de boca, como por ejemplo la buena elección del formato found footage (la cámara en mano, el rollito Bruja de Blair) para contar la historia, aumentando así la sensación de incertidumbre aunque, por otro lado, ciertamente gustaría ver de forma más clara la acción....es una buena elección cuando no se tienen suficientes "perras" para enmascarar esos efectos artesanos en cualquier caso.

Seguimos con las bondades, y toca destacar un ritmo más que destacable que nos mete de lleno en una locura dantesca muy agradecida para aquellos que disfrutamos con La Divina Comedia de Alighieri, cuyas idas de olla incomprensiblemente no han sido trasladadas a la gran pantalla de forma digna salvo en contadas y limitadas ocasiones.
No es que sea la representación perfecta de la obra del de Florencia, por lo menos de su primer/segundo acto, pero sí que consigue representar de forma muy digna algunos pasajes que tenía grabados en la memoria.

Y para rematar, creo que la localización está muy bien escogida para ambientar esta entretenida historia que mezcla de forma más que acertada terror y aventura, en una propuesta más que interesante y que dudo que deje sensación de aburrimiento o indiferencia a gran parte de los espectadores.

Un saludo.







25 de noviembre de 2014

Guardianes de la Galaxia

Reconozco que el universo Marvel últimamente me satura, me provoca un continuo deja vu en el que tengo la desagradable sensación de ver el mismo esquema una y otra vez enmascarado en pequeños detalles que pretenden marcar la diferencia, pero que conmigo no consiguen colar porque sencillamente para mí no es suficiente, y menos si no tengo el día magnánimo.


Guardianes de la Galaxia nos planta en una especie de galaxia a lo Star Wars donde conviven villanos, cazarecompensas y civilizaciones muy avanzadas. En ella se nos presenta Star Lord, un humano abducido por un grupo de mercenarios cuando era un crío y que se ve envuelto en una contrareloj de intereses y conspiraciones sobre un orbe que parece contener algo realmente valioso.

Con ese aire de aventura y gracias a unos personajes bastante canallas y variopintos, Guardianes juega a salirse del encorsetado esquema centralizado en un super héroe y/o de la adquisición de poderes para construir un universo orgánico, que enseña sus reglas conforme avanza la historia y que se muestra fiel a una manera de ser, que no es otra que no pretender nada más que entretener y a no querer vendernos de forma tan descarada la moto como en productos tan tóxicos como el Capitán América y su supuesto thriller marveliano disneyloide.

Como resultado tenemos una aventura sencilla, con un plan que no deja de ser más de lo mismo pero que consigue convencer en su conjunto como obra con personalidad propia, con socarronería, sin tomarse en serio sus hilarantes situaciones y sobre todo dando rienda suelta a momentos épicos como debe ser y a desfasarse casi sin medida cuando toca, todo ello envuelto en una banda sonora que ya de primeras marca muy bien las distancias con otros recientes productos de la compañía, para bien por fortuna.


Pero no todo luce de maravilla en Guardianes, como digo la trama es simple, aunque su universo consigue enriquecer en cierta medida el producto, algunos pasajes pierden algo de ritmo y sigo percibiendo ese tufillo a producto recomendado para todas las edades made in Disney, traduciéndose en violencia enmascarada para todos los públicos, esa mesura dialéctica, y la inevitable moralina sencilla y mascadita en lugar de un poderoso mensaje que nos haga pensar un poquito...por no hablar del malo de turno y su "plan", muy carente de la profundidad suficiente a pesar de lo molón que es.
No es que tenga nada en contra de Disney, tiene sus reglas y verdaderas joyas (en lo suyo), pero es una lástima que en ocasiones veamos pasar por delante material desaprovechado, una historia con potencial y que por el maldito happy ending no podamos disfrutar un poco más de ese universo tan pirata que James Gunn ha conseguido adaptar.
A pesar de todo como digo no es tan descaradamente insultante como en otras cintas recientes, y además aquí no pretenden venderte macbooks, Nikes, ni Chevrolets.

Un saludo.

18 de noviembre de 2014

El Amanecer del Planeta de los Simios

Segunda entrega del nuevo reboot de la saga que tan buen sabor de boca dejó en 2011 de la mano de Rupert Wyatt y con el polivalente James Franco.

Han pasado unos años y los humanos han sido reducidos a pequeños grupos de supervivientes debido a una pandemia global, por su parte, los simios liderados por César se han organizado como clan en las montañas.


