9 de marzo de 2015

Still Alice

Alice es una reputada profesora en la universidad de Columbia de Nueva York a la que es diagnosticada un tipo de Alzheimer precoz, muy raro a su edad.

Qué busca el espectador con Still Alice? Concienciarse? Un drama con el que pasar uno de esos ratos asfixiantes? Ver una de esas actuaciones personales sobresalientes que llevan al extremo la interpretación del actor o actriz?
El problema de este tipo de cintas radica en que es muy sencillo cruzar el límite de la ñoñería y el discurso gratuito en busca de la lágrima fácil, de lo sobre actuado y de caer en una nueva historia dramática de superación y pérdida, como tantas otras veces.
Pero si no se cruza y se quedan a medio camino, se les achaca falta de potencia emocional, de no saber dar la estocada, de no sacar partido a los momentos climáticos, de en definitiva no marcar al espectador a fuego para que recuerde pese a quien pese esta historia.



Still Alice no busca la lágrima fácil, busca dar a conocer un drama personal que podría estar sucediendo en cualquier parte en estos momentos, una pérdida irremplazable de una vida que se apaga y pierde absolutamente todo lo conseguido, es morir pero sin tener el honor de retener y despedirse de lo conseguido a base de sangre, sudor y lágrimas, por derecho.

El viaje no sería posible, por supuesto, sin la estupenda interpretación de Julianne Moore, cuyo Óscar es más que merecido, acompañada de unos secundarios que cumplen bastante bien en su cometido, con una destacable Kristen Stewart y aderezado con una fotografía interesante aunque no excesivamente llamativa.
Su punto digamos más débil posiblemente podríamos considerarlo como un arma de doble filo, porque aunque ciertamente existe cierto clímax que parece contenerse, es de agradecer que la historia se mantenga fiel a esa idea de no querer en cierta medida humillar en esencia a las personas cuyo drama se ha tomado la licencia de retratar, en un malabarismo bastante sobrio para no caer en el mal gusto y la falta de respeto por querer vender lo que no es.

Bajo mi punto de vista, Still Alice se resume en respeto y en rabia, contenida pero latente, y en un deseo para que en algún punto del planeta alguien observando un microscopio crea haber encontrado un remedio para poder despedirnos al menos con dignidad, con todos los momentos buenos y malos, en definitiva siendo quienes somos.

Un saludo.

6 de marzo de 2015

Demons


Demons - Imagine Dragons


Modelo: Danu Sonja - Fotografía: Fran Martínez - Vestuario: El Costurero Real - Maquillaje/Peluquería: Sux Make Ups!

2 de marzo de 2015

American Sniper

Muchas opiniones dispares había escuchado sobre la última película del prolífico Clint Eastwood, un tipo que parece disfrutar contando historias humanas que inciden sobre su país ya sea en el pasado, el presente o el futuro, pero siempre con un pulso y dirección envidiable.
Bajo mi punto de vista, American Sniper no es su mejor obra pero ni de lejos es la indiferencia absoluta y creo que en parte es incluso un logro lo que ha conseguido aquí el director.

Chris Kyle se crió en el seno de una familia conservadora y cuando tuvo la oportunidad de alistarse en los Seals de EEUU logró convertirse en toda una leyenda para su nación.

Por un lado he visto retratado el borreguismo americano, envuelto en esa manera de ver las cosas que tienen los estadounidenses más patrióticos que complace de sobras sus expectativas, por otro el que quiere ver lo absurdo en forma de ensalzamiento a leyenda de una persona educada con unos valores ultra conservadores, con graves problemas psicológicos antes y después, y finalmente pinceladas del radicalismo islámico, hasta dónde son capaces de llegar utilizando críos, degollando a periodistas...

Es tan fina la linea que traza Eastwood en su nuevo trabajo que parece mentira que le haya salido bien.


Entonces, qué falla en American Sniper?
Para empezar, comparto en cierta medida con los que critican que el director no haya profundizado en ciertos aspectos ni se haya mojado más allá de tres o cuatro referencias muy fugaces, pero también creo sinceramente que igual no le hubiese salido la jugada tan bien de cara a presentar una cinta donde dejase, como también es costumbre en otros trabajos suyos, al espectador el papel de opinar sobre lo que han visto y en un tema como este es más que probable que jamás se llegara a contentar al 100% del público.
Pero ciertamente, ese punto de autocomplacencia hace que American Sniper no llegue a cuotas más elevadas.

Sin sacrificar el ritmo no obstante, podemos discernir cierta crítica sobre una guerra que no parece importar demasiado, el olvido que sufren los soldados, la poca solidez de unas misiones que parecen más bien destinadas a crear expectación patriótica a través de mártires para conseguir más alistamientos, la xenofobia, las secuelas que deja la guerra, las motivaciones de los jóvenes, las decisiones bravuconas en lugar de reflexionadas, respetando la obra original en que se basa y sin herir la sensibilidad de sus conciudadanos en un punto delicado de la historia estadounidense.

En definitiva es cierto que no es la revolución, es decir, es una historia simple, sencilla, aunque no carente de complejidad como he comentado, amparada en la elegancia al que nos tiene acostumbrados el director de vez en cuando aunque sin ir más allá y apoyado en un Bradley Cooper fantástico.

Un saludo.

23 de febrero de 2015

Nightcrawler

Entretenido en confeccionar guiones hasta ahora en productos como Acero Puro o El Legado de Bourne, Dan Gilroy parece tener una historia interesante en mente pero debido a unos pocos detalles no comparto la admiración que otros sienten por este thriller que parece pretender posicionarse del bando de títulos como Drive o incluso Taxi Driver.


Louis Bloom es un ratero, un buscavidas que se mueve por las calles de Los Ángeles amparado en las sombras como una alimaña y que un buen día parece encontrar el oficio para el que ha nacido.

Sin duda Nightcrawler tiene bondades, empezando por una interpretación, una vez más fantástica de Jake Gyllenhaal, pasando por una fotografía en ocasiones bastante buena y un fondo interesante que muestra esa ferocidad del mundo de las comunicaciones por ofrecer al pueblo lo que pide en gran medida, morbo.

La cinta atrapa, con un ritmo bastante dinámico donde comienza a alejarse de la naturaleza de otras cintas con la que se la ha comparado, como Drive, cuya propuesta es mucho más de impacto contemplativo, de zarpazo directo y potencia emocional. Aquí tenemos una historia que requiere moverse rápido, que busca continuamente ofrecer a cualquier precio situaciones lo más sugerente posible de cara a que el espectador entienda de qué va todo esto, y ahí es donde a mí personalmente se me comenzó a torcer ligeramente el gesto.

No voy a discutir el ascenso a los cielos del primer buscavidas que nos encontramos, pero cuesta horrores cierta impunidad y, por llamarlo de alguna forma, suerte a la hora de encontrarse casos que precipiten la historia hacia donde el director quiere. Esto nos lo tragamos en CSI porque es lo que es, y porque Horatio Caine es Dios, pero en cerca de dos horas la cosa puede llegar a parecer de chiste. 

Y llegados a su punto final, tenemos un cierre que ciertamente termina de subrayar con negrita arial del 36 el mensaje, que se ve venir ciertamente y que no es que sea malo, al contrario, es llamativo, impacta en cierta medida y está bien rodado, pero termina por confirmar que la historia hacía tiempo que había terminado de contarse.

A pesar de estos aspectos, Nightcrawler es bastante entretenida, como conjunto funciona y sin duda es un comienzo más que prometedor del director tras las cámaras.

Un saludo.

16 de febrero de 2015

Whiplash

Con un toque seco de batería entra en pantalla esta monstruosidad de Damien Chazelle, un tipo que únicamente recuerdo por el pastelazo de Grand Piano y que parece haber reordenado su cabeza desde aquel galimatías interpretado por Frodo.


Whiplash es el eslabón perdido en el mundo de la música, ese que se perdió en el momento en que alguien creyó que hacer música es simplemente sentarse y escribir o ir a un reality o sencillamente tener una cara bonita y estar dispuest@ a dar a las masas un Dios de plástico.

Andrew es un estudiante en una prestigiosa escuela de música, comandada por un implacable director cuyas técnicas de aprendizaje resultan muy peculiares en nuestros días.

Quizás por mi naturaleza de músico frustrado, la cinta de Chazelle me ha tocado más la fibra de lo que debiera, o quizás realmente estamos ante un prodigio de fuerza, de ritmo, un descubrimiento y un tour de force en el que durante poco más de hora y media nos van a retorcer en el asiento hasta la extenuación, en algunas escenas que sencillamente sientes la necesidad de atravesar la pantalla ya sea para ponerte a tocar o bien para detener esa locura.

Su mensaje, en ese sentimiento crepuscular que envuelve el aparente fin de los grandes músicos y la falta de los mismos en nuestra era, retumba continuamente y nos asfixia, porque sabemos que el camino para extraer la genialidad parece ser lo que vemos, pero por otro lado nos plantea hasta qué punto puede una persona sacrificar incluso su humanidad, en un debate interno que nos dejará sin capacidad de reacción.