Una de las grandes bazas de la primera parte era que a pesar de saber, por lo menos cualquiera que haya visto el clásico de Heston, cómo acaba el entuerto, Wyatt conseguía mantener con gran tino la emoción y la intriga mientras construía el personaje de César y lo introducía a patadas en la idiosincrasia del ser humano, haciendo que su personaje tomara ciertas decisiones trascendentales mientras se moldeaba su personalidad. Todo ello sin olvidar ciertos momentazos que ponían la piel de gallina gracias al potencial gestual y sentimental que funcionaba a las mil maravillas como cinta de acción y como tributo a la obra original.

En esta segunda entrega se sigue percibiendo esa atmósfera de tensión, pero donde le veo que comienza a distanciarse de los logros conseguidos en su anterior entrega es en una falta de ritmo muy acusada y en la previsibilidad por su inocente premisa a la hora de desencadenar lo inevitable, excusa barata donde las haya para seguir explotando la gallina de los huevos de oro en un episodio bajo mi punta de vista algo prescindible.

Lo peor del asunto es que durante sus dos horas de duración te acompaña cierta sensación de falta de sorpresa y de que todo está contado desde los primeros compases de la historia a pesar de sus buenas (e "inocentes") intenciones en cuanto a la representación simbólica del fuego, la evolución, la guerra y bla bla bla.

No es que sea una propuesta nefasta, los efectos especiales están muy logrados y Matt Reeves consigue que el blockbuster no caiga demasiado en lo ridículo (que ya es), pero sin duda es un episodio que debería haber sido mucho más dinámico y valiente para justificar su existencia a estas alturas de la película.

Un saludo.

10 de noviembre de 2014

Interstellar

La Tierra agoniza y la humanidad se encuentra contra las cuerdas en un aparente futuro en el que un buen día a los habitantes del planeta les dio por abandonar cualquier tipo de investigación que les permitiera buscarse las castañas allá fuera, en el universo, privándoles de la posibilidad de evitar la inevitable extinción de su planeta.

Con esta premisa Christopher Nolan vuelve a la ciencia ficción tras la trilogía de Batman y de jugar con los sueños y el tiempo en la más que interesante Origen, pero esta vez pretende acercarse mucho más a la ciencia que a la ficción, aunque ciertamente el director aparentemente intenta huir de ciertas fantasías demasiado alejadas de la realidad, como ejemplo serviría esa "humanización" de un personaje tan fantástico como el caballero oscuro y sus enemigos.


Matthew McConaughey interpreta, una vez más de forma más que convincente, a un piloto retirado prematuramente a granjero por la situación del planeta y resulta el hilo conductor de la vertiente más dramática y de los valores que representa esa parte humana hiper preocupada por sus vástagos, por su familia. El resto de secundarios no pasa del aprobado (y alguno directamente ni eso) a excepción de Jessica Chastain que resulta bastante sólida, y puede que un poco su versión de cria, en la que deja algún momento bastante emotivo y siempre envuelto en la excesiva banda sonora de Zimmer, el cual reconozco que me suele gustar pero que en ocasiones me pone de los nervios por el uso a destiempo de sus partituras, dejando cierta sensación de guiado en cuanto a emotividad.
El resto como digo es digno, pero nada destacable salvo sus pinceladas de moralidad sobre el amor, la cobardía, el egoísmo y demás requisitos indispensables en lo que viene siendo la vida, aunque uno se encuentre en la misión más importante de la historia jugándose el futuro de la humanidad. Idiosincrasia humana al fin y al cabo aunque a algunos nos cueste que nos entre en la cabeza por estar tranquilamente sentados viendo el percal y no entendamos ciertas decisiones.

Donde realmente brilla Interstellar es en el esfuerzo realizado por presentar unos conceptos lo más reales posibles, alejándose de productos más fantásticos y que se permiten ciertas licencias en detrimento de esa realidad, y es un logro, porque técnicamente al parecer son tan reales que superan en ocasiones lo visto en cuanto a ficción, lo cierto es que lucen bien en pantalla y, salvo en contadas ocasiones, el resultado es muy bueno.
Además de este aspecto, tiene buen ritmo, sus 150 minutos pasan como un suspiro (o dos...o tres) y la historia es bonita e interesante, pero también peca de ciertos clichés, momentos algo incoherentes, redundantes en cierta medida (la explicación del agujero de gusano es casi un gag de Ilustres Ignorantes) y, esto es apreciación personal, me hubiera gustado que oxigenera algo más los planos, al ser algo cerrados no se aprecia bien alguna fotografía interesante.
Además, el hecho de pretender ser tan hiper realista, puede resultar algo "sosa" en algunos aspectos para determinado tipo de espectador que espere algo más cercano al blockbuster.

Interstellar es una buena peli, donde ciertos pasajes dejen algo descolocados a algunos y puede que emocionados a otros por su osadía y su manera de presentar esa parte desconocida. Es criticable y es loable, pero en cualquier caso, el resultado no deja indiferente y como entretenimiento funciona bien.

Un saludo.