Todo ello no sería posible sin la potencia de J.K. Simmons, el puto Jonah Jameson consigue sacarnos de nuestras casillas en más de una ocasión gracias a llevar al límite a sus alumnos, sin menospreciar la enorme labor de Milles Teller, cuyo sufrimiento de veras nos llega hasta los huesos.

Sencillamente una maravilla.

Un saludo.

10 de febrero de 2015

Fargo (Serie)

El genuino universo creado allá por 1996 por los hermanos Coen vuelve de nuevo a situarnos en una desoladora Minnesota bajo un entorno frío y hostil en el que varias historias se entremezclan entre sí para mostrarnos hasta dónde puede llegar el ser humano en su lucidez, violencia y estupidez por partes iguales.


Lester Nygaard, interpretado por Bilbo Bolsón, es la definición del típico looser que jamás ha conseguido nada en la vida por decisión propia y al que la vida ha tratado con desprecio hasta que se topa en el camino con un asesino que le ofrece una tentadora y peligrosa opción.

La otra cara de la moneda de Nygaard la encontramos en Malvo, una endiablada representación del mal en forma de tipo aparentemente frágil con la cara de Billy Bob Thornton que sin duda es uno de esos personajes al que el espectador espera impaciente que aparezca pues su presencia en pantalla es sencillamente brutal y que nos regala algunos de los mejores momentazos de la serie.

El destino provocado por una serie de coincidencias juega una parte fundamental en esta violenta historia de cara a dar el pistoletazo de salida a este nuevo "episodio" creado por Noah Hawley y que funciona de maravilla como apéndice de la obra de los Coen, ofreciendo 10 horas más de un micro mundo del que tras los primeros minutos de visionado ya es imposible escapar.

Gracias a su disparidad de perfiles y giros, Fargo consigue no solo entretener, sino además generar toda una serie de situaciones que ponen a prueba las pacíficas (o no) vidas de algunos ciudadanos que se cruzan con este curioso eje para influir en sus destinos hasta llegar a extraer su verdadera naturaleza para bien o para mal. Toda una deconstrucción y construcción del ser humano, un ir y venir de sensaciones mientras la tenacidad de algún personaje es el único hilo de cordura que intenta cierto orden entre tanto caos y maldad.

Una banda sonora fantástica de Jeff Russo, con un tema principal magistral al que se le suma una fotografía cojonuda redondean una de esas joyas que de vez en cuando se ven por televisión.

No se la pierdan.

Un saludo.

1 de febrero de 2015

10.000 Km

A una fotógrafa freelance se le presenta una oportunidad laboral en Los Ángeles mientras convive con su pareja en Barcelona. Este detonante provocará una separación temporal de 1 año.


A priori, la obra de Carlos Marques-Marcet puede parecer la típica historia de una pareja que por X motivos se ve forzada a separarse y en el transcurso de esta situación comienzan a suceder las típicas desavenencias que llevan a un desenlace donde se intenta sorprender mediante alguna fórmula, ya sea con algún giro sorprendente o bien mediante situaciones que irremediablemente atrapen al espectador.

Pero Marcet parece tener muy claro todo lo que quiere contar, cómo lo quiere contar y qué quiere dejar en el recuerdo del espectador, y ciertamente lo consigue a base de una excelente puesta en escena, de la utilización de los espacios, de utilizar muy bien los recursos narrativos (y visuales) y de por supuesto contar con dos actores que consiguen meterse al 100% en su papel y que transmiten de forma cojonuda ese carrusel de emociones por los que atraviesan en su odisea sentimental.

Construida de forma clásica con una introducción en forma de fantástico plano secuencia, nudo y desenlace, la trama introduce una serie de elementos de muy rabiosa actualidad que alimentan la historia con el fin de retratar desde la separación que podría estar sufriendo la vecina del quinto debido al drama laboral del país, pasando por el daño que pueden hacer la poca sensibilidad de las redes sociales, sin olvidar la idiosincrasia del ser humano, sus dudas, temores y decisiones caóticas, sobre todo en lo referente al amor.

10.000 km además contiene un cierre redondo, en el que la interpretación a múltiples lecturas no hace sino que dejar un fantástico sabor de boca con un final sencillamente soberbio.

Poco o nada se le puede achacar a esta cinta, quizás personalmente encontré el audio algo flojo en general y alguna situación previsible en cuanto al conflicto retratado, pero por fortuna hasta de eso sabe sacar alguna lectura interesante.

Un saludo.

20 de enero de 2015

Once

Hoy toca una peli algo viejuna aunque de actualidad por la nueva propuesta de su director John Carney, Begin Again, lo que parece la evolución lógica de esta One, ganadora del Oscar por el tema Falling Slowly, temazo por cierto.
Me llamaba la atención su nuevo trabajo, pero no quería verla sin antes echarle el ojo a ese origen, y Begin debe ser muy completa para aportar algo a esta pequeña maravilla de autor, aunque puede ser muy interesante de cara a completar este singular viaje.


Once cuenta la historia de un músico que poco a poco se ve sumido en la melancolía mientras compone canciones y las toca por las calles de Dublín. Conocerá una vendedora inmigrante de rosas amante también de la música y juntos entablarán una amistad muy especial.

Rodada rozando el documental, Once es sincera en su propuesta, empañada de sueños aparentemente inalcanzables por el peso de la realidad y estructurada mediante pasajes enlazados entre sí a base de melodías, motor de la historia y que consiguen llamarnos la atención por su capacidad de transmitir esa pasión que emanan por un lado los protagonistas y por otro por la calidad de las mismas, salvo que te importe un comino la música o este estilo de música indie folk.

La potencia emocional de algunas canciones unido a ese drama personal que viven sus protagonistas mientras se abren paso ante las inclemencias de un destino que parece inquebrantable se convierte rápidamente en una historia que atrapa, emociona y convence gracias entre otras cosas a la fantástica química conseguida entre ambos y a una fotografía que pese a parecer descuidada, se muestra natural como la vida misma y utiliza de forma inteligente cualquier recurso disponible del entorno mientras nos enseña ese mundo gris de los suburbios pero con pinceladas de ilusión.

El único punto negativo que le podría encontrar sería quizás su duración, ya que con algunos minutos más podría haber profundizado en algún que otro aspecto que queda un poco en el aire, pero por otro lado es una gozada que en hora y media la cinta se las arregle para contar una historia tan humana, por lo que sinceramente no creo ni que se pueda considerar un error.

Verla en versión original, por cierto, es obligatorio en este caso.

Un saludo.

13 de enero de 2015

Birdman

O "la inesperada virtud de la ignorancia", título que parece una canción de Jorge Drexler, es la sexta obra del director Iñaki G. Iñárritu, autor de obras como Babel, 21 Gramos o Biutiful y que vuelve a centrarse en esos dramas personales jugando esta vez con la locura de la fama en ese circo que puede llegar a ser el mundo de la actuación en pleno Manhattan, rozando la vertiente looser sin llegar a ser tan decadente y triste como mostró en su trabajo con Bardem.


Michael Keaton interpreta a Riggan Thomson, un actor que vive en el ocaso de su carrera y pretende demostrarle al mundo, mediante la adaptación de una obra literaria clásica en Broadway, que todavía tiene algo que decir en el panorama actual y de paso dejar huella en la historia de la interpretación.

No es la primera vez que se nos muestra este reflejo del mundo de la interpretación, con mayor o menor acierto tenemos obras como Algo pasa en Hollywood que pretendía mostrar el día a día hollywoodense, algo pestiño y descafeinado, o grandísimos clásicos como El Crepúsculo de los Dioses o la reciente The Artist.
En ellas se nos muestra ese frívolo mundo del celuloide, con gente endiosada, extravagancias por todos lados y drama, mucho drama en un mundo en que generalmente las vidas de los actores sufren debido a la dificultad de gestionar emocionalmente la fama o de simplemente no querer que termine nunca su trabajo y pasión.
Así que Birdman no inventa la rueda, pero sí ofrece una historia de calidad, fantásticamente rodada tanto a nivel visual como sonoro, con algunas secuencias como si Scorsese se hubiera dejado caer por ahí, en una virguería a base de planos secuencia conectados entre sí como si de un acto teatral se tratara. Sin olvidar unas actuaciones sencillamente cojonudas.

Keaton personifica probablemente ese sentir crepuscular que sufren hoy en día esos actores que deben dar paso a las nuevas generaciones y que ven en el fondo cómo ellos mismos fomentaron la situación actual,  afectado emocionalmente en un interesante dilema moral interior repleto de matices que Iñárritu y Keaton trasladan al espectador junto a unos secundarios excelentes, como Edward Norton, Emma Stone o Andrea Riseborough.
Ahí es donde Birdman brilla con luz propia al introducir ese enfrentamiento psicológico en el protagonista al querer, por una lado volver a la senda del éxito, pero por otro presentar una obra de calidad sincera y visceral, mientras lucha en esa jungla despiadada que es Broadway y de paso se plantea moralmente su carrera mientras poco a poco se funde realidad con ficción.

Por comentar algún punto negativo, quizás su epílogo se alarga en exceso, pudiendo haber dejado una buena estocada llegados a cierto punto o mostrando algo quizás más elegante, pero es apreciación personal y no empaña en ningún caso una cinta muy interesante y que ofrece sin duda tantísimas cualidades.

Un saludo.

5 de enero de 2015

The Babadook

Jennifer Kent debuta con un sorprendente thriller de terror en mitad de un panorama que últimamente nos deja algunas propuestas muy interesantes como son Oculus o las obras del ya asentado como uno de los más interesantes exponentes del género, James Wan.


Amelia es una viuda que vive con su único hijo, un mocoso algo hiperactivo y que para más inri comienza a sentir la presencia de un ente maligno a raíz de la lectura de un cuento llamado "El Babadook".

Lo que aparentemente podría tratarse de la típica cinta con la madre coraje, incomprendida por todos y que lucha en solitario contra los incrédulos o del típico niño en parecida situación, Babadook construye de forma sutil un perfil psicológico sobre sus protagonistas que se funden con la vida misma para ensalzar esa parte psicópata del ser humano. Potenciado por la parte fantástica se permite elevar el juego con el espectador para crear desconcierto y aumentar sus posibilidades como entretenimiento.
Con alguna que otra referencia al cine reciente ya indicado e incluso flirteando con verdaderos clásicos como El resplandor en su vertiente más psicológica, aunque salvando las distancias del monstruo de Kubrick, The Babadook avanza con buen pulso y haciendo uso de los limitados recursos con los que contaba la directora, sumando puntos en esta original propuesta que deja un muy buen sabor de boca una vez finaliza, entre otras cosas por el fantástico trabajo de los dos protagonistas y por, una vez más, la buena dosificación de los elementos sobrenaturales.


Todas estas bondades se traduce en una curva interesante para construir el suspense mientras crece esa sensación de terror oculto en las sombras como ya pasara en Insidious, aunque ciertamente cuando toca sacar músculo en el apartado técnico, los efectos visuales se resienten en cierta medida y es una pena que el espectador pueda calificarla de producto de segunda por estos detalles, en lugar de disfrutar de su genial propuesta. A pesar de todo, deja grabadas en la memoria algunas escenas por su impacto sonoro/visual.
Bajo mi punto de vista, construye tan bien esa simbiosis entre el mal, sus vidas y los personajes, que francamente, poco importan esos puntos débiles.

Un saludo.

1 de enero de 2015

Estambul - Parte II

Segunda y parte final de esta mini guía, que no pretende retratar los 5 días al detalle ya que pueden preguntar pormenores cuando quieran aquí mismo, en las redes sociales o cuando nos veamos.

Resumiendo un poco, es aconsejable tener en cuenta un poco la previsión del tiempo ya que en función de esto se aconseja visitas más de interiores o exteriores.
Parece una obviedad, pero en Estambul cobra protagonismo porque es indispensable tener cierta condición climatológica para disfrutar al máximo algunos paisajes, como por ejemplo las vistas desde Uskudar, barrio asiático que queda al este del mapa y al que se llega en ferry desde Eminonu;



Este barrio tiene un mercado interesante con pescado fresco muy cerca de la parada de los ferrys, una mezquita islámica y un paseo por el puerto que es la delicia del turista que puede sentarse en unos bancos con cojines mientras se toma un té, come pipas y pistachos (todo el mundo come frutos secos a saco) y si es sobre las 16h (invierno) mejor, pues si el día es claro o con pocas nubes la puesta de sol puede ser de infarto con la Madien's Tower de frente y el "skyline" de Sultanahmet al fondo.

Los cruceros por el Bósforo también son aconsejables realizarlos en la puesta de sol, el espectáculo es acojonante, todo se vuelve dorado e infinidad de gaviotas buscando el pan que los turistas les lanzan desde el ferry. Se realizan cruceros de distinta duración pero a nosotros nos aconsejaron uno de la compañía Turyol y la verdad es que fue bueno, bonito y barato. Dos horas en total, saliendo a las 16h y pillando tanto la puesta de sol como el iluminado nocturno de la ciudad, un espectáculo digno de ver bajo los puentes iluminados del Bósforo. De friki.




Una vez sabido esto del tiempo, existen bastantes museos y palacios que visitar, como el de Topkapi, al lado de Santa Sofía. Una enormidad que se lleva 3 o 4 horas tranquilamente pero que es digno de ver, aunque personalmente disfruté algo más el de Dolmabahce, cerca de Besiktas, lástima que la visita sea tan corta, pero el interior es muy muy impresionante. Huelga decir de la cantidad de mezquitas, baños turcos para el que se anime, espectáculos de danza....

Dicho esto, nuestras rutas siguientes pasaron por recorrernos los distintos distritos como el que va de la plaza Taksim hasta la torre de Galata, muy visible desde cualquier punto de Eminonu o zona elevada. Este lugar resulta muy europeo, con mucha tienda y una avenida que es recorrida por un tranvía de época en uso que remolca otro vagón en que en su interior (promocionados por una tienda de ropa) un grupo canta canciones para gozo del turista, por lo menos en navidades imagino...bailamos un poco, todo hay que decirlo.
Ese recorrido ciertamente no dista demasiado de cualquier Puerta del Ángel, pero por sus calles se pueden encontrar cafeterías y garitos que merecen la pena.

Otra opción muy recomendable resultó ser la zona de Fener y Balat, se ve en el mapa de la primera parte de la guía en la parte norte. Son un par de barrios a los que se llega mediante bus (o taxi) desde Eminonu, concretamente desde la salida número 6.
Estos barrios son un conjunto de calles adoquinadas, con infinidad de casas de colores, cruces imposibles, alguna cuesta, ropa tendida entre edificios, cafeterías con postres muy llamativos, unas vistas sobre el Cuerno de Oro muy guapas, niños jugando por las calles...muy auténtico.
Además, caminando llegamos hasta la mezquita de Suleymaniye, que ya habíamos visitado pero que nos llamó la atención la parte "trasera" de la misma, que daba a un barrio que parecía un gueto de Varsovia. Ese día que lo vimos no pudimos pararnos a verlo con detenimiento, pero el día dedicado a Fener y Balat sí, y la verdad es que es un mundo aparte de otras zonas, con casas semi derruidas, algunas quemadas, calles sin asfaltar....a tope, lo que a mí me mola.

En cuanto a las comidas, estuvimos en lugares muy recomendables como Imbat, un sitio al que se llega desde la entrada de un hotel y en el que hay que subir por un ascensor ya que el restaurante está en la parte alta desde el que se tienen unas vistas bonitas (que no espectaculares) de la ciudad.
Otro sitio fue el número 1 que vimos de Tripadvisor de Estambul y que teníamos bastante cerca de la zona del hotel, el Old Otoman, el cual se llega desde la calle de la Basilica Cistern (muy cerca, pegado, está el Medusa, otro sitio recomendable a pesar de la pinta de ser muy turístico), hay que seguir caminando en linea recta hasta que se llega a un cruce, seguir pegados a la derecha y se verá un cutre cartel (es que es difícil de ver). El sitio no llama la atención, pero la cocina es cojonuda, tienen buena variedad de vinos y te cocinan una variedad de kebab dentro de una suerte de ánfora sobre brasas que rompen delante tuyo. Ese plato para dos es más que suficiente, y los precios están muy bien. Ojo, que lo hacen a lo auténtico y el Kebab pica, si no se quiere "spicy" hay que decirlo.
Otro lugar es el Hamdi, cerca de Eminonu, se encuentra fácil porque es todo un edificio con cristaleras que ofrece unas vistas inmejorables, aunque conviene reservar (con vistas).

El precio medio de estos sitios al cambio es de poco más de 15-20 euros por persona, en función de lo que pidas, nosotros por ejemplo pedimos muchas veces cerveza para antes de los platos y es bastante cara en general. Ojo con el alcohol, pues hay zonas en los que no sirven ni gota.
Como digo sobre los precios, mucho más de las, por ejemplo, 6 liras (ni 2 euros) que te cuesta un bocata caballa en el puente de Galata o un menú que nos zampamos en un bar de carretera (que estaba muy rico, pero que es de batalla lógicamente).

Y callejear mucho, a pesar del frío que pega una vez se pone el sol. Es un lugar para perderse, con sensación de inseguridad cero, con rincones realmente atractivos, exóticos, con una gente muy amable que incluso se ofrecían por la calle por si teníamos dudas del lugar, con una oferta gastronómica muy variada y rica. Una ciudad muy bien conectada a nivel de transportes y muy económica, adaptable a cualquier tipo de bolsillo.

Como curiosidad final, en los aeropuertos tienen unas máquinas donde es posible recargar en nuestras cuentas paypal los dineros que nos sobren, esas monedillas o suelto que no te pillan en las casas de cambio.

Un placer haber visitado un sitio así, y aunque suene a tópico, es de esos sitios a los que no importaría volver. Probablemente lo hagamos, pondremos de excusa a Capadocia para hacerlo.

Un saludo.

Estambul - Parte I

Tras varios intentos de visitar la antigua Constantinopla durante el 2014, finalmente surgió la oportunidad allá por septiembre, una oferta irrechazable aunque pillaba ciertamente algunos días festivos claves en Navidades, pero como hay más años que ollas decidimos probar eso de pirarnos con el frío a ver qué tal.

Situada en Turquía, a unas 3 horas veinte minutos de vuelo desde Barcelona, Estambul es un atractivo destino turístico principalmente por la mezcla Asiática-Europea, pero además de esta particularidad esconde mucho más, en un abanico de posibilidades que hizo que 5 días fueron suficientes para poder hablar con cierta propiedad de los lugares más emblemáticos, pero que dejan esa sensación de querer estar un poco más para poder descubrir nuevos lugares.

Existen varios aeropuertos en Estambul, aunque el más cercano es el de Ataturk, a unos 20 minutos del centro (yo creo que es imposible que no haya algo de tráfico, aunque ellos digan que hay días que no) y desde el que tienes varias posibilidades para desplazarte, esto es bus, metro y taxi.

La opción más recomendable es que si tenéis hotel reservado lo comentéis y muy probablemente ellos mismos vayan a buscaros, pero tanto el bus, que sale cada media hora como el metro son opciones muy económicas. Si optáis por el taxi, tocará negociar precio, suerte.
Sobre la moneda, cuando estuvimos allí el cambio era de 2,7/8 liras turcas por euro, siendo los alrededores del Gran Bazar donde mejor cambio vimos. Hay que evitar cambiar mucha moneda en el aeropuerto pues cobran un 5% de comisión, y en la ciudad no.

Una vez realizado el checking del hotel, World Heritage, con un trato que rozó en todo momento lo absurdo de lo bueno que fue, con recomendaciones muy muy acertadas tanto de sitios para visitar como para comer y con un gerente de nombre Yusuf que es un crack en todos los sentidos y que nos hizo sentir como en casa, ofreciéndonos en todo momento té, pastas, mueble bar las 24 horas en habitación, desayuno....nos lanzamos a la jungla.

Para facilitar la jugada, pongo el mapa del "centro" (algo cascado, pero es que le dimos trajín, con una media de 15 kilómetros andados al día cortesía del control al que nos somete Apple y sus aplicaciones "saludables") para poder hacerse una idea de cómo está situado lo que cuento;


Nuestro hotel estaba situado en ese punto que hay marcado justo a la izquierda del número 15, una ubicación cojonuda en pleno Sultanahmet, a minutos andando de la Mezquita Azul, icono turístico de Estambul.

Ese primer día lo dedicamos a visitar la propia Mezquita Azul, la iglesia de Santa Sofía, las famosas Cisternas Subterráneas y aunque no era el plan, y como somos muy brutos, acabamos pasando por el Mercado de las Especias y caminando hasta el Gran Bazar.

Antes de todo eso, Yusuf nos recomendó pillar una tarjeta recargable para el transporte público, en un kiosko que estaba cerca del hotel y que resultó la opción más económica por lo que pudimos comentar con otros viajeros posteriormente. Por 30 liras (unos 10 euros) tuvimos 20 viajes para utilizar en tranvía (lo que más usamos), bus y ferry.
Los transportes son muy baratos y conviene usarlos sin miedo, pues está bastante bien señalizado y uno se hace rápido con el funcionamiento, Kioto sigue siendo la ciudad más enrevesada que recordamos todavía en este sentido...interminables líneas, horarios, pagar al bajar en lugar de al subir...aah Japón, qué lejos queda.

Cuando nos topamos de bruces con la Blue Mosque, uno no puede evitar emocionarse ante el descomunal trabajo arquitectónico que tiene delante. Una mole de piedra y mármol con infinidad de detalles, cúpulas y los característicos alminares que se pierden en las alturas y que te deja el cuello roto, impresionante.
Para más inri comenzaba una de las 5 oraciones diarias en el que todo se detiene para dar paso al característico cántico y que a nosotros, occidentales no acostumbrados a ese rollo más que en Homeland o películas del estilo, nos deja acongojados en un ambiente casi mágico, estremecedor pero muy bello, claro que con la postal de fondo como para no serlo.

El interior de la mezquita, a pesar de ser bonito, realmente no fue de los que más nos gustó, probablemente si tuviera que quedarme con un interior sería con el de Santa Sofía (a pesar de un feo y enorme andamio que tapaba una buena parte) y con la de Fatih, al oeste del acueducto, esta última con unos tapices interiores muy muy bonitos.
En su parte exterior casi todas las mezquitas son impresionantes  y en función de la hora del día que sea y del tiempo, el juego de colores azules, dorados, púrpuras....puede ser brutal, ES brutal.

Un sitio, que no tiene demasiada historia pero resulta muy curioso es la Basilica Cistern, una cueva subterránea a pocos metros de Santa Sofía y que nos mete de lleno como si estuviéramos en un trozo de la película del Señor de los Anillos, concretamente en Minas Tirith y aquella sala de columnas enormes (salvando las distancias CGI claro). 
Se trata de un conjunto de canales flanqueados por columnas de estilo jónico y corintio principalmente, con un par de ellas que tienen la particularidad de ser cabezas de Medusa, volteada una y de lado la otra. El sitio realmente merece la pena y el juego de luces sobre las columnas y el agua es muy llamativo. Al parecer hacen conciertos incluso ahí abajo.

Una vez catado nuestro primer kebab, bueno, pero sin destacar demasiado pues lo pillamos algo cerca de la zona turística, nos fuimos hacia el mercado de las especias en la zona de Eminonu, un lugar que está siempre hasta los topes de gente pues es punto de salida de buses, ferrys y mil historias. 
Es probablemente el punto de referencia hacia todos los sitios, el sitio donde pararte, sacar la cámara y comenzar a fulminar a base de retratos a todas las etnias del lugar, a los mercaderes del todo, de pan, de tabaco, de pescado. Con el puente de Galata a un costado que atraviesa el conocido como Cuerno de Oro por el color de sus aguas al caer el sol, con la Nueva Mezquita de fondo, los ferrys partiendo, el cántico de oración. Brutal, un lugar en el que explota absolutamente Estambul bajo mi punto de vista para el recién llegado y que conviene visitar más de una vez para adaptarse al lugar.

Dejado atrás el shock y tras un café turco, variedad súper espesa (y buenísima) del expreso, que hay que beber siempre con un vasito de agua que ponen salvo en los lugares a los que no hay que volver y que hay que dejar de beber cuando se percibe el poso, nos metimos en el Mercado de las Especias donde continuó la fiesta de colores, olores, gritos, gente, sabores de todo tipo en forma de dulces, embutidos, principalmente pastrami, el cual compramos en la tienda más caótica que he visto. Un lugar en el que entras, no sabes bien a quién pedir, coges un tupper, se lo das a uno de por allí, le dices los gramos, desaparece, vuelve, te da un ticket, te vas al fondo, pagas, te da otro ticket, se lo das a otro, desaparece, vuelve el primero y te da el tupper. Todo eso en unos 5 metros cuadrados, con la mochila, el gorro, la cámara y por supuesto mucha más gente. Fantástico, como el camarote de los Hermanos Marx.

Emocionados por el ambientazo del lugar decidimos caminar hasta el Gran Bazar (del número 27 al 21 en el mapa) y por lo menos ver algo.
El lugar es enorme, pero sinceramente me esperaba algo más "salvaje", más rollo empedrado, me esperaba una simbiosis entre tienda y cliente parecido al de las Especias pero dando un pasito más y en su lugar me encontré un centro comercial con tiendas a ambos lados del carril, escaparates y algún sitio curioso, pero realmente no lo esperado, aunque también hay que pasar y perderse por las innumerables bifurcaciones, además de un sitio top para el que quiera comprar y regatear objetos típicos.


No lo he dicho, pero en mi opinión es indispensable llevar el GPS del móvil para orientarse. En IOS utilicé una app-guía de Estambul llamada "Ulmon" que permitía marcar los sitios con estrellitas y leer un pequeño comentario de los sitios más destacados, y encima funciona sin conexión de datos una vez la actualizas la primera vez.

Tocaba cenar y nos metimos en un garito llamado Pasazade, cocina otomana de calidad, precios más altos de los típicos puestos turcos pero que sigue siendo muy barato en comparación a lo que nos podría costar aquí cualquier restaurante de esa categoría. El trato exquisito, el humus con carne picada estaba de infarto así como el pescado y los postres muy buenos, una variedad de dulces típicos que sirven para compartir. Acabamos redondos.

Llegamos al hotel y el amigo de recepción flipó bastante con no habernos visto por allí en todo el día ni para echar la siesta. "Dormir es de cobardes". Caímos en cero coma segundos tras 22 horas non stop.

Un saludo